HÁBLEME DE LA FIEBRE de Beatriz Pustilnik
Por Marilyn Botta


Qué bueno sería poder elegir el final que más nos gusta para las circunstancias importantes de nuestra vida. Esto es más fácil de lograr en la ficción que en la realidad. En HÁBLEME DE LA FIEBRE, la autora, Beatriz Pustilnik, nos da esa posibilidad. ¿Qué es realidad y qué es ficción de lo que nos cuenta?

LORD OF THE FLIES de Sara Schiff y Harry Hook
Por Guido Maltz



El hombre es el lobo del hombre.

–Thomas Hobbes.


En el idioma japonés, la escritura no es alfabética, sino en base a ideogramas, que son representaciones gráficas de una idea o palabra. Así, la palabra kiki –crisis en japonés– está compuesta por los caracteres peligro y oportunidad. Para muchos quizás no haya una mejor oportunidad que la de empezar una nueva sociedad desde cero. Sin embargo, y tal como acabamos de ver, esa chance encierra sus riesgos…

VOLVER A LA VIDA de Walter Soares
Por Marilyn Botta


En el clásico Moliere Teatro Concert de San Telmo se presenta el espectáculo de Walter Soares y el grupo Kábala. Meses después de haber presentado Afrika, esta nueva propuesta es una combinación de clásicos de su repertorio con cuadros renovados y el glamour al que Soares nos tiene acostumbrados. VOLVER A LA VIDA es el título de este mágico Music Hall.

Asco de Santiago Loza
Por Ignacio Santillana


Asco, de Santiago Loza y dirección de Lisandro Rodríguez, abarca una pequeña porción de mundo (el hall de un edificio) y un corto período de tiempo (una noche). Ahí están el portero y el vecino desvelado. El portero es un personaje reconocible para los que vivimos toda nuestra vida en edificio. No pude evitar recordar a los conocidos: desde el histórico y enérgico Carlos de la casa de mis viejos, hasta el actual Francisco que hay que tomarle el pulso para confirmar que vive, pasando por Luis, el portero de la casa de mi novia, que nos prestó su casa en Colonia para pasar unos días. Todos están sintetizados en el portero de Asco, todos con su paciencia, parquedad, predisposición, su buen y mal humor. También, de alguna manera está Don Juan, el portero de Sebastián en La conspiración de los porteros, rara novelita de Ricardo Colautti. Esas imágenes y recuerdos me quedaron resonando junto con algunas sensaciones:

AUTÉNTICO de José María Muscari
Por Marilyn Botta



Un videoclip en vivo arranca junto con la entrada de los espectadores. Llamativa combinación de música e imágenes proyectadas en una gran pantalla de fondo, acompañado por un simpático baile de los actores. Son cinco buenos amigos, cinco artistas que a lo largo de este collage audiovisual, nos van a dejar lo más Auténtico de cada uno.

Mini Misión, una propuesta para los más chiquitos

Por Nico Pose

El grupo Valor Vereda propone un espectáculo entusiasta, interactivo, donde un caso policial debe ser resuelto por el público, apuntando hacia los más inesperados detectives: los niños. Es por eso, que lo destacable de esta obra destinada al público infantil es su originalidad. Nada de títeres, nada de historias estilo Disney, sino que todo lo contrario, porque es una obra en movimiento, lúdica, donde a medida que se van presentando los sospechosos los niños van haciendo sus propias hipótesis acerca de quién ha robado la flauta dorada del músico chino. ¿Pero cómo fue que ha empezado todo?

malapalabra de Cecilia Maugeri



Cosas que no se dicen


Por Jimena Repetto




Entre las buenas y las malas palabras el conflicto siempre fue y será relativo. Moralistas y académicos pueden discutir a su antojo lo que está bien y lo que está mal. Sin embargo, el trabajo de la literatura y, más concretamente de la poesía, es poner en crisis a la palabra en sí, junto a todas sus atribuciones.
El bienestar de Carolina Sborovsky





¿Todo bien?





Por Jimena Repetto



Estoy muy bien /me sacudo muy bien /hablo muy bien/ discuto muy bien. /Me enojo muy bien/ duermo muy bien/ amo muy bien/ me caigo muy bien. Positiva todo muy bien/¿esta todo muy bien o todo como el orto?” La protagonista de El Bienestar de Carolina Sborovsky, podría cantar en la ducha frases a lo Érica García, sentir la necesidad de ser positiva, exitosa, independiente, asertiva, copada.

El título de la primera novela de Carolina Sborovsky roba una premisa de los libros de autoayuda nos que imponen felicidad a toda costa, habla del humor negro con el que juega la novela, de la necesidad de encontrar un calmante de urgencia para una situación desesperada, de hacer cosas que nos hagan sentir súper útiles, como si el bienestar fuera un estado precioso al que se llegara sin el equilibro necesario del estar no tan bien o, mal. Vamos, a veces queremos estar mal en paz.

La protagonista de este diario escribe para dejar registro de sus estados. Escribe y lo que dice no necesariamente da cuenta de su felicidad constante, más bien todo lo contrario. Sin embargo, nos presenta el catálogo de los fármacos que la hacen feliz, de los momentos con su ex pareja que la hicieron sentirse “llena”, de las maniáticas formas en las que busca progresar en su ruta al éxito, de las cosas que planificó como índices –no tan alcanzados-de progreso, y, aunque no lo diga, sabemos que hay algo por dentro que estalla y se convierte en entradas compulsivas en su diario.

Tal vez ésta sea una novela no tanto “de” aprendizaje, pero sí sobre el aprendizaje contemporáneo de los vínculos, del ser y hacer, de lo que se espera ante las crisis, de lo que se entiende por un individuo hecho y derecho, cuando no se permite el ingreso del dolor, de la angustia, de la desesperación, en este Shopping de neón de una alegría aparente en el que vivimos. En El bienestar el lector repone, sin que nadie se lo diga, los mandatos publicitarios, imposibles de cumplir por cualquier ser humano. Entonces, si nos reímos de la protagonista y nos causan gracias sus reflexiones, sus catálogos desopilantes, no es porque Ella sea un ser alienado y absurdo en una sociedad que oprime a los otros, como Ella, que no se dan cuenta, sino justamente porque cada uno de nosotros es en algún grado producto de lo que incluso involuntariamente consumimos. Todos hemos comprado el catálogo de la buena pareja, de los buenos amigos, de la buena vida y nos hemos atorado de helado ante una separación o nos hemos sentido los reyes del arte al sacarle fotos a una rata y hemos pensado que era necesario ser “buenos”. Y sentimos que tenemos que ser buenos incluso en el ocio, en los momentos de distensión, incluso buenos frente a la pérdida, frente al dolor, frente al fracaso. Buenos, herméticos y resistentes como un tupperwares. La identificación con la egolatría, con los estados cursis y la desesperación ante el desamor y la soledad nos hacen lectores. Y la narradora se convierte en sujeto en tanto no es una estampa desdibujada de una chica promedio, sino que en sus grietas, en sus incoherencias, en sus matices podemos identificarnos y ser ella. De ahí, la gracia.

Incluso, los catálogos que hace la narradora, muy recomendables catálogos para ser leídos ya que listan su vida con humor negro e ironía, hablan de cómo ella percibe el mundo. La narradora conoce y vive en la disociación, en la posibilidad de armar series, series de recuerdos, series de detalles, de deseos incumplidos, como si los sentimientos y los vínculos que ingresaran a su vida tuvieran que responder de forma correcta a un “multiple Choice” del buen hacer. Y, en el cúmulo finito del aprendizaje sentimental, que incluye desde el primer beso hasta el último regalo, lo único que no aparece listado es el nombre de la protagonista, ni el nombre completo de su pareja, A., primera letra del diccionario, ella siempre primera, como si ante el dolor, en la memoria, los sentimientos quedaran colocados en estas taxonomías controladoras, fijos y ordenados.

La escritura puede funcionar un poco como una enfermedad, de eso se ha hablado mucho, y también como un remedio, más de un psicólogo le recomienda a sus pacientes la expresión como si eso fuera un elixir moderno. El bienestar es para su protagonista una cura imposible, como las pastillas para adelgazar que venden en las publicidades televisivas. Por suerte, queda a los lectores tentarnos con la novela como a los despechados comer frente a la tele helado de chocolate.




Basavilbaso de Andrés Binetti




Al natural


Por Jimena Repetto


Bichos, vecinos molestos, la dureza del piso, cerveza caliente, la persona que amamos y una carpa. Es un misterio todavía por qué las parejas insisten en irse de campamento. Tal vez sea que en esos lugares ni tan recónditos ni tan lejanos como los campings, la cercanía con la naturaleza devela, en todo sentido, nuestro estado más animal.

Basavilbaso, de Andrés Binetti, transcurre en un camping a lo largo de una noche. Una pareja (Pablo Sciolini -Alejandro Lifchitz) decide pasar unos días en la tranquilidad entrerriana. Desde el comienzo, la vida en carpa no perfila como la meca de la felicidad. Sin embargo, todo empeora cuando llega Mecha (Malala González), una cantante moderna que pretende filmar un video musical, protagonizado por ella misma. Si bien su presencia no es muy grata para la parejita, la noche traerá la presencia de otro personaje: Carpincho (Mariano Saba), una suerte de cuidador del camping y paseador turístico. Carpincho, paraguayo simpaticón, trae consigo una nutria muerta y un rifle, objetos que desatarán el desarrollo de la trama.

La escenografía es simple y en ella se encuentra un protocolo, lo que interesa no es tanto ocultar la puesta sino dar cuenta, en su simpleza, de que no todo siempre es lo que parece. En el desarrollo de la historia, los más cuerdos serán los más chiripiorcas y los más grotescos destilarán sensatez. Del mismo modo, la escenografía que develaba la ficcionalidad del piso de madera del escenario cubierto de hojas y la simpleza de los yuyos que dan cuenta del camping, terminan haciéndonos olvidar del espacio concreto del teatro y arrojándonos de patitas en cualquier camping entrerriano -Basavilbaso en este caso, pero bien podría ser Ñandubaysal-.

Un mundo común y corriente patas para arriba en la dramaturgia y actuaciones que la descosen con ritmo y dinámica hacen de Basavilbaso una obra más que recomendada...especialmente para todos aquellos que se la dan de copados y se van en carpa al medio del monte. Después de todo, no hay quien no tenga en su mente, mientras presencia la historia tranquilo en la butaca, una escenita de carpa inundada, parejas en crisis, presencias temerosas y la naturaleza como la cortina de fondo que nos hace temer de nosotros mismos.



Para saber más aquí presentamos una entrevista a Andrés Binetti, Alejandro Lifschitz y Pablo Sciolini.












Ficha técnica

Actores:
Malala González
Alejandro Lifschitz
Pablo Sciolini
Mariano Saba

Escenografía:
Martín Escape

Iluminación:
Andrés Binetti


Asistente de dirección:
Ezequiel Lozano


Autor:
Andrés Binetti en colaboración con el equipo


Dirección:
Andrés Binetti


Funciones: sábados 23 hs.
ABASTO SOCIAL CLUB
Humahuaca 3649 – Reservas al 4862-7205
Entradas: $ 35 y $ 25 (descuentos a estudiantes y jubilados)
Duración: 55 minutos.
Prensa: Carolina Alfonso – 4802-4607 – 155-662-6006 – caroalfonso@gmail.com







¿Quién es quién? -Un comic de Nose Quién-, de Adrián Pajhon




Para reírse y disfrutar
Por Perez Artaso Ariana


Nicolás Scarpino, actor cómico al que puede vérselo hoy en escena dentro del elenco que compone Los 39 escalones, debutó el pasado 19 de julio como director teatral de Quién es quién, obra llena de amagues que hace reír con ganas, cumpliendo a la perfección las reglas de su género.

Viles personajes, exagerados y desopilantes, llevan las riendas de una trama que dobla por varias esquinas, haciéndonos creer cosas que no son, pero que podrían llegar a ser.

Con texto de Adrián Pajhon, la obra relata la historia de un ambicioso escritor de comics que se casó -por conveniencia- con una loca de remate adinerada. Tras un lejano pasado de éxito en su profesión, el escritor confabula la manera de recuperar la fama perdida, sin importarle demasiado el alto precio que deba pagar por ello.

Y en el medio de su plan se entrecruzan vecinas chismosas con radios clandestinas, ayudantes rengos con trágicas vidas, abogados inescrupulosos y amantes que se aman –a sí mismos-. Todos juntos convierten al escenario en la confusa escena de un crimen con varias víctimas.

De la mano de elocuentes actuaciones que no desencajan con el tono general de la obra, Quién es quién va recorriendo las diversas caras del tablero y, como un juego de mesa, va tejiendo y destejiendo estrategias que hacen reír y se disfrutan.

El éxito, advertimos, finalmente es alcanzado, con un final feliz para algunos, y para otros no tanto. La buena noticia es que el espectador se divierte y disfruta con esta recomendable propuesta que sabe utilizar a la perfección ciertos recursos de otros medios; radioteatro, cine y cómic se unen para dar vida a este gran misterio que intenta develar ¿Quién es quién?

Fotos: Perfil en Facebook de ¿Quién es quién?

Dónde: Teatro del cubo, Zelaya 3053.
Cuándo: Viernes, 00hs.
Cuánto: 60$.


Ficha técnico artística


Actúan: Adrián Pajhon, Anita Gutiérrez, Diego Coran Oria, Juan Barreiro, Karina Hernández y Lautaro Metral.
Participan: Lucho Avilés, Diego Ramos, Héctor Díaz y Nicolás Scarpino en los cortos que se proyectan en la obra.
Dirección: Nicolás Scarpino.
Dramaturgia: Adrián Pajhon.
Asistencia de Dirección: Kevin Cass.
Diseño y Realización Audiovisual: Martín Vatenberg.
Diseño y Vestuario: Loreley Portas.
Diseño y Realización de Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez.
Asistencia de Escenografía: Dalia Kluger.
Diseño de Luces: Sandra Grassi.
Banda Sonora Original: Nacho Medina.
FX: San Jorge.
D.G: Kari Hernandez, Estudio Merd.
Foto. Rocío Crudo.
Producción: Juan Paya.
Cortos:
Dirección: Martín Vatenberg.
Cámara: Sandra Grossi.
Asistencia de Dirección: Daniel Bula.
Asistencia de Dirección: Mariana Borella.
Dirección de Arte: Ezequiel Galeano.
Foto Fija: Rocío Crudo.
Edición: Gonzalo Murna Losada.