Celeste Morchio
Vestida de roídos encajes
ella sonríe
al filo de la noche.
Canta un canto indescifrable.
Canto que de niña, sirenas en el mar,

le silbaron al oído, conmovidas ante su inmutable rostro.



Enlutadas carrozas de antaño encendidas
se aproximan en constante procesión.
Todas ellas coronan la muerte de esa otra
que es yo.






Albertina arroja sobre mi
pura purpurina purpura.




Un día en la primaria a Florencia le mostraron varios dibujos y ella tenía que ponerles nombres de gente que conociera. Uno era un garabato y ella escribió Celeste, debajo. Identifico el dibujo con mi nombre.
Yo me enoje tanto. Ahora me alegro.







Noelia Vera
La semana que viene me invento una normalidad

Si los jeans le bailan de tanto mal desvelo o le caminan solos,
seguro son los números, su tiesa humanidad.

Las manos oliéndole a Johnsons baby, asfixiando el celular,
el baño de Axe, porque hay algo entre los nenes y el consumo
que no cuadra aunque se exacerben
ahí tenés una verdad, un punto para siempre...

podríamos oír lo que alguien le compone y sonreír
frente al stereo todo va estar bien, podemos festejar,
podemos enlodarnos, tierra y agua en la consciencia
de quien de ustedes sea como yo, todo lo que importa
es que apelamos, el aire de mañana se respira en estribillos

sensatez es llanto: sales de vicio,
de ritmo de hedor de todo lo que fue.



Odre

Entonces cuando ya es, parece,
tarde para todo, el cielo abierto es la tapa.
Nuestros soleros, su bermuda
así fundidos con el suelo
pescan de pronto el latido
de un riacho en concierto
¿en qué napa estás? ¿en qué napa te encuentro?

Entonces aire, tierra y agua.
Falta fuego, corremos
hacia un poco de ramitas,
caen del cielo.
Alguien sostiene una brocha
Con la punta amarilla.
En esa duda arcaica que llamabas pared
hay un futuro quemado
de soles sueltos.

Tenemos que encendernos.
Abrir la brecha podrida,
desovillar la tercera.
El agua cunde sus bromas de contaminación.
El aire está viciado,
los terrenos comprados.

Hay puros fans, olor a nafta y
qué emoción, la cabeza de un fósforo.
Arranquemos, igualemos. Ardemos.

¿No ven que vamos todos?
cada uno en un tono más intenso de rojo.
Labio. Pelo. Corazón.
Gruesos complementos.
Desvanecemos, fuimos
llevados puestos. Vendimos cuero.



Ves esta furia en paz pájaro


Llora la gran máquina celeste.

No me gusta el nombre que me impuso

la buena de mi madre.

Ya nací, crecí, me reproduje.

No me atañe el paso próximo,

ni lo que esperan de mí.



Vino una hija a rebautizarme,

me pone Nova, increíble.

Con la punta de su pie ella apunta

la punta del mío.

Somos energía en continuidad.

Ella crece y yo no muero, como muere el pájaro

de raf maloney. Renazco

-noche que alumbró un cielo como sol-

cualquiera de estos días.





La Tercera parte del Mar de Alejandro Tantanian




por Nico Pose


Rodrigo llega a una casa aparentemente deshabitada, luego de haber tenido un accidente automovilístico. Busca ayuda, necesita un teléfono, pero en esa casa conoce a la extraña Victoria. De allí en más ambos crearán un mundo más cerca de lo onírico y el terror que de la realidad cotidiana. Relatos terroríficos, crímenes, luces extrañas, secretos no revelados, y el discurso psicótico de Victoria que quiere construir un puente sobre el mar mientras continúa hablando de los cuerpos y de su infancia. Desde este tipo de imágenes y con un lenguaje metafórico y al límite de la experiencia que quiere apehender, la obra busca el impacto en el espectador más que su comprensión. Y lo logra. Pero para eso habría que hablar del excelente clímax que crean la escenografía y la música.


La escenografía abusa a la perfección de la oscuridad para imponer y remarcar aún más los silencios que la obra tiene en ocasiones varias. El fondo del escenario con relámpagos cuando Rodrigo llega, y el interior con una iluminación tenue de velas anuncia el estilo de la escenografía desde un principio. La decoración del escenario junto con la iluminación recrea un típico ambiente de novela gótica. Asimismo, las luces bajas son excelentemente aprovechadas para que la oscuridad esté acompañada de sombras. De este modo, el clímax opresivo y siniestro que instaura la obra desde un principio se mantiene hasta el final. La historia es el exacto correlato del escenario. Hay tensiones, incomprensión de Rodrigo hacia Victoria, que se da cuenta que es presa de la locura, además de cosas extrañas que suceden mientras él se hospeda en la casa, y la locura, la locura en donde Rodrigo va cayendo lentamente al interactuar con Victoria.


La música tiene el sonido del cine gore: maquinarias que se escuchan mientras un animal emite gemidos. También contribuye a aumentar el extrañamiento del espectador, a medida que la historia tiene mayor sentido para luego deshacerlo en los próximos pasos. Es una obra que no trabaja con los materiales con que trabajan la mayoría de las otras obras, una obra que le presta mucha atención al uso de la escenografía y la música, quizás la misma importancia que le otorga a las actuaciones, y en eso, La tercera parte del mar, asombra, como también nos sorprende el gran manejo que logra el director con los actores sobre el escenario para recrear memorables postales de terror, con desnudos incluidos dentro del ambiente gótico y terrorífico. No hay sangre, pero hay marcas de la sangre, hay palabras que se refieren a la sangre, y hay relatos que nombran actos relacionados con la sangre, crímenes, torturas, desmembramientos. Así, la obra no recae en el esperpento sangriento de lo gore, pero los protagonistas cuentan las historias típicas de lo gore y lo perverso sin que la sangre salpique al espectador en su cara.


En una gran puesta en escena, esta obra de Alejandro Tantanian, aprovecha muy bien los clímax va creando y los fortalece con un escenario digno de las mejores películas de terror. Las luces, la música, junto a ciertos gritos de los actores, a veces hacen que algunos espectadores sientan un escalofrío en sus espaldas. Es difícil que exista el terror en un mundo como el nuestro. Es por eso que si el terror es sólo un efecto, un instante, esta obra tiene la cualidad de poder lograr eso en el auditorio. Bajo una gran dirección, La tercera parte del mar, asusta, nos pone nerviosos, y logra el efecto de extrañamiento, asombro y terror que busca generar en los espectadores. Apuesta arriesgada, experimental, la puesta de esta obra hace respirar a la escena teatral condimentándola con un poquito más de terror y violento non-sense, un sin sentido más cerca de la vacilación y el nerviosismo que del absurdo.


Ficha técnico artística








Diseño de luces: Javier Casielles








Dirección: Gerardo Begérez


ABASTO SOCIAL CLUBHumahuaca 3649 (mapa)Capital Federal - Buenos Aires


Teléfonos: 4862-7205


Entrada: $ 25,00 y $ 18,00


Domingo - 18:30 hs - Hasta el 28/06/2009


Formas de hablar de las madres de los mineros , mientras esperan que sus hijos salgan a la superficie,
de Daniel Veronese.

Por Marilyn Dietz.

Una madre está ansiosa por reencontrarse con su hijo. Esto no tendría nada de particular si no fuera porque hace doce años que espera ese momento. Al ser citada por la empresa minera en la que trabaja su hijo sus ilusiones de verlo nuevamente se acrecientan.
Es recibida por Gutierrez, hijo del dueño de la mina y su particular secretaria. Estos dos macabros personajes juegan al billar mientras, paradójicamente, se toman a juego la tarea de despistar a Isabel en su búsqueda. Además de estar medicada por una supuesta doctora de la empresa, es sometida a un sinfín de artilugios y manipulaciones que la llevan a desvariar en su deseo de volver a ver a su hijo. Por un momento cree registrar su presencia, lo siente…"-Cómo no te voy a reconocer Luisito, si es tu olor”, algo así dice esta madre que logra transmitir una ternura angustiante llena de esperanza hasta el fin, que pide desesperadamente ver a Luisito y que bien podría asemejarse a esas “madres” de nuestra historia que hace más de treinta años siguen luchando y reclamando por la aparición de sus hijos.
Con la dirección de Julio Karp y una excelente interpretación de Charo Moreno como Isabel, la madre, esta obra de Daniel Veronese nos obliga a desear ese sentimiento de justicia, cuando el “engaño” se cambia de vestimentas en nuestras propias narices y mientras tanto juega al billar.

FICHA TECNICA: Elenco: Ivana Cavallero, Ezequiel Glaz, Charo Moreno. Dirección: Julio Karp. Escenografía y vestuario: Julio Karp. Diseño de iluminación y sonido: Leo Ieverone. Diseño y producción gráfica: Leonel Belotti. Asistente de producción: Claudio Santibañez. Fotografía: Ariel Sabatella. Prensa: Carolina Alfonso. Coordinación general: Leonel Belotti.
TEATRO EL PICCOLLINO. Fitz Roy 2056. Sábados 20:30 hs. Reservas: 4779-0353.

Aguas de Marcelo Katz


Por Jimena Repetto


Los domingos suelen arrasar como concepto. Así salga el sol más radiante, tienen ese no sé qué de antesala del lunes. Nos guste o no, suelen ser un poco grises y bastante propensos a la melancolía más crasa. Sin embargo, y por suerte para todos, existe Aguas. Este espectáculo puede alegrarle el día a cualquiera, grande o chico, venga de almorzar con la suegra o de estudiar física cuántica, de separarse de su pareja o de llevar el auto al mecánico. Aguas y su deslumbrante elenco de clowns de todas las edades y con las características más diversas, tienen la capacidad de hacer salir el sol.
Una serie de números se suceden en los que cada personaje experimenta con el agua y sus elementos. Sifones, bombitas de carnaval, teteras, baldes y bañaderas son los elementos con los que juegan y, a pesar de que el público nunca se moja, dan ganas de tirarse al escenario y chapotear un poco entre las gotas y baldazos. Y es todo un esfuerzo quedarse quieto en la butaca cuando la simpatía de las situaciones hace que nos doblemos al medio de risa.
Marcelo Katz, Negritademuestra una vez más que lo simple suele destilar la belleza más brillante y, aunque esté nublado el día, es como un sol que se contagia.



Ficha Técnica:Elenco: Cecile Caillon (Corchete), Javier Pomposiello (Sorrigueta), Demián Candal (Ciático), Alan Stivelman (Flatón), Santiago Legón (Divague), Lisandro Penelas (Habanna), Leila Zimerman (Rivadavia), Anibal Flamini (Piolo), Brigida Lozzi (Alcurnia), Lucía Baya Casal (Dale), Sebastián Godoy (Federico), Mercedes Hernández (Marchiquita), Gabriel Kohan (Ritten), Marcos Arano (Bidón), Irene Sexer (Marta), Elsa Agras (Bambalina), Damián Ramonda (Saltonalto), Adriana Ferro (Purita Espuma), Gabriel Martínez (Timorato), Maximiliano Carrizo (Procer), María Milagros Fabricio (Proletaria), Guido Guernik (Marzo), Tomás García Querol (Eugenio), Alma Montiel (Amparo), Natalia Santiago (Untable), Ángeles Cravero (Adorno), Alejandro Talarico (Arveja), Adriana García (Figaza), Leonardo Quiroz (Prematuro) y más invitados.

Ambientación: Analía Gaguin

Realización de Escenografía: Analía Gaugin.

Asistente de Realización: Dario Kullock

Diseño de Vestuario: Aguas y Analía Gaugin.

Diseño de Iluminación: Fernando Berreta

Fotografía: La corazonada

Diseño Gráfico: Sergio Lamamy

Prensa: Simkin & Franco

Asistente de Dirección: Nano Zyssholtz

Producción: Iris Intilangelo

Dirección General: Marcelo Katz



Temporada 2009 en Ciudad Cultural Konex

Desde el domingo 17 de mayoFunciones: sábados a las 18:00hs y domingos a las 17.30 hs

Ciudad Cultural Konex: Sarmiento 3131

Informes: 4864 3200Venta por ticketekEntradas: $20, menores de 12 años $15 (menores de 3 años gratis)

Importante: Como parte de la trilogía de los elementos también se presenta en la Ciudad Cultural Konex el nuevo trabajo de la Compañía Clun llamado Aires. Funciones: sábados 20 hs y los domingos, a las 19.30hs/Entradas: $25




Carne de gato
Por Ignacio Santillana


Nadia me dice que es carne de gato, que ella vio en un documental que los chinos comen gato, pero le digo que es el jamón más barato de la zona y, lo más importante: tiene gusto a jamón, y el queso no es malo, y eso solo más un poco de pan sirve, cuando uno vive solo, para una cena, o dos.
Me bajo una parada antes y voy hasta lo del chino. Me limpio las zapatillas en el cartón destrozado que hace de alfombra en la entrada. Cuando saludo sólo se da vuelta Lili, que me devuelve un buenas tardes pausado, lleno de horas sin dormir, mientras pasa un paquete de papel higiénico por el láser. A un costado, un chino de traje azul brillante y polera gris, desarma un equipo de aire acondicionado. Me parece que es el cuñado del dueño, que fuma con los brazos apoyados sobre el mostrador de la entrada, enfrente del cartel hecho a mano, desteñido, que prohíbe fumar.
Me sumerjo en las góndolas y siento la música electrónica que tiene a un chino aullando frenéticamente con delay.
Tal vez no sean chinos, y todo lo que yo creo que es chino, es japonés o coreano, pienso. No hay forma de averiguarlo tampoco. Una vez le pregunté a Lili, pero ella sólo sabe tímidamente que es peruana. Y lo dice con timidez, no por vergüenza, sino porque ya muchas veces tuvo problemas por eso. Ella sólo sabe que es peruana y que trabaja catorce horas para pagar la pieza que comparte con su hijo. También, cuando puede, manda un poco de plata a Perú. Y sabe que el dueño se llama, o le dicen, Lenny.
Un paquete de fideos y una lata de tomate. Le pregunto al chino más joven (que creo que es hermano del que lucha con el aire acondicionado) cuánto vale la lata. Se queda callado, con los tres pelos que le cuelgan de su pera, temblando. Pruebo otra vez, agregando ademanes: ¿precio?, me dice. Le contesto que sí con la boca y un movimiento ansioso de la cabeza. Precio en caja, en caja, dice.
Mientras camino por el pasillo pienso: precio encaja, el precio encaja con lo que estoy llevando, es acorde, el precio es acorde a la cantidad y calidad, el precio encaja, me digo, y me pregunto por qué nunca están los precios en donde tienen que estar. Los chinos viven una inflación imaginaria, digo y me tranquilizo.
Le pregunto a Lili y le digo que lo llevo, y los fideos, y cuando veo el sobre de jugo le digo que me ponga uno, sí, de cualquier gusto, son todos lo mismo, le digo, y ella asiente, otra vez, como angustiada. Cómo está Ariel, le pregunto.
Tuvo que venir de Perú por lo de siempre: el trabajo, o mejor dicho, la falta de trabajo. Vino con sus dos hermanas y su hijo en un viaje que prefiere no contar, pero yo creo entender de lo que habla, o mejor dicho, de lo que no habla. La más chica de las tres consiguió novio al poco tiempo de llegar y se fue a Mar del Plata. La otra se fue a probar suerte a Santa Fe, y parece que no le fue mal.
Lili se mantiene al tanto de sus vidas por internet. Algunas noches, a veces, cuando puede y no está tan cansada, se mete en un cyber y así se siente un poco más cerca.
Una noche me la encontré. También estaba Ariel, jugando en la máquina del fondo (la que impide el paso al baño). Lili me dice que tiene ocho años, y no tiene ningún amigo, y eso la preocupa. Giro para mirarlo y no lo noto triste. Es un chico normal, pienso; totalmente atraído por la pantalla, como cualquiera. Pero sé lo que se siente.
Le conté que era del interior. Que nací en Capital, pero nos mudamos unas diez veces hasta que tuve la edad para volver solo, y quedarme. Mis viejos todavía deben andar dando vueltas, le digo, persiguiendo algún trabajo, o excusándose en que van detrás de él; pero en realidad, se mudan de ciudad cada dos años porque se cansan de todo. Los vecinos, las calles sucias o las calles asquerosamente limpias con olor a lavandina, que mi vieja detesta.
A Nadia la conocí en la facultad. En esa época los dos todavía creíamos que estudiar era una forma de prever, y así, salvarnos. Tardamos poco en darnos cuenta que el mundo no estaba contenido dentro de esas paredes.
Salimos un par de meses, pero enseguida decidimos que queríamos estar juntos toda la vida, y siendo novios no íbamos a durar mucho.
La atracción que nos mantiene cerca es por sentirnos tan solos en la ciudad. No es una soledad normal. La ciudad misma te aísla, dijo alguna vez Nadia, se come todo lo demás. Yo estoy de acuerdo, pero siempre es ella la que tiene ese tipo de reflexiones. Intelectuales, sí, pero llenas de sensibilidad también. Y es eso, ese balance perfecto que sólo ella sabe controlar, lo que más me gusta.
La tarde en la que se peleó con la hermana, tocó el timbre con una insistencia desesperada, y me abrazó, lloró sobre mí, aunque podría haber buscado el hombro de su novio, yo sentía que Nadia era inmensa, y no entraba en ningún lado, por eso le costaba tanto adaptarse a todo; y sentí, además, que aunque lloraba con todo su cuerpo, era fuerte. Fuerte y gigante como una ola de siete metros.
Algunos domingos vamos al parque y nos sentamos en el pasto, en silencio, sólo miramos. Después nos acostamos y hablamos hasta que alguno de los dos se queda dormido.
A la noche vamos a casa y comemos algo. Las condiciones que pone son que ella cocina y compra las cosas. Dice que prefiere gastar más, y no comer carne de gato. Yo le digo que no me puedo dar ese lujo, entonces ella me dedica una de sus miradas más comprensivas, casi maternal, y yo le contesto con un tímido miau.
Ariel está bien, pero cada vez le va peor en el colegio, me dice Lili, ya no sé qué más hacer, lo tratan mal. Le digo que no se preocupe, que no es para tanto, que ya va a conseguir algún amigo, o tal vez, incluso, una novia. Ahí le cambia la cara, el orgullo de madre le sube a los ojos, con el miedo de verlo partir, y todo se mezcla, todos los sentimientos juntos, pegoteados, buscando el desahogo. Lili quiere gritar, me doy cuenta con facilidad, es más: hace tiempo que quiere gritar.
Como ella no lo hace, el chino del aire acondicionado se para gritando unas palabras indescifrables a Lenny, y con Lili nos miramos, cómplices, conteniendo unas carcajadas de otro mundo entre los dientes; y pienso, mientras escucho la música obsesiva, y veo el colorido barato de este negocio, que a Nadia no puede no gustarle la carne de gato.


Nada te turbe, Nada te espante de Diego Manso.

Por Marilyn Dietz.

Pablo Rotemberg, introduce en escena a tres mujeres en una danza que se asemeja al nado sincronizado de bailarinas en una piscina, pero no, están en un burdel. Desde ahí, programan un fantasioso atraco de características revolucionarias para el retorno del General Perón a Ezeiza. Cada una tiene sus motivos, una el deseo de reencontrarse con el amor de su “Pocho”, otra por causas netamente políticas, la otra porque esas dos mujeres son su única familia y que otra queda sino que acompañarlas.
Tienen como compañera de trabajo a una mariquita que entre número de baile y canto se encargará de poner a prueba el amor que las une.
Esta historia es contada con humor a pesar de resaltar la decadencia y las penurias por las que atraviesan estos personajes. También queda muy en claro la violencia que caracterizaba a la época.
Con excelentes actuaciones, “Nada te turbe, Nada te espante” es una muy buena obra de Diego Manso que, entre citas bíblicas, recuerdos y un poco de poesía religiosa nos brinda una historia de amor pero de las diferentes.

FICHA TECNICA: Escrita por: Diego Manso. Intérpretes: Débora Dejtiar, Laura López Moyano, Germán Rodríguez, Viviana Vázquez. Voz en Off: Arnaldo André. Escenografía: Mariana Tirante. Asistente de Escenografía: Mariela Solari. Vestuario: Magda Banach. Iluminación: Magalí Acha. Diseño Sonoro: Javier Cano. Selección Musical: Javier Cano, Diego Manso, Pablo Rotemberg. Fotografía: Víctor Kesselman, Ernesto Donegana. Asistente de dirección: Soledad Gaspari. Colaboración Artística: Gabriel Baigorria. Dirección: Pablo Rotemberg.
Teatro: El Camarín de las Musas. Mario Bravo 960.Reservas: 4862-0655. Viernes 23 hs.

Diarios del Vocho (un viaje por América Latina) de Tom Dieusaert

´
Por Jimena Repetto
Si hacemos una encuesta y le preguntamos a un grupo de personas por sus sueños imposibles, seguro que muchos responderían "viajar por el mundo". Tom Dieusaert, de profesión periodista y de nacionalidad belga, decidió pasar de la fantasía a los hechos y emprender un viaje todo terreno arriba de un simpatiquísimo Volkswagen escarabajo.
De México a Argentina, el recorrido de 16000 kilómetros va desplegando nuevas formas de entender el mundo, la historia, las culturas locales y las hazañas que el escarabajo atravesó.
Sí, seamos sinceros, a esta altura ya nos debatimos entre la envidia y la admiración por la intrepidez de quien se ha lanzado a tamaña aventura e incluso ha escrito un libro sobre sus descubrimientos.
Diarios del Vocho es entonces un libro que compila crónicas del viaje que invitan al lector a desplazarse por el continente y redescubrirlo. Lo que más nos interpela del libro es la frescura con la que se narra cada anécdota, dejando la puerta abierta para que entren las personas y paisajes que le dieron vida al diario.
Este libro para aventureros, seguro que generará en más de uno la tentación de dejar todo y salir a las rutas a ver qué deparan. Mientras, y antes de renunciar al trabajo y cancelar el alquiler del departamento, podemos disfrutar tentándonos con las anédotas motorizadas que recorrieron el escarabajo y Tom.
Diarios del Vocho
Tom Dieusaert
Prensa Nueva
2009




Pajaritos de Belén Iannuzzi



Por Jimena Repetto


Diez poemas pueden dibujar un mapa sobre la ausencia. Sobre lo que ya no está. Pajaritos de Belén Iannuzzi construye un castillo con la arena que se llevaron las olas del tiempo. Y nos deja entrar. La belleza de lo simple es la consigna que pareciera guiar cada verso, la construcción de un pequeño universo que nos resulta cercano por la utilización del lenguaje. Las palabras exactas, las que nos rodean, aparecen colocadas en un espacio en el que estallan y se resignifican. Y lo mismo de siempre, ya no es lo que era.
Será que hay algo que se pierde. El amor, la infancia, los veranos, los padres y las calles de un barrio que dejamos atrás. Y en la pérdida hay una voz que resiste y se constituye, una voz que hace suya la falta sin melancolía y observa el pasado con cierta tristeza o ternura. Leer Pajaritos es como recorrer un álbum de fotos, un poco amarillas, en el que nos reconocemos pequeños y frágiles, y eso que el tiempo nos arrasa en adultez. Tal vez por eso esta plaqueta sea una invitación para todo aquél que ha atravesado grandes cambios y esté dispuesto a compartirlos en versos que cantan en una tarde de lluvia, como los Pajaritos desde los árboles donde ven los días correr.


Pajaritos
Belén Iannuzzi (http://www.pajaritoscantan.blogspot.com/)
Zorra Poesía, 2008



Inspector

Por Nico Pose
Esta obra escrita por Nikolai Gógol en 1836, aún mantiene una actualidad poco común si la comparamos con la mayoría de obras escritas antes del siglo XX. Es en este sentido un clásico, porque su vigencia, su modernidad, y su posibilidad de adaptación a diferentes contextos sociales e históricos hace que su tema la instale dentro de las obras verdaderamente clásicas, obras que retratan ¨grandes temas¨ como el amor, la tristeza, la muerte, la enfermedad, y todo lo que nunca cambia en el transcurso del tiempo. Las cosas que seguirán siendo eternas e inherentes al humano. En este caso, el gran tema no es otra cosa que la corrupción, un tema muy actual y característico de nuestra sociedad. La corrupción dentro de las esferas del poder. Es por eso, que esta obra se comprende todavía más siendo argentino. Ya que la obra es el retrato vivo de la corrupción estatal.


El alcalde de un pequeño pueblo recibe una carta donde se anuncia la llegada de un importante funcionario del gobierno. Luego de reunirse con las altas autoridades del pueblo, deciden prepararse para agasajarlo de la mejor manera posible, al mismo tiempo de tomar todos los recaudos necesarios para que el inspector no note la corrupción instalada en el pueblo. Así es como aparecen en escena las personas más representativas del pueblo, que son los que ocupan los cargos más importantes dentro del Estado. El alcalde es uno de los principales protagonistas junto al funcionario que llega de San Petersburgo. También participan el representante de los hacendados, la jueza principal, la directora escolar, el director del hospital, el jefe de correos; además de la mujer y la hija del alcalde y la criada de la casa. Cuando el inspector llega, es persuadido-sobretodo por el alcalde-con diferentes favores para que no revele nada de la situación del pueblo. Y es desde ese momento que comienzan los diferentes equívocos entre los funcionarios del pueblo. Desde el complot que traman contra el alcalde para tratar de salvarse a ellos mismos, hasta las traiciones entre ellos para terminar jugando al sálvese quien pueda para seguir manteniendo su cargo a toda costa. Finalmente, el inspector es sólo un funcionario menor, que al descubrir la confusión que existe en el pueblo con respecto a su persona termina aprovechando el lugar del verdadero funcionario que aún no ha llegado. Así es como gana muchísimo dinero a través de las coimas de los funcionarios y el alcalde, además de comprometerse con la hija de éste, para luego escapar con la fortuna en el momento justo antes de ser descubierto.

Un comentario aparte merecen las actuaciones de Ariel Levenberg en el papel del alcalde, y de Mariano Gladic, representando al supuesto inspector. Levenberg a través de su gestualidad, las variaciones en su voz, y con la actitud de chamuyero criollo, representa con altura a ese alcalde prepotente, a veces, y temeroso, cauto, calculador cuando debe hablar con el supuesto inspector. Levenberg logra un tipo que bien podría representar a cualquiera de nuestros políticos de turno sin distinción ideológica partidaria. El inspector en manos de Gladic no se aleja mucho de la elocuencia del alcalde, con la diferencia que no ostenta un cargo de poder, pero que al mismo tiempo simula a la perfección el cargo del cual carece. Es un chanta, un adulador profesional cuando debe serlo; firme, cuando la situación lo requiere, como cuando pide las coimas a los funcionarios. En un punto, ambos personajes se acercan, porque el poder de ambos está en el sabio manejo de las situaciones, para que éstas tomen el rumbo a su antojo, y de esta manera siempre salen bien parados. El alcalde, recibe el golpe de un joven de su misma estirpe, con el mismo nivel del caradurismo de los políticos. La única diferencia es que el joven inspector sabe lo que pasa, cuál es la situación, y el alcalde no, por lo tanto, el supuesto inspector abusa con maestría del desconocimiento del alcalde y del resto del pueblo sobre su verdadero cargo. Con respecto al resto del elenco, todos están al nivel de estas actuaciones, ocupando un lugar secundario en la trama. Pero es muy rescatable el personaje de Dobchisnky, que le provee a la obra, junto al otro hacendado, un títere que lleva en su mano, el grotesco gogoliano, siendo el personaje más carnavalesco y cómico, haciendo que la obra de a ratos tenga un tono netamente gogoliano.

Comedia de equívocos, sátira sobre el funcionamiento del estado, con el tono jocoso y la mirada irónica característica de Gogol, la obra no tiene ningún desperdicio. Con una excelente escenografía al nivel que requiere la obra, un elenco envidiable, y bajo la dirección de Héctor Bidonde, Inspector, es una obra que está realizada con tanta seriedad y calidad que es difícil encontrarle puntos débiles.

Autoría: Nikolai Gogol


Iluminación: Cecilia Castillo

Musicalización: Cecilia Castillo

Fotografía: Maureen Aranda

Asesoramiento musical: Andrés López Garraza

Asistencia general: Cecilia Castillo


Dirección: Héctor Bidonde


Nicolás Repeto 1556 Capital Federal

Teléfonos: 4584-8703

Entrada: $ 20,00

Sábado - 21:00 hs - Hasta el 25/07/20

Sebastián Kirzner
Voy a mostrarte mi pecho perfecto,
mi revolución personal,
mi gloria, mi dicha mas grande, dije
voy a mostrarte como aumenté el
trapecio y lo balanceado que está,
voy a pedirte que toques mis femorales
y vas a sentir que son de roca.
Pero no voy a saciarte el hambre,
ni a dejarte en lo absoluto satisfecha,
Porque intentar comer mi carne, dije
es como bailar, otra vez,
con la mas fea.

Avanzado
el entrenamiento,
no logro recordar
si yo era la coraza
o el poeta.


Voy a volverme el hombre
mas fuerte del mundo,
voy a levantar poblados
con las piernas,
a arrastrar barcos
con los brazos.
Vas a estar orgullosa
de mi hombría, dije
me voy a inflar entero
de letras como esteroides,
y voy a posar desnudo
frente al jurado,
para ganar mi titulo
en mister universo
de la poesía contemporánea.

Tengo rabia en los caninos, dije
soy una bestia suelta,
soy el puto king-kong,
estoy que reviento.
Mis manos son duras
y ásperas, como las manos
de un dios.
¿Ásperas?
- Como las manos de un obrero - dijiste, los dioses casi
no usan las manos, los dioses juegan.
…las manos de un?
De un obrero, dijiste.


A mi hijo, pienso
lo voy a alimentar
con bulones,
una dieta diaria
de Estanozolol,
Viraloid,
Dianabol,
Enantato,
Sustanon
y le voy
a parar la pija
con Viagra.
Con suerte
y cercano a
los ocho,
tendrá un
divorcio digno.
COMUNIDAD de Franz Kafka
Por Marilyn Dietz

Comunidad se manifiesta en escena a partir de una estupenda adaptación que Carolina Adamovsky hace del cuento de Frank Kafka. Para los que no lo hayan leído encontraran sin problemas el código para transitar esos casi sesenta minutos en donde la obra no presenta puntos de escape ni de distracción.
Seis personajes “impersonales”, escasos recursos lingüísticos y mucho despliegue onírico son presentados de manera simple y natural. Casi podría compararse con cierto estilo del teatro del absurdo de los años 60.
Por la búsqueda latente que plantea el cuestionarse los métodos en que se relacionan los seres humanos en una sociedad, por los recursos utilizados mencionados anteriormente y por el humor y la sutil ironía que encontramos en esta obra.
Risas, llantos, murmullos, el rechazo arbitrario de un “otro”, todo se comparte, todo se contagia en una comunidad. Muy buenas actuaciones en un maravilloso y simple despliegue en escena en el que todos nos vamos a encontrar reflejados.
Un reestreno que no hay que perderse.Por favor, asistan dispuestos a sorprenderse.
FICHA TECNICA: Actúan: Fabián Brill, Francisco Civit, Dario Levín, Gonzalo Martínez, Javier Rodríguez, Alejandro Zingman. Diseño de vestuario: Cecilia Zuvialde. Diseño de iluminación: Gonzalo Córdova. Diseño gráfico: Daniel Roldán. Fotografía: Clara Muschietti. Prensa: Carolina Alfonso. Asistente de dirección: Gabriel Baigorria.
Dramaturgia y dirección: Carolina Adamovsky.
Domingos 20:30 hs. Beckett Teatro. Guardia Vieja 3556. Reservas al 4867-5185

Germán Rosati




del libro Boca de tormenta, Editorial Huesos de Jibia, 2008.






No apagues la luz, mamá
porque la oscuridad se mueve demasiado y yo
me pongo inquieto.

Las paredes maúllan, ladran y a veces gruñen
se vuelven gelatinosas.
Atruena el parkinson de las persianas
y una manifestación de sonidos
que no puedo mantener a raya.
Estoy mucho más cómodo cuando puedo
untar el resplandor húmedo de mi lámpara
sobre la almohada
pero una vez que se apaga
mis sábanas devienen montañas
que explotan en la sombra
y solo me queda flotar en ellas
para no hundirme.


No insistas en patear las calles
con tus maneras impertinentes
porque sabés de antemano
que los baches te desbalancean el cuerpo
y los pasajes adoquinados se le revelan
a tus pisadas firmes.

A la calle hay que tratarla con cariño
como a una madre enferma o a una florcita
rara, hay que pisarla despacito
como si se pisara el agua congelada
de un lago a punto de ceder,
esquivando la grama que crece
en los intersticios de las baldosas
(porque ¿qué culpa tiene ella
–o las hormigas caminando alrededor-
del mal día que tuviste en tu trabajo a contraturno?).

Además, tenés la suerte
de trabajar en una calle fácil,
con paredes adornadas de motivos tangueros
y coloridos gardelitos que te sonríen.
Estás cerca del Abasto y con vecinos populares
que no se escandalizan de tu tarea.
Con alturas tapizadas por árboles de eucaliptos
que perfuman tus noches de verano
con un mentolado refrescante
que a los puntos los vuelve locos y
les afloja el bolsillo.




La noche canta sus canciones, dirigida por Daniel Veronese
Por Ignacio Santillana



Entramos a la sala escuchando un saxo rabioso y vemos a los actores a un costado. Rápidamente comprobamos que también son personas: hablan distendidos, toman agua, apagan sus teléfonos celulares: tienen una vida fuera del escenario. Y de algún modo no van a abandonar ese lugar en ningún momento, aunque sí van a correrse de él para actuar. Los que estén sentados mientras los demás actúen dentro del cuadrado que se dispuso para tal fin, serán los interlocutores activos. Están pero no están, o algo así.
El texto del noruego Jon Fosse intenta retratar el momento de la separación, y todo lo que esto pone en juego: el lugar propio, el lugar ajeno, hasta dónde yo soy yo y no vos, la relación familiar, las frustraciones, los hijos, el amor, el desamor, el engaño, la indiferencia, las discusiones de pareja, las discusiones internas… la lista sería interminable.
Para trasladar esto a escena, Veronese articula una puesta minimalista en la que los actores son los que completan lo que no vemos, despliegan el fragmento que constituyen los dos sillones y la alfombra, y lo extienden sobre nuestras narices. Son los encargados de nombrar lo ausente para que esté presente, para que nosotros, espectadores, construyamos ese espacio, (¿y qué otra cosa es el teatro si no eso?). Ellos tienen el poder de hacernos escuchar el llanto del bebé o el timbre de la puerta, y lo utilizan. Y escuchamos llorar a ese recién nacido aunque no lo escuchemos.
En la puesta que hace Veronese de La noche canta sus canciones, se ve lo que normalmente no vemos en teatro, el famoso detrás de escena: entonces cuando un personaje dice “me voy”, lo vemos salir del perímetro marcado y podemos seguir viendo su proceso fuera de escena pero sin que deje de estar en ella, y ver así cómo se prepara para volver a entrar.
Veronese intenta sacarle un poco el maquillaje al teatro. Si bien sabemos que cuando un personaje dice “salgo a hacer las compras” no va a hacerlas y lo aceptamos, en esta obra, además, lo vemos.
Esta puesta intenta evidenciar que estamos sentados en un teatro, que los que están frente a nosotros son actores y están actuando, y que por un par de minutos todos vamos a hacer de cuenta que no existe nada más que esto.


Ficha técnica:

La joven: Eugenia Guerty
El joven: Diego Gentile
Baste: Claudio Da Passano
El padre: Luis Gasloli
La madre: Elvira Onetto

Dramaturgia: Jon Fosse
Dirección: Daniel Veronese
Traducción: Clelia Chamatrópulos
Asistente de dirección: Diego Curatella
Fotografías: Maxime Seugé
Producción ejecutiva: Maxime Seugé

Esta obra cuenta con el apoyo de la Real Embajada de Noruega en Argentina y Proteatro.

Funciones: domingos a las 17 hs. EL CAMARÍN DE LAS MUSAS. Mario Bravo 960.
Reservas: 4862-0655 Entradas: $30. Est y Jub $15.
Prensa: Carolina Alfonso – 155-662-6002 / 4802-4607 / caroalfonso@gmail.com
Edgardo Scott
Al principio las miraba. Ahora es distinto. Al principio había miedo, vergüenza, a veces, desesperanza. Ahora no. No recuerdo cuánto duró la pesadilla. O sí, lo recuerdo perfectamente: duró toda mi vida. Pero hasta hace dos días. Dos días atrás la decisión por fin tuvo cuerpo.

Me llamo Federico Martínez. Lo que hice fue seguir a una mujer y estar con ella. Pero antes tuve que esperar; debieron pasar seis meses para que eso fuera posible. No creo, sin embargo, que la decisión haya sido esa solamente; porque si bien no llegaba a tenerlas, siempre he seguido o mirado mujeres. La verdadera decisión, para mí, es que no estuviera mal; porque durante mucho tiempo sí lo estuvo.

Sin embargo, después de haber elegido, después de sentir el alivio, aún queda este hueco a la noche del que debo deshacerme. Y creo que sólo puedo deshacerme de él de esta forma.

Recuerdo una época en que escribía sólo para dormirme. Fue hace unos años, escribía del mismo modo en el que podía ver una película, leer o hacer zapping. Pero en aquel momento no pensaba que era lo mismo. Al final, acabé tirando todo; lo tiré, también, en una de esas noches donde no sabía cómo llenar el tiempo. Yo pensaba que no había, que no podía haber, peor mal que el insomnio. Hoy comprendo que el insomnio era la forma (una de las formas) de ese único mal, que es el pasado. De él, y sólo de él, busco despojarme.

Recuerdo llegar temprano a mi casa y tener todo el tiempo del mundo para relajarme, para tomar una ducha, para pensar qué iba a comer, para comer; es decir, recuerdo hacer todas las cosas rutinarias y sentir que el tiempo igual sobraba. Nunca eran más de las nueve o diez cuando había terminado con todas las obligaciones; ya fueran mías, de la casa, o de los demás. Entonces me iba a la cama; a veces, sin rastro de cansancio alguno, pero obediente, dispuesto a dormir ni bien el sueño llegara.

Y lo que llegaba era el insomnio. El insomnio y su espera infinita, acaso la peor; la espera inútil y completamente a oscuras. Pero dormir era bueno (estuve a punto de no escribir la verdad: yo no pensaba que era bueno, yo pensaba, estaba convencido de que era saludable) porque después de unas horas me hacía ver las cosas de otra manera. A la mañana siguiente, por ejemplo, era optimista; o quizá no tanto, pero lograba cierta dosis de cinismo, y en secreto, podía reírme de mí y sobre todo de los otros. De esa forma salía al mundo y lo soportaba. Dicen que los que buscan matarse comienzan por no dormir. Eso me tenía sin cuidado.

Pero mientras el insomnio arruinaba mis noches, durante el día me torturaba otra cosa: que lo único que pudiera hacer con las mujeres fuera mirarlas. Y yo no quería eso nada más, porque a pesar de que con los años, había aprendido a hablar con ellas, nunca lo había hecho con naturalidad, al menos no con la naturalidad que sentía, si es que hablaba, frente a los hombres. Incluso el silencio era distinto. Yo no soy –ni nunca lo fui– de hablar mucho. Pero cuando callaba también podía sentir la diferencia.

De a poco, lentamente, me convertí en un imbécil por no poder dar ese otro paso. Y se fue haciendo más fuerte, más constante, más imperiosa, la necesidad de mirarlas. Aunque no, la verdad es que muy pocas veces me sentía un imbécil por eso, muy pocas. Lo que me pesaba era la urgencia de ellas. La sed, la sojuzgada desesperación de tenerlas y tocarlas y de que fueran mías. Hablarles, poco o mucho, o lo suficiente como para que ellas me hablaran, era necesario para lo otro; para lo que yo en verdad buscaba.

Transcurrieron numerosos días bajo este signo de pesadilla; son los que prefiguraron aquel orden funesto que hasta hace no mucho tiempo me dominaba. (Sólo el tiempo mensurable ahora me puede resultar no mucho, porque sé que hay otro, el mío, donde estos dos días equivalen a siglos).Miren a su alrededor. Miren atrás y busquen esa cara, ese apellido o nombre que no les sale. Ese compañero de escuela, de facultad o de trabajo, raro e introvertido. Ese no era yo. Y sin embargo, jamás, hasta hace dos días, había estado con una mujer.


Primer capítulo de la novela
No basta que mires, no basta que creas
Anís de Mariana Dimópulos
Expensas extraordinarias


Por Jimena Repetto



A veces las distancias engañan y nos hacen pensar que son un buen patrón para medir cuánto conocemos o desconocemos de los otros. Anís de Mariana Dimópulos es una novela sobre las paradojas de las proximidades y, a la vez, sobre el deseo de vencer la soledad como una línea que fuga, nunca satisfecha, al infinito.
En un mismo edificio conviven personajes en apariencia extraños y, sin embargo, tan comunes y cercanos como podría ser cualquier hijo del vecino. Las fantasías que ellos construyen, sus miradas deformadas sobre la realidad, en su contraste y conjunto, generan en el lector la desazón y la risa, la melancolía y la burla, pero, a la vez, la compasión. Y un poco porque no hay quien pueda escapar a la lente subjetiva con la que cada uno mira al mundo, y otro porque con cierta soberbia sentimos que en nuestra vida nunca, ¿nunca? hemos llegado a tales niveles de distorsión de la realidad como los que ellos alcanzan.
Bonow, Patricia, Inés, entre otros, cada uno en su mundo y todos viviendo literalmente encimados, cargan deudas siempre pendientes que terminan recayendo en faltas y temores, abandonos a destiempo, amores nunca confesados y diversas frustraciones en degradé. Y, como lo indica el nombre del bar en el que el señor Bonow, tal vez el más desquiciado de ellos, toma su anís y desahoga sus penas,“La Amistad” es el lazo más profundo y cercano que pueden entablar.
Con un narrador que por momentos coquetea con el registro de los personajes, descripciones precisas, textura rítmica y diálogos en su forma y tiempo justos, Anís es una rareza que vale la pena explorar. Incluso si el riesgo que el proyecto propone es construir subjetividades saturadas en sus propias divagaciones, Dimópulos lo sortea con grandeza y logra darle a cada una el grado justo dentro del no tan extraño mundo en el que se mueven. En definitiva, se nos presenta un texto que por momentos pareciera extrañarse a sí mismo, deformarse en la elección léxica y las imbricadas estructuras de las frases y desafiar al lector a dejarse llevar hacia adentro de esta peculiar "reunión de consorcio".
Y, a medida que avanza la narración, todas las historias se van hilando, un poco como sucede en la vida misma. Entonces el edificio que comparten, se convierte en metáfora del texto, un espacio en el que los personajes habitan en distintos planos y pisos de realidad, un lugar de convivencia en el que cargan en secreto sus dolores a expensas -extraordinarias- de la soledad.
Si uno de los desafíos que propone una primera novela es hacer ingresar a quien escribe en la compleja categoría de autor, Anís hace que leamos a Dimópulos como una escritora capaz de construir con precisión y gracia un pequeño universo que nos interpela, porque en la distancia crítica de la lectura podemos analizar cuán similar es al que nos aloja.



Anís de Mariana Dimópulos




Editorial Entropía
http://www.editorialentropia.com.ar/
175 páginas







Poema- no poema
Bésame la boca tibiamente
con afecto y luego furia
Dame el color rojo de tu interior
Dámelo completo a mí
la bella de blanca tez
y pieles sucias
Bríndate como un macho
feliz y encarnizado
Dame hoy tu cuerpo y
piérdeme en tus pensares.

Esta poesía forma parte de la obra teatral Alineación y Balanceo. A estrenarse en el mes de Julio por el grupo Petra.
Petra son:
Celina Rozenwurcel
Daniela Faiella
Lucia Caleta
Maria Soledad Manes
Mijal Katzowicz
Intemperie, basada en Le Square de Marguerite Duras


por Nicolás Pose



Solos, distanciados, un poco resignados pero no tanto como para anular la esperanza que siempre enciende un encuentro casual, él y ella se encuentran en una plaza rodeada de niños. No es mucho lo que tienen para ofrecerse, pero para ellos es demasiado. Una vez que se acercan, comienzan a entablar un diálogo. Primero, lentamente, tímidamente, como si estuvieran desprotegidos, para luego comenzar a sentirse un poco más confiados que de costumbre. Construyen un diálogo en el que no sólo buscan vanas respuestas, sino que también quieren sentirse escuchados, quieren sentirse acompañados al menos por un rato en medio del bullicio de lo niños que pareciera contrastar con el silencio que cada uno de ellos lleva adentro.



Él es un viajante de comercio, ella es una empleada doméstica que reniega de su trabajo pero que al mismo tiempo lo cumple rigurosamente. Él viaja para escapar, para alejarse de los pensamientos que despierta la soledad. Ella percibe en él la misma soledad que ella sufre diariamente. Cada uno es el espejo del otro. Han encontrado por primera vez una oreja para saberse escuchados, oídos, lo que para ellos es lo mismo. Ella siempre ha pensado en alguien que la elija, que la ame, que la rescate de la aterradora rutina laboral sin tener a nadie para que la consuele. Él nunca ha parado de viajar, nunca se ha detenido, para no admitir su resignación ante el amor.



Durante el tiempo en que estas dos almas tratan de conocerse transcurre la acción de Intemperie. Un tiempo que parece estático, una fotografía que los muestra a los dos siempre sentados sobre un banco, porque la plaza como espacio le escapa al movimiento general del mundo, haciendo que lo más importante sea la comunicación maravillosa que va surgiendo entre esos dos seres humanos, que de repente, se prometen un baile en una taberna, como si eso fuera tocar el cielo con la manos.



Así, esta obra basada en una de las primera novelas importantes de Marguerite Duras-Le Square-, hace una apuesta arriesgada, confiando sólo en las palabras que brotan de las bocas de esos dos personajes que se afligen, se alegran, y se sienten indiferentes, a medida que dialogan de todo y de nada. Con maravillosas actuaciones que logran instalar la emoción con facilidad en el público, y una escenografía despojada que materializa el estado de soledad de ambos protagonistas, la obra apuesta a la concentración de los espectadores durante ese largo coloquio que sólo se altera por silencios tímidos, emotivos, y a veces tensos, para que el espectador se sumerja de a poco en el drama de la comunicación humana.



Como en un lento sueño, de manera parsimoniosa, transcurre la obra mientras nos olvidamos de todo y dependemos del destino de ellos dos, como una melodía que nos tranquiliza con el perfume doloroso y atractivo de la tristeza.


Basada en el libro Le Square de M. Duras.

Ganadora del Premio producción teatral 2006 otorgado por El Instituto Nacional de Teatro. Ganadora del premio Teatro del mundo 2008 (trabajos destacados por la adaptación)

Adaptación: Claudia Carbonell, Alejandra Gonzales

Actúan: Georgina Rey, Fernando Armani
Escenografía: Marcela Bazzano
Realización escenográfica: Jorge Mondillo
Vestuario: Graciela Caruso
Diseño de Luces: Marcos Pastorino, Claudia Carbonell
Música Original: Fernando Lerman
Fotografía: Marina Devesa

Dirección: Claudia Carbonell
Gráfica: Florencia Fernandez
Prensa: Andrea Fueiguin, Leticia Hernando

En Patio de Actores, Lerma 568.
Sábados a las 21. Reservas(4772-9732)


Entrevista a Germán Rodríguez, actor de Rodando.




Por Jimena Repetto



Si de algo se trata imaginar, entre tantas otras cosas, es de tener la libertad de superponer a la realidad un estado invisible e inasible, salvo digamos, por la evocación mental de los sentidos. Rodando, en este sentido precisamente, es una obra que maravilla en tanto provoca que el espectador pueda ir y venir con ligereza de la escena vivida sobre el escenario, a la escena que evoca el personaje. Sin la cautelosa hipnosis de la interpretación de Germán Rodríguez, es difícil imaginar la posibilidad de que tamaña historia se despliegue, en su magnitud, ante la mirada del receptor atrapado. Tal vez sea por eso que Rodando es una visita necesaria. Porque a quien se atreva lo sumerge e incorpora al cuadro sin pedir permiso alguno. Y así como sin quien escuche el sonido no pasaría de ser simples ondas que se disipan, sin quien imagine no se completaría nunca la película que se narra al ritmo de Rodando. Germán habla de los haceres y seres que se conjugan en esta obra, que no por nada ya va en su tercera temporada.

¿Cómo comienza tu relación con Alejandro Acobino? ¿Habían trabajado antes juntos o se unieron para este proyecto?
Con Acobino nos conocemos de la época en que éramos estudiantes de actuación en la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático), aunque íbamos a distintos turnos. En el último año hicimos juntos una revista junto a otra gente de la misma Institución y ahí entablamos una relación más estrecha. Recién en el 2006 nos juntamos a trabajar juntos para lo que luego sería Rodando.

¿Cómo fue el trabajo de escritura del texto y montaje de la puesta con Alejandro Acobino? ¿Qué te permitió aprender y experimentar?
Yo venía de hacer funciones de Ars higiénica, muchos años de trabajo grupal con La fronda y de actuación "coral". Esta aclaración tiene que ver con que nunca se me hubiese ocurrido hacer un unipersonal, hasta que tuve la necesidad de un trabajo de mayor soledad. Tenía ganas de meterme en otra cueva. Desde el 2005 venía bosquejando un texto al que titulé Descartable.
Cuando llegué a mi límite como dramaturgo lo invité a Acobino a sumarse al proyecto. Se interesó en unas cuantas cosas que aparecían en el texto y el resto fue descartado. A partir de ahí empezamos a escribir entre los dos. Ensayábamos en mi casa, íbamos y veníamos de la habitación donde estaba la compu a la "sala hall" donde probábamos el material.

¿Cómo fue el proceso de construcción de este personaje tan peculiar?
El proceso duró nueves meses. Intensos, divertidos y difíciles de explicar: idas y venidas, enamoramientos de textos que luego no funcionaban en el espacio, acuerdos, peleas, charlas al final del ensayo en La universal e interminables llamadas telefónicas según la hora en que nos viniese "la inspiración". Ya más avanzado el trabajo, Acobino tomó las decisiones finales del texto y yo me ocupé más de la actuación. Aunque es difícil separar ambas cosas, con lo que más nos engolosinamos fue con la escritura. Y como la escritura de Acobino tiene una potente teatralidad, "el bicharraco" (definición del personaje según Acobino, cuando la escuché casi dejo el proyecto) fue apareciendo casi sin darnos cuenta. Por suerte, unos cuantos meses antes de estrenar se sumó al equipo José Mehrez en calidad de Asistente Artístico. Su función fue bajarnos de la palmera. José hizo de todo: la gráfica junto a Nico Diab, recauchutó la escenografía y vestuario con el que veníamos trabajando y nos dio flor de mano con la actuación. La obra se terminó de armar cuando Sergio Cucchiara nos iluminó.

¿En qué fue cambiando la obra desde el estreno?
El espectáculo creció mucho desde el estreno. Llegamos un poco verde a esa instancia. Estaba muy nervioso por estar solo en escena, pero sobre la marcha, en la función, con la gente, realmente algo empezaba a pasar que me excedía. El espectáculo creció mucho. El texto es el mismo con ínfimos cambios lo que más se desarrolló, tiene que ver con el trabajo de actuación. Encontrar el tono justo del personaje, un equilibrio para que todo ruede. Viajamos, hicimos funciones en distintos lugares, distintos pùblicos, eso nutre mucho a la obra. Otra gran experiencia que tuvimos en ese sentido, fué participar en "Formación de espectadores", con Ana Durán. Comprobar que el espectáculo funcionaba con alumnos de la secundaria, escuchar sus devoluciones, fue maravilloso.


¿Qué te permitió experimentar y aprender como actor Rodando?
Muchas satisfacciones. Trabajo con amigos, la obra sigue funcionando, viajamos. Y la historia continúa, ahora estamos trabajando con Acobino y con José Mehrez en un nuevo proyecto junto a nuestro grupo "La Fronda"...pero eso, para la próxima.


Unipersonal fílmico.


Starring: Germán Rodríguez
Dramaturgia: Alejandro Acobino y Germán Rodríguez
Dirección: Alejandro Acobino
Diseño de iluminación: Sergio Cucchiara
Colaboración artística: José Mehrez
Escenografía y vestuario: Mehrez – Acobino
Diseño: Mehrez - Diab

Este espectáculo participó del 4to. Encuentro Internacional de Monólogos, La Tigra, Chaco; del Festival Estival de Bariloche y La Pampa, del Festival de Teatro del Sol en Las Grutas, Río Negro y participó del Proyecto Detenidos en Movimiento haciendo una función en la cárcel de Marcos Paz.
También participo de la Fiesta Nacional de Teatro 2008 en la Provincia de Formosa, del Festival Internacional de Teatro en Paraguay y del Festival de Santa Cruz de la Sierra y el de La Paz, en Bolivia en abril de 2009.

FUNCIONES: sábados 21.30 hs.
No Avestruz
Humboldt 1857 PalermoNoHollywood 4777 6956
Entrada general: $ 30 Descuentos a estudiantes y jubilados
Prensa: Caro Alfonso – 4802-4607/ 155-662-6006 – http://ar.mc521.mail.yahoo.com/mc/compose?to=caroalfonso@gmail.com



LAS CAROLINAS, de Laura Córdoba
Por Ignacio Santillana





Las Carolinas están tiradas como las revistas que inundan la habitación: llenas de palabras, y por eso mismo se la pasan contándose anécdotas que ya escucharon mil veces de un tiempo en el que, tal vez, fueron felices.
Madre e hija comparten el nombre, pero no sólo eso, comparten también una forma de existir en un mundo en decadencia, comparten sus soledades y compiten; sí, mamá compite con hija, mamá no soporta ver que su hija se puede ir en cualquier momento, rompiendo la armonía de las soledades acompañadas. Carolina Mamá tiene celos y por eso intenta sacarle hasta el novio, Esteban: un joven del interior que las enamora a las dos con una sutil mezcla de timidez y simpatía. Pero, ¿las enamora verdaderamente o sólo es la excusa que tienen ambas para salirse de esa realidad agobiante que ellas crean y sufren a la vez? Lo que parecen buscar los tres personajes es estar acompañados, romper el statu quo que los somete a estar, sin poder ser.
Y en el medio está el día a día: los tests de las revistas femeninas, las pésimas condiciones laborales, la casa deteriorada, la contención psicológica por teléfono, las películas de amor, los recuerdos de Carolina Mamá, la canción favorita de Carolina Hija que Esteban se aprende una vez que ella ya no está.
Las Carolinas nos convencen de que las relaciones familiares son, de todas las relaciones humanas posibles, por lejos las más complejas. Un entramado en donde los sentimientos llegan a estar mezclados hasta tal punto, que se hace imposible ver en dónde empezó todo, cuál fue el comienzo de la infelicidad, en qué momento se deja de ser madre e hija para convertirse en dos amigas envidiosas. Este tipo de interrogantes se plantean a lo largo de toda la obra que, además, cuenta con una puesta que excava en las profundidades del texto para extraer su sentido: ¿no son, acaso, las vidas de estos personajes una sucesión de puertas que se abren y se cierran?


Ficha técnica:

Dramaturgia: Laura Córdoba
Versión y dirección: Andrea Chacón Alvarez
Intérpretes: Andrea Vázquez, Maitina De Marco y Miguel Olivera
Asistencia de dirección: Magalí Fugini
Escenografía: Luciana Fornasari
Diseño de vestuario: Gabriela Delmastro
Diseño de luces: Gonzalo Calcagno
Música original: Julieta Rimoldi y Laura Ventemiglia
Asistencia artística y técnica: Equipo Brilla Cordelia!
Producción: Magalí Fugini & Wait for me
Fotografías: Cabeza Fresca
Diseño gráfico: Cristian Martínez

Premio Argentores Ciclo de Teatro Semimontado

ESTE ESPECTACULO CUENTA CON EL APOYO DE PROTEATRO Y DEL INSTITUTO NACIONAL DEL TEATRO

Puerta Roja. Domingos 21:30.Lavalle 3636. Reservas: 4867-4689
Entradas: $ 25 y $ 18 (descuentos a estudiantes y jubilados)
Prensa: Carolina Alfonso – 4802-4607 – 155-662-6006


Nicolás Hochman
I

El viaje es ir
Ir ir ir
Mutar en los caminos
Perderse en las búsquedas
Exiliarse de uno mismo
Desdibujarse un instante
Para inventarse un poco más

El desviaje es ir
También ir ir ir
Porque nunca se vuelve
Nunca
A ninguna parte
Aunque se quiera
Aunque no se sepa cómo
Es ir para entender el viaje
Para dibujar lo que se deformó
Para re-inventarse
En los caminos
Y las búsquedas
Y las incertidumbres

No hacerlo
Es una pérdida de tiempo existencial


IX

Me distraje y me quedé
Mientras vos viajabas
Ibas y venías y desvenías

Me quedé mirando distraído
Cómo todo pasaba
En forma de palabras
Y lenguajes exóticos
Pornográficos, recalcitrantes

Atónito lo miraba pasar
Mientras viajabas, vos
Con tus brújulas ausentes
Y una cuasi inexplicación

Después se me pasó la distracción
Pero entonces ya nos habíamos ido los dos



XL

Hoy reincidiría en tu boca
O en cualquier otra boca
O comisura o tiernos ojos grises
Que miren con desconfianza
Y sin embargo, el vacío
El vacío de poder
Sobre todas las sombras
Y elegir escribir
En lugar de hacer










No encendió luz alguna
Por Perez Artaso Ariana


El manto nocturno había caído con su habitual puntualidad de las ocho y cuarto, llevándose a los pájaros y a los diurnos ruidos, indicando que era el momento del descanso.
En el salón central de la mejor casa de esa manzana, la luz del farol de calle entraba tranquila y directa, como quien lo hace en un lugar conocido.
Así, los rayos eléctricamente impulsados viajaban desde la calle hacia la sala para iluminarlo mientras dormía, solo en la enormidad de la noche techada.
Ella no encendió luz alguna, no la necesitaba para caminar entre los muebles de la casa. Intuía cada paso y los daba con ligereza, disfrutando de esa oscuridad que la ayudaba a ser invisible.
Lo miró desde la puerta, dándose el tiempo necesario para llenarse los ojos con su figura. Él se encontraba, obediente, en el lugar de siempre, lugar que le fuera asignado 10 años atrás y que él nunca se rehusó a habitar.
Ahí estaba, creía oírlo desde la puerta, cada sonido de su suave, brillante y negro dormir con respaldo de ventana donde ella podía verse reflejada. La cabeza contra el marco de la puerta, la bata que cubría su camisón y el bidón en la mano.
Frenando la placentera por furtiva contemplación, una sensación de deslealtad comenzó a subir por su tobillo, pero un sonido ínfimo, un crujir de maderas sobre su cabeza le recordó a la bestia que arriba se arrastraba y pudo deshacerse de las culpas y cargárselas a otros.
Antes que el miedo a ser descubierta la invadiera del todo, caminó unos pasos hacia él y lo rodeó. Su cuerpo dormido se dejaba mirar. Respiró su olor. Lo conocía bien, lo tenía en sus manos, en cada dedo, debajo de sus uñas. Manos, las suyas, que habían crecido acariciando su cuerpo, haciéndolo vibrar, haciéndolo rugir, crujir, llorar.
-El mundo entre tu cuerpo y mis manos- pensó mientras apoyaba el bidón que traía en una mano y con la otra palpaba los bolsillos de la bata corroborando lo que ya sabía y le pesaba como bala de cañón.
El corazón le latía fuerte en el pecho, en las sienes y en la punta de los dedos. Sentía la vergüenza del débil que busca la salida más fácil, y por fácil doblemente imperdonable.
-Vos no tenés la culpa- le susurró tan despacio que no supo si lo decía o lo pensaba. De todas formas, era lo mismo.
Estiró su brazo, extendió sus dedos y lo acarició lentamente, regalándose por última vez la suavidad de su cuerpo que podría haber sido su cielo. Una descarga recorrió su columna congelando las gotas que por ella serpenteaban, aguijoneándole la existencia.
Ganando confianza se apoyó contra él y lo abrazó por donde pudo. Recordó las primeras épocas, gesto de misericordia de esos que regala la memoria, que ahora le dejaba invocar tiempos que pudieron ser buenos.
Evocó su niñez sentada a su lado, con su padre detrás, siempre detrás, observando sus movimientos. Nunca le perdonaría lo que había hecho de ellos. Los había arruinado de una vez y para siempre. Era el ojo que siempre observa, el gran no que marca lo incorrecto, y la ley que castiga los desvíos.
-Podríamos haber sido felices juntos-, le dijo, ahora un poco más fuerte por si él la escuchaba -Perdoname, no tuve fuerzas para decirle que no, que basta, que así no queríamos. Que a mí me gustaba tocarte ahí, donde no se podía y así, como yo sé que a vos te gusta-
Ella deslizó el cuerpo entero sobre el suyo, apoyando su cabeza contra su lomo, besándolo con tristeza mientras él se dejaba.
- Si todo volviera a pasar ya sabría como defendernos, pero ahora ya no, estoy cansada- ella giró su cabeza y dejó que el pelo le cubriera la cara, forma ingenua, tierna de esconderse. - Por años dejé que él nos viera, yo te tocaba como él quería. Me hacía acariciarte de esa forma tan distinta a mis ganas… casi no sentía los sonidos que dabas, pero podía intuirlos débiles, lejanos, un favor sonoro para evitar el golpe, el grito y dejarlo contento. Salvo esa vez- ella comienza a incorporarse, quedando sentada sobre él - estoy segura que te acordás. Esa tarde no quise que nos viera, que nos escuchara en eso tan nuestro y nunca íntimo- Sus pies tocaron el suelo, ya estaba parada frente e él - Sé que esa tarde escuchaste el ruido de mi bronca apretada entre los dientes, y por eso me vas a perdonar- dijo, mientras se alejaba de a poco. Tomó el bidón despacio, y con cuidado comenzó a rociarlo, mojándolo con ese olor que todo lo ganaba. De su bolsillo sacó una caja de fósforos y mirando hacia el techo encendió uno.
-Te mato a vos para no matarlo a él- Dijo, mientras el fósforo caía sobre el piano.

Pídele al tiempo, de Leo Bosio

Por Soledad Manes

Un espacio no convencional, un Palacio, el Palacio Barolo: entonces la acción de ver teatro en un espacio destinado a otro uso, se transforma en algo distinto que espectar teatro en un teatro.
En el inicio de Pídele al tiempo los espectadores somos guiados en penumbras por el subsuelo del Palacio a ver lo que ya no está, un esplendor ausente. Una construcción que posee muchas similitudes con La Divina Comedia de Dante Alighieri, pero que al parecer la necesidad ha transformado en oficinas. El recorrido culmina en el espacio generado para la obra teatral concretamente.
Pídele al tiempo es una obra sobre el amor y el desamor, que sostiene la hipótesis de poder viajar en el tiempo con la mente, ¿un pensamiento nos puede llevar a vivenciar el pasado? Y también es casi un musical, ya que está acompañada en todo el recorrido por canciones, canciones de amor. Los protagonistas pueden enamorarse de detalles, una voz, una imagen en una tapa de un disco. Una imagen del pasado pidiéndole al tiempo que vuelva.

Dramaturgia y dirección: Leo Bosio
Actúan: Leo Bosio, Lautaro Metral, Inés Palombo y Josefina Scaglione.
Diseño de imagen, escenografia y asistencia de dirección: Santiago Merino.
Fotografías: Sandro Pujia.
Puesta de luces: Sandro Pujia.
Diseño de vestuario: Melania Lenoir.
Composición musical: Lautaro Metral.
Producción: el dante producciones

Funciones: sábados 21 hs.Palacio Barolo, Av. de Mayo 1370 - Capital Federal


Tambo, de María Laura Fernández




Hay vaca encerrada



Por Belén Iannuzzi



No es una comedia musical pero cantan y bailan. Tampoco una película, pero los personajes miran a cámara con firmeza y son technicolor. Los Unzué Sanz Valiente escuchan discos de vinilo para pasar el tiempo y olvidar el encierro; es que no pueden salir del país… ¡ni de su propia mansión!
Al igual que en 8 mujeres, del director francés Francois Ozon, el dueño de un palacete -y de una importante riqueza- aparece asesinado, y sus tres hijas y el futuro marido de una de ellas son señalados por los vecinos como los principales sospechosos del crimen. Todos tienen algún secreto que ocultar y revelaciones que hacer.
Tambo es un policial criollo, un ejercicio de estilo (la casa aislada, la aristocracia que encuentra sus límites en sus propias estrategias, los roles subvertidos, la estética de las buenas costumbres, la ética de clases), un melodrama vintage del grupo de teatro Sambuseck.


Ficha técnica
Dramaturgia: María Laura Fernández
Dirección: Florencia Orlando y Viviana Aronno
Actúan: Sergio Calvo
Mariana Eramo
Malena Schnitzer
Elisa Bressán
Iluminación: Sergio Zanardi
Coreografías: Natalia Epelbaum
Escenografía y diseño gráfico: Sergio Calvo
Música: Alexis Estiz
Vestuario: Mariana del Valle Zabala

Sábados a las 23.30 en el VERA VERA, Vera 108
www.tamboteatro.wordpress.com







Una familia dentro de la nieve de Diego Brienza

Por Jimena Repetto

Brillantina y nieve de carnaval, una estética técnico-minimalista, textos que se fugan cuando la historia de dispersa y estalla. Una familia en la nieve es una extraña combinación que irrumpe y nos acerca a una familia desarmada que intenta, tal vez, un posible encuentro. Un padre comunista, una madre mucama, cinco hijas con extrañas afecciones de piel y un hijo superdotado se confrontan en el escenario planteando grandes interrogantes que buscan una respuesta. Las coreografías de los actores, con movimientos mínimos, le dan fuerza a las escenas y el espectador debe, entre los parlamentos, buscar la posibilidad de rehacer el sentido entre cada gesto y silencio como en un juego de pocas palabras.


Actúan: Mar Cabrera, Adriana Ferrer, Lucrecia Gelardi, Horacio Marassi, Vicky Massa, Gabriel Urbani, Carla Vidal
Voz en Off: Jesús Villegas
Vestuario: Cecilia Zuvialde
Escenografía: Cecilia Zuvialde
Diseño de luces: Mariano Arrigoni
Fotografía: Jorge Marino
Diseño gráfico: Bárbara Delfino
Asistencia de dirección: Gonzalo Uva
Prensa: Carolina Alfonso
Producción: Vanina Fabrica
Coreografía: Barbara Hang
Dirección: Diego Brienza

http://www.unafamiliadentrodelanieve.blogspot.com

ABASTO SOCIAL CLUB

Humahuaca 3649

Entrada: $ 30,00 y $ 20,00 - Viernes - 23:00 hs - Desde el 08/05/2009







Entrevista a Ezequiel Tronconi, autor, actor y director de Segundo Set









Por Jimena Repetto





Un gimnasio, timba, sexo, amores y el riesgo de caer en el abismo de vivir una vida a destiempo, cuando la adultez comienza y doce personajes se preguntan de qué se trata crecer. Segundo Set promete en código bizarro un mundo en el que una pequeña comunidad se reúne a sociabilizar en un gimnasio y a hacer del deporte un estilo de vida…aunque no siempre responda a lo que las propagandas de yogures venden como “saludable”. Ezequiel Tronconi, actor, autor y director responde a qué se debe y a quién, tanto disparate en Segundo Set, segunda parte de la trilogía que comenzó con Pelota Paleta y que espera cerrarse con la próxima Sauna.

¿Cómo te empezaste a vincular con el teatro? ¿Cuáles son los aprendizajes de un actor al pasar a la dirección?
Comencé a estudiar en un centro cultural en Devoto, con quien era mi preceptor en el colegio, Claudio Torres. Al principio por mera diversión, pero cada vez me lo fui tomando más en serio. Como actor, cuando empecé a dirigir, pude aprender a confiar más en el director, en su mirada. En que si el director pide algo, es porque está viendo el todo, hay veces que uno como actor hace cosas de más y no piensa en que hay otros elementos en la escena que también hablan. Eso también lo aprendí trabajando mucho con Luciano Cáceres, quien me dirigió en seis obras.



Desde Pelota Paleta –la primera de las tres obras que componen la trilogía de la cual participa Segundo Set- se ve que incorporás en tu estética elementos del disparate, ¿qué libertades te permite experimentar con lo bizarro? Por ejemplo, en la obra se incorporan elementos bizarros como Alf entrando a escena…
La mezcla de lo deportivo con los vicios apareció en Pelota Paleta. En Segundo Set decidí ir más a fondo, incluyendo timba y sexo en el propio gym. Antes de empezar a escribirla ya quería que actúe Alf. Al principio sin una utilidad especifica, sólo su presencia. Luego sí, tuvo gran importancia en el desarrollo de la acción. A su vez, esa misma libertad que me dio a mí escribirla, se la di a los actores, en el momento de componer sus personajes. Si bien yo tenía una idea de lo que quería de cada personaje, dejé que ellos propongan mucho y en base a eso iba guiándolos.

¿Cómo fue el armado del grupo de actores y técnicos de la obra?
Hay algo de intuición que manejo cada vez que armo un elenco. La verdad que esta vez, salió muy bien. Realmente el grupo es excelente en todos los sentidos. Con algunos actores vengo trabajando hace años y con Juan West trabajo desde el 2003. Algunos actores llegaron recomendados por otros o fueron ellos quienes, al ver Pelota Paleta, me llamaron para que los tuviera en cuenta para otra obra y decidí convocarlos.

Al ser doce actores, incluyéndote, en escena ¿cómo trabajás en los ensayos?
Desde el comienzo sabía que iba a ser muy difícil porque yo estaba dentro de la obra como actor también. Fue un trabajo que disfruté mucho. Cada ensayo era una fiesta. La consigna era divertirse. Trabajé mucho desde lo corporal en un comienzo y luego con lo emocional. Quería que cada personaje tuviera su particularidad sin caer en la parodia. Al ser tantos y por momentos con diálogos tan picados, hubo mucho de ensayo en base al ritmo, al tempo de la escena. Trabajé con la superposición de situaciones y el desorden organizado.

Durante el 2008 Segundo Set se presentó en el teatro El Cubo y ahora pasó a La Castorera ¿Cómo fue el cambio de sala y en qué modificó la puesta de la obra?
Cambió muchísimo. Siempre están buenos los cambios, los desafíos. El lugar es totalmente distinto, entonces tuve que cambiar radicalmente la puesta. El espacio ahora está dividido en dos niveles. El vestuario arriba y el gimnasio abajo. Obviamente eso modificó ciertas cosas de la actuación, además de la cercanía con el público.

En las dos obras de esta trilogía se notan claras referencias a los noventas, época en la que la mayoría de los personajes eran adolescentes, ¿cómo recordás vos tu adolescencia y en qué medida utilizaste esos elementos para escribir la obra?
La recuerdo con mucho cariño. Utilicé muchísimos elementos. El paddle, la música, el deporte, algo de lo que tiene que ver con la noche, con películas o miniseries que veía. Pero creo que el tema de la adolescencia y pre-adolescencia lo trabajé mucho más en Pelota Paleta y ahora en Sauna, que sería la tercera parte de esta trilogía que ya estamos ensayando. Es una comedia romántica, con toques estéticos del skate punk. Aparece mi influencia más cercana a lo punk mezclada con romanticismo y melancolía. Un reencuentro de un primer amor después de años sin verse, un sauna con amigos, el tiempo y el espacio. La amistad, el amor, los finales, los comienzos, la piel. Los poros que se abren. Estoy muy entusiasmado con el material y con el elenco. Hay tres actores de Segundo Set (Ezequiel Cipols, Esteban Coletti y Juan West), y se incorporan Salomé Boustani y Sebastian Berta Muñiz.

¿En qué otros proyectos estás trabajando ahora?
Como actor, filmé hace muy poco la miniserie Embarcados, que se realizó en un crucero que recorrió Brasil de sur a norte. La miniserie saldrá a partir de agosto en Internet y cuenta también con las actuaciones de Luis Ziembrowski, Ignacio Rogers, Lucila Mangone, Sol madrigal y Vanesa Weinberg. En agosto también se va a estrenar La Tigra, chaco, película que protagonicé y ganó el premio FIPRESCI a la mejor película argentina en el último festival de cine de Mar del Plata. Los directores son Federico Godfrid y Juan Sasiaín.









Segundo Set.
Viernes 22:00 hs en Castorera, Cordoba 6237
FICHA TÉCNICA
Actúan: Paula Carruega, Ezequiel Cipols, Esteban Coletti, Laura Cymer, Diego Gatto, Clara Hails, Lucas Merayo, Agustina Quinci, Juan Manuel Rodil, Ezequiel Tronconi, Juan West.
Dramaturgia y Dirección: Ezequiel Tronconi
http://www.segundo-set.blogspot.com/