JIMENA REPETTO




Dancing Queen

Bailé con otro esa noche
y te encantó tanto
que dejaste a tu novia.

Es extraño el amor.

Si no me hubieras visto nunca más
o yo me hubiera ido con él

no tiene sentido pensar en eso.

Me llevaste a mi casa
sin saber mi nombre.

No habías dado ni un solo paso
pero acelerabas en las luces
sólo las rojas.

Ahora te olvidaste de cómo me decías
y yo todavía bailo con extraños.




Violetas, absurdos, brillantes

Fuimos a la fiesta
no quería drogarme ni
necesitaba hablar de Murakami tampoco
comer humus

no creía ser tan interesante.

En ese circo eras mi mago,
el único que sacaba conejos de la galera
violetas, absurdos, brillantes.

Con el tiempo no hubo más ilusiones.

A veces en las fiestas busco
hombres con galeras

sacan conejos blancos de orejas rosadas
piensan que son tan deslumbrantes

y me da igual.




Amor

Nunca supe de memoria
la fórmula del volumen

estoy segura
lo que había fue hacia algún lado
no pudo perder su peso, su cuerpo
su dirección.

Debe ser que la nada
siempre es algo para alguien
y depende

pero esto,
jurame,
no puede ser verdad.






Ensayo espontáneo acerca de las ciudades en el cine
Por Vivian García Hermosi

1

Últimamente me está interesando las representaciones que se ven a través de la pantalla grande acerca de las ciudades.

Me puse a pensar que hay algo taquillero en poner el nombre de una ciudad en el título de una película.

Distintos directores de distintas procedencias utilizan el mismo recurso. Perdidos en Tokio, El último tango en París, Un príncipe en New York, Manhattan, Mamma Roma, son algunos títulos que recuerdo en este momento.

Apenas repito sus nombres como en una suerte de tutti frutti de libre asociación la imaginación viaja por caras, lugares, situaciones, vivencias ficticias y, sin embargo, tan reales como esos puntos en el mapa que, a través del cine, conozco y no conozco todo el tiempo.


(Continuará el siguiente miércoles...)

Dirección Melisa Brito Aller. Actuación Jimena Repetto

LOS SONIDOS DEL SILENCIO

Por: Clarisa Anabel Pozzi

Hojeaba las obras completas de Alejandra Pizarnik y me detuve en un artículo titulado “La música y el silencio”, incluido dentro de una serie bajo el nombre de “Pasajes de Michaux” y tras sorber un mate comprendí la síntesis de sus palabras: “los sonidos de la música pueden acabar con los duros bordes de las cosas”, sentencia Alejandra.
La escritora desconfía de las palabras, “el silencio es mi voz, es mi sombra, mi llave…”, dice, las palabras se le imponen al silencio, vienen a explicar, a revocar, a justificar y ella se siente asfixiada.
Palabras como “signos con lo hostil que acecha”, entonces Pizarnik propone una superación de la antítesis silencio/palabra y la encuentra en la voz del piano, “compañero que no me observa – reflexiona la artista – que no me evalúa, que no toma nota, que no conserva huellas, compañero que no exige, que no me obliga a prometerle nada”.
El piano siempre está listo, con él todo es simple, sólo hay que acercarse. Ella trae sus obsesiones, su tensión, su opresión mientras él canta. “Acercarse al piano y dejar que cante es acercarme al piano y dejarme cantar”, sintetiza.
Alejandra transforma ese encuentro con el instrumento en un lugar de aprendizaje donde todo se vuelve búsqueda, entonces es allí que cuestiona, ausculta para, de a poco, acercarse al problema del ser.
Se identifica con Michaux que, según expresa la escritora, “quiere una música para pedir auxilio en el horror, en el no saber, una música para que diga de su desposesión, una música no parecida a ninguna otra sino solamente parecida a él, música para reconocerse, para decir su nombre, una música que señale su lugar, que exprese su carencia de un lugar”.
Shopenhauer, en “El mundo como voluntad y representación”, define a la música como “un arte grande y admirable, que obra de manera poderosa sobre el espíritu del hombre, que repercute en él de manera tan potente y magnífica, que puede ser comparada a una lengua universal, cuya claridad y elocuencia superan en mucho a todos los idiomas de la tierra”.
“El efecto de la música – continúa – es mucho más poderoso y penetrante que el de las otras artes, pues éstas sólo nos reproducen sombras, mientras que ella esencias, de aquí que en el compositor, más que en ningún otro artista, el hombre está completamente separado del artista y sea distinto de él”.
Alejandra, casi como una premonición, afirma “como un llamado al suicidio, como un suicidio comenzado, como un retorno perpetuo al único recurso: el suicidio, una melodía”, una melodía pobre que “le sería necesaria al mendigo para decir sin palabras su miseria”, concluye.
En su poesía habla la escritora de un deseo de “entrar en el teclado del piano para entrar adentro de la música, para tener una patria”. El silencio aparece como una tentación y una promesa, aunque ella nunca deje de sentir un inagotable murmullo que le hace dudar de la existencia de ese silencio.
En los poemas de Pizarnik hay “un perpetuo decir acerca de algo que parece estar diciéndose en otra parte”, según sus propias palabras, “es como si se ejecutara, digamos al piano, una melodía de sonidos y silencios perfectamente separados que, simultáneamente, está siendo ejecutada, pero sin silencios, dentro del piano”, precisa.
La música aparece como la clave para aquietar esas voces que la inundan en el silencio, el lenguaje aparece como pretexto para el silencio, como una manera de expresar “una fatiga inexpresable".
“Las ondas pequeñísimas de la música nos consuelan del insoportable ‘estado sólido’ del mundo, de todas las consecuencias de este estado, de sus estructuras…El tiempo, gracias a ella, se vuelve agradable de saborear”, finaliza.
Matías Laje
narrar sin prosa



apagaste
la luz de la cocina

y desde el patio a oscuras
apareciste

nocturna
arrastrando los harapos
de todo eso que dejabas atrás

no sé
si fue mi música
o mi luz
lo que te atrajo

pero cuando te vi
tuviste la delicadeza
de no dejarme solo





el otoño


te favorece

la noche no es igual
para los dos
aunque nos veamos más hermosos
cuando somos opacos

y para los lindos y las lindas de este mundo
la nada

para mi malestar
que es otra piel
tres o cuatro cuadraditos
de papel higiénico
doblados
sin amor

para tu forma de ser
la nada también




pastillas

una polilla más rendidora
que la polilla más grande

ahora te llamás
igual que antes

poesía y diseño
se dicen amor
Que Pena Me Dás
Corto antifascista realizado con material extraído de films y de archivos de Internet. Conjunto de imágenes que se suceden en base a un tema musical de Manal llamado: Que Pena Me Dás.

Título: Que Pena Me Dás.

Realización: Manuel Pose.

Origen: Argentina.

Año: 2007.

Duración: 7 minutos.



Grandes "monologos" de Kevin Smith sobre Tim Burton (subtitulados en español)
Por Federico Pistarini

Kevin Smith que nos ofrece un perfil de Tim Burton que ningun medio se animó (o animaría) a mostrar. Es una charla que dió en una universidad pero la verdad es que se asemeja mas a un show de stand-up.

Sobre la version de Superman que Tim Burton nunca llego a terminar




Sobre Tim Burton en si



No se de ustedes, pero yo me entristecí cuando terminaron, podia haber estado toda la noche viendolos.
LA CUESTIÓN DEL ARTE

Por: Clarisa Anabel Pozzi

Cuando la muerte se hace presente aparece la imagen de la nada donde todo es incertidumbre. A este nihilismo absoluto se contrapone la imagen esperanzadora de un dios y de estas dos visiones también es posible alcanzar una tercera que es el arte como síntesis superadora de esta dicotomía.
A través del arte se ven representadas la lucha de fuerzas del bien y el mal, lo apolíneo y lo dionisíaco, Dios y la nada. El hecho artístico es la plasmación de una sensibilidad, es según palabras de Nietszche, “sensualidad inteligente”.
El artista como creador genera un universo compuesto de reglas que están presentes aún ante la manifestación del caos, porque detrás de un mundo caótico se deja entrever la imagen del equilibrio necesario para que la obra adquiera su sentido último.
Lo feo, aunque resulte paradójico, está revestido de belleza, porque el horror, lo desagradable también es arte y esconde su luz en el ocaso; como una puesta de sol sin sol pero sabiendo que el astro de luz a pesar de la oscuridad está presente.
De las artes es la música la que más nos abarca, porque el sonido nos inunda los demás sentidos y permanece en nuestra mente. Es común la relación de una melodía con un momento vivido, es decir, que la música se transforma en vehículo del recuerdo.
También el leitmotiv o hilo conductor une una situación o personaje a una melodía tornando la música como un elemento casi narrativo, así hizo Wagner con su Tristán. Los temas de la ópera se entretejen en el preludio pero no se mezclan.
La pintura plasma colores, formas y texturas. El amarillo de Van Gogh semeja más que un color, es casi un tema, es la pintura de la ensoñación cercana a la locura. Estamos en el límite de lo posible.
La literatura es el campo de la imaginación plasmado en un papel. Viajero es el escritor que emprende una obra y abre caminos insospechados. Su pluma corre recreando lugares y situaciones, los personajes tienen vida propia, por momentos nos olvidamos de su creador.
Recorremos una exposición como quien recorre un buen libro, cada pasillo es un capítulo aparte, los colores dibujan perfiles, las líneas delimitan contornos, la luz nos invita al encuentro, recreamos la historia de cada cuadro.
Visitar un museo nos modifica. “Después de visitar un museo, no se sale de él con el mismo sentimiento vital con el que se entró: si se ha tenido realmente la experiencia del arte, el mundo se habrá vuelto más leve y luminoso”, afirma Gadamer.
El arte es juego, Hörderlin decía que “la poesía es la ocupación más inocente de todas”, inocente porque aparece bajo la forma del juego, fuera de la seriedad de las decisiones que en todo momento son “debidas”.
“La necesidad de volver a jugar el juego puede ser observada – explica Gadamer – en el caso del artista que vuelve una y otra vez a su obra, y también en el caso del espectador que vuelve una y otra vez a ver la misma pieza que atrajo su atención, que vuelve a escuchar una y otra vez la canción que lo cautivó”.
El arte es participación, jugar supone jugar con alguien y a la vez formar parte de algo. El arte moderno, por ejemplo, a través de las instalaciones rompe la distancia entre la audiencia, el público y la obra.
El contemplador, el espectador, ante una obra dadaísta como la “Bicicleta” de Duchamp vuelve a verse en la situación de tener que preguntarse y decidir si dicho objeto puede tener derecho a ser o no arte.
H. R. Jauss explica: “se elige una rueda delantera y su montaje sobre un taburete, al tiempo que se exige al espectador un esfuerzo desproporcionado: estéticamente sólo podrá disfrutar del objeto, sentirá la provocación de la anti-obra de arte, si evoca el canon del arte anterior –esto es, el de la apariencia bella- y también, además, en la medida en que busque por su cuenta la significación de ese objeto, al parecer indiferente a todo”.
El concepto de arte tambalea, “la provocación de Duchamp – dice Peter Bürger- no sólo descubre que el mercado de arte, que atribuye más valor a la firma que a las obras sobre la que ésta figura, es una institución cuestionable, sino que hace vacilar el mismo principio del arte en la sociedad burguesa, conforme al cual el individuo es el creador de las obras de arte. Los ready-mades de Duchamp no son obras de arte, son manifestaciones”, concluye.
El arte es aquello que perdura más allá de los hombres, se inicia así el camino de la trascendencia, el arte es entonces superador de tiempo y espacio; ajeno a toda idea de progreso se sobrepone al mundo abarcándolo en toda su inmensidad.
Umo, cabaret mágico
Por Mariana Levy

Ayer, desde el escenario del Konex, en su espectáculo “De noche” Alejandro Tantanián bromeaba sobre el eclecticismo de su repertorio, de cómo convivían un aria de “La flauta mágica” y un tema de Ricardo Arjona, por ejemplo. Tantanián increpaba al público y preguntaba que por qué resultaba extraño, si todos los días con un control remoto en la mano (o con un mouse accediendo a la gran net) estamos acostumbrados a pasar en menos de un segundo de una cosa a otra absolutamente disímil.

Ese es justamente el criterio de selección que se utiliza para el encadenamiento de los cuadros en la obra de Adrián Ferrán, podríamos decir que cada uno de los temas está “a un click de distancia”. Este criterio que parece muy moderno retoma en realidad algo muy clásico: el espectáculo de variedades, con mago incluído.

“Umo, cabaret mágico” es un espectáculo de mucha calidad, divertido, ecléctico, colorido, pero sobre todo honesto. Es evidente que sus interpretes se divierten muchísimo con lo que están haciendo y que Adrián Ferrán –autor, director, productor general, iluminador y ¡hasta diseñador de vestuario! del espectáculo- se dió más de un gusto personal en la selección de las canciones para cada uno de los cuadros. Y eso desde la platea se disfruta mucho. Aunque uno no deje de preguntarse “¡¿cómo se le ocurrió usar este tema?!”.

Pero la incredulidad dura poco, un poco más dura la decepción por el playback que acompaña casi todo el espectáculo –sobre todo porque los pocos temas que están cantados en vivo ofrecen excelentes interpretaciones-. Pero incluso el playback tan molesto al principio se empieza a agradecer promediando el espectáculo cuando se entra en el código lúdico, paródico y festivo que recorre los cuadros. En este sentido es como si nos transportáramos a las mejores épocas de los shows de travestis de El Dorado o de El Morocco, nada más que con más producción, más participantes y mejores vestuarios, pero con el mismo nivel de delirio, desparpajo y talento rebosante.

¿Hace falta aclarar que me encantó? Y creo que me gustó tanto porque me sorprendió, no esperaba gran cosa de un espectáculo en una sala que no es suficientemente grande para un musical a gran escala, pero incluso esto el espectáculo lo toma a su favor creando un clima intimista y de complicidad y poniendo bastante énfasis en la actuación y los pequeños gestos que acompañan el baile, cosa que en una sala más grande se hubiera perdido. El único lugar mejor que se me ocurre para albergar el show es un cabaret real, con mesitas y mozas sirviendo whisky.

Un párrafo aparte merece la ¿“primera vedette”? Chachi Telesco. Tampoco esperaba gran cosa de ella después de su mediática aparición teniendo sexo por you tube y su aún más mediática desvinculación de High school Musical, la selección, hechos que hicieron que aprendamos su nombre –y un par de cosas más-. La señorita Telesco no solo está a la altura de la calle Corrientes sino que no sé si la calle Corrientes va a estar a la altura de Miss Telesco dentro de un par de años. Talento y belleza por donde se la mire, pero de los buenos, de los que vienen con la explosiva combinación de dotes naturales y evidentes años de estudio. Me siento en la obligación de disculparme por mis prejuicios.

Y el broche de oro del espectáculo, y el súmun del playback –con diálogos doblados al español incluídos- es la recreación paródica de Cenicienta versión Disney con Adrián Ferrán en el rol de Cenicienta. Ya es hilarante de por sí, pero si a esto se le suma que en el elenco hay alguien a quién Disney enterprises echó de uno de sus programas por no entrar en sus cánones de decencia o algo así, se le suma al humor un plus de gustito a revancha que para quién capte el chiste es más que festejable.


Ficha técnico artística

Autoría: Adrián Ferrán
Actuan: Adrián Ferrán, Marcelo Iglesias, Bruno Lázzaro, Diego Nocera, Horacio San Yar, Fernanda Telesco, Emanuel Zaldua
Iluminación: Adrián Ferrán, Jorge González
Peinados: Eduardo Magali
Diseño de vestuario: Adrián Ferrán
Diseño de escenografía: Pablo Queipo
Realización de escenografia: Pablo Queipo
Realización de vestuario: Enrique Betancourt, Pablo Simón, Remy Villalba
Realización de pelucas: Roberto Mohr
Fotografía: Jorge Miño
Asistente de producción: Gisela Corizzo
Producción ejecutiva: Cipriano Velazquez
Producción general: Adrián Ferrán, Cipriano Velazquez
Colaboración artística: Emanuel Zaldua
Jefe técnico: Luís Ventinelli
Coreografía: Bruno Lázzaro
Dirección: Adrián Ferrán

Prensa: Duche & Zarate
UN RECORRIDO POR “CASA TOMADA”

Por: Clarisa Anabel Pozzi

“Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia”.
Así describe Cortázar ese universo que, según él declaró en una entrevista fue parte de un sueño y del que surgieron multiplicidad de explicaciones, desde la metáfora del peronismo hasta la imagen del paraíso con Adán y Eva.
El mismo escritor es quien manifiesta que si bien se trató de un sueño no descarta la posibilidad de que esos hechos sean la respuesta inconsciente a algún fantasma que lo atormentaba.
Como explica Jung “Si habla de sol, identifica con él al león, al rey, al tesoro de oro custodiado por el dragón y a la fuerza vital o “salud” del hombre…Nunca debe hacerse uno la ilusión de que un arquetipo puede finalmente ser explicado y, por consiguiente, liquidado”.
A partir de aquí lo maravilloso del arte que puede aparecer como reflejo de una realidad vivida y que permite reflexionar sobre esa realidad e intentar cambiarla; “el arte es necesario para que el hombre pueda conocer y cambiar el mundo”, afirma Ernst Fischer.
De vuelta en el relato nos sumergimos en el conflicto de dos hermanos que comparten una casa y que, poco a poco, sienten que son desalojados. Pero ¿quién los desaloja?
“…escuché algo en el comedor o la biblioteca – describe Cortázar -. El sonido venía impreciso y sordo…Me tiré contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad”.
La narración está enmarcada en un clima de opresión pero lo llamativo es que los habitantes de la casa no se rebelan contra ese malestar y se dejan llevar por la inercia de tener que ir cerrando puerta tras puerta hasta ser desalojados.
Los personajes matan el tiempo, su vida consiste en llenar huecos para que el tiempo pase; ella teje, él ordena la colección de estampillas, ambos sucumben al ritual, hasta que él pronuncia la frase fatídica: “…poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar”.
Podemos creer que este no pensar nos ocurre a muchos de nosotros cuando estamos frente al televisor, en una actitud totalmente pasiva, donde no atinamos a reflexionar ni a preguntarnos por lo que nos rodea y dejamos de lado toda actitud crítica; pasamos el tiempo así alienados en torno a la pantalla.
Los protagonistas del relato están en silencio, son como una pareja, cada uno es “el otro él mismo”. “El arquetipo de la sombra – según Jung – simboliza nuestra otra parte, nuestro hermano tenebroso del que no nos podemos separar. Integra una parte del individuo, una especie de desdoblamiento de su ser, que se halla unida a él como su ‘sombra’”. Magnifican entonces los sonidos de las agujas de tejer o el girar del papel en el álbum de estampillas, el crujir de los pasos o la simple respiración al dormir.
Cada uno es consciente del otro en todo momento: las voces de ella al soñar provocan que él se desvele; ella sabe cuando él no puede dormir porque oye caer el cobertor. No hay intimidad para estos seres.
El cuento relata que los hermanos son expulsados de la casa en condiciones que no son claras, tiran la llave por la alcantarilla para evitar el riesgo de que “cualquiera intente entrar con la casa tomada”.
Cortázar presenta unos seres opuestos a lo que él pensaba del tipo de lector que le interesaba, un lector que se cuestiona, que indaga, como dice Fisher “un individuo que se rebela contra el hecho de tener que consumirse dentro de los límites de su propia vida, dentro de los límites transitorios y casuales de su propia personalidad. Quiere referirse a algo superior al “yo”, algo situado fuera de él pero, al mismo tiempo, esencial para él”.
El arte proporciona esta capacidad de ir más allá de las cosas que tenemos a simple vista, de la pantalla del televisor que nos adormece; “con el arte buscamos unir el ‘yo’ limitado a una existencia comunitaria, convertimos en social nuestra individualidad”, concluye Fisher.
Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen, 2008
Por Nadia Zimerman


Only unfulfilled love can be romantic



Es ésta una premisa central en Vicky Cristina Barcelona, el retorno a las fuentes de Woody Allen, que se recupera con creces de sus fallidas últimas entregas.
Retorno a las fuentes porque en esta película vuelve a demostrar su maestría en el esculpido de personajes con multiplicidad de matices, en la construcción de diálogos fluidos, leves y profundos a la vez que se acercan al nivel de los de Hanna y sus hermanas, Maridos y esposas, Annie Hall o Manhattan.
En este caso la convocatoria a actores de ‘candelero’ es eficaz; empezaba a resultar irritante el coqueteo que venía teniendo el director con estrellitas de moda en las últimas películas que, lejos de justificar la vacuidad de los personajes interpretados, la acentuaban; como el caso de Colin Farrell y Ewan Mc Gregor en El sueño de Casandra o el de Hugh Jackman y la misma Scarlett Johansson en Scoop por ejemplo; o el de Christina Ricci y Jason Biggs en La vida y todo lo demás.
En cambio, la elección de Penélope Cruz y Javier Bardem (aparte de Rebecca Hall, revelación en el rol de Vicky) además de avalar como exponentes locales el escenario de fondo, es un acierto para Vicky Cristina Barcelona. Allen les arranca lo mejor de sí, recuperando la lucidez y la frescura tanto para la dirección como para un guión que manifiesta su solidez en el ritmo inesperado y la interacción química de sus personajes, siempre en movimiento.
La dinámica del triángulo es lo que posibilita esta vitalidad; es el motor de una historia donde el punto de apoyo de los vértices pivotea y se traslada no sólo entre los tres personajes principales sino también hacia los cuatro restantes que protagonizan el film. La figura del triángulo, atávico tema de la fantasía del deseo, con su equilibrio inestable, su tambaleo permanente, su volatilidad garantizada, es la geometría que determina la verdad campeadora de la película desde los tres componentes del título: “sólo el amor insatisfecho, incompleto, puede ser romántico”.
La relación que tienen los personajes de Penélope Cruz, Johansson y Bardem remite por momentos a la que tenían Lena Olin, Juliette Binoche y Daniel Day Lewis en La insoportable levedad del ser, otro trío donde el erotismo implicaba raíces afectivas profundas que enredaban a cada protagonista al punto de impedirle funcionar sino a través de los otros dos. Pero lo fundamental de esta coincidencia es la relación entre los elementos femeninos; María Elena (Cruz) insta a Cristina (Johansson) a fotografiarla en un juego de seducción que replica el de aquella versión sobre el libro de Kundera, donde Sabina (Olin) y Tereza (Binoche) se vinculaban eróticamente en una sesión de fotos, y el hombre (Day Lewis, en este caso Bardem) pasaba a un segundo plano.
Es que Woody Allen, veterano fascinado por las mujeres, logró conocerlas como nadie (al menos en la ficción). Su ‘entomología’ de la naturaleza femenina, el romanticismo de Allen, que se gesta, nace y se nutre del arte de la palabra, se emparenta, dejando de lado a su admirado Bergman, con el de Eric Rohmer y sus mejores colegas y discípulos de la nouvelle vague. La relación entre los personajes de Bardem y Cruz en Vicky Cristina… encarna a su manera aquel lema de La femme d’à côté (La mujer de la próxima puerta) de Truffaut: “ni contigo, ni sin ti”.
Uno desearía tener para la vida esa capacidad dialéctica tan precisa, lúdica e invaluable que posee Woody Allen, y que en Vicky Cristina Barcelona resurge en toda su magnitud. En un viaje que parece transmitir, a partir de la incomodidad burguesa de sus personajes -designada en la película con el certero término restlessness (impaciencia, agitación, inquietud, imposibilidad de descanso)- que lo único que podemos tener por seguro es… el cambio.



Vicky Cristina Barcelona
Woody Allen, 2008
Con: Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Javier Bardem, Penélope Cruz.
Musica: Andra Borlo en Buenos Aires

Por Soledad Manes
Andra Borlo recuerda a muchas otras cantantes, que no voy a nombrar porque son horrendas las comparaciones, de todas formas todas muy buenas cantantes venían a mí memoria auditiva mientras escuchaba a Andra; pero en esa multiplicidad radica su estilo y su valor. Es todas en una, es muchas voces. Y nos deleita con un folk, una canción de 1840 en suizo al estilo blues, un gipsy swing, tango de estilo cabaret. Sí, ¿es capaz una suiza de cantarnos un tango a algunos argentinos? Sí, lo es porque canta con motivos, con entrañas, una historia que la involucra a si misma y comprende que el tango sin tener a quien lo canta involucrado no tiene sentido. Para que se sepa, me gustan las/los cantantes que no apelan a la prolijidad como formula para el éxito; me gustan los que cantan con sangre y las tripas en la mano porque hay algo que necesitan expresar.
Andra lo logra, demuestra que se puede cantar un tango en inglés, más de uno leerá esto horrorizado, yo aconsejo que vaya a ver a Andra Borlo sin prejuicios.
Ella nos hace un pequeño regalo, entona Bésame mucho, con exigencia, como un reclamo a todos esos hombres esquivos que se niegan a besarnos en público. Y nos conmina a todos a hacer coro junto a ella en una especie de reclamo, y todos los presentes entonamos un Bésame! Be-sa-me! junto a Andra y sus músicos, porque además está acompañada de unos muy buenos. A esa altura del show estamos entregados y creemos que es muy justo el pedido de un beso, porque confiamos en Andra y su música, porque nos parece sincera y simpática. Nos dejamos llevar por sus relatos, entramos en complicidad. Para recomendar When I was a Butterfly y Where Does Love Go.
Pueden ver de nuevo a Andra el sábado 21 de este mes.

Presentación de su disco Pieces of Buenos Aires
Andra Borlo
Pablo Gimenez /bajo
Carlos Ramírez /guitarra
Fernando Samalea/ batería
Santiago Castellani / trombón
Alejandro Teran/ viola
Pablo Juiz /bandoneón
DOS HOMBRES Y UN ARMARIO de ROMAN POLANSKI

WIN WENDERS (entrevista)

School in the Crosshairs de Nobuhiko Obayashi
Por Federico Pistarini

Un antiguo integrante de la redacción, Zacarías Glass, me dijo una vez que si quería vivir en el mundito de Blade Runner no tenia que viajar al futuro, sino que hacia los 80’s e instalarme en Tokio. No le presenté ninguna objeción, pero me puse a pensar “¿como era la ciudad de Blade Runner de día?”.

Y la respuesta la encontré aquí con La Escuela Marcada (traduccion literal pero que suena tomada de los pelos). Sin querer serlo, pero inevitablemente siéndolo, la película resulta ser un documento de la época. Tokio en los 80’s era juventud en patines (se ve que la moda llego tarde ahí), colores, uniformes de marinero, bailes descoordinados, y música pop.

Lo que si había en la película y no estoy muy seguro si existieron en serio eran adolescentes con superpoderes, adolescentes “villanos” (¡y con superpoderes también!) y extraterrestres que venían de Venus y que también sabían manejar (capaz vinieron en auto).

Según Wikipedia no había (pero ojo, wiki tampoco es de fiar), lo que es una lastima, porque hubiese estado bueno. Tan bueno como las películas de Obayashi, que es una lastima para nosotros, pero menos de la mitad tienen subtítulos, y las que lo tienen, solo están en ingles. La Escuela Marcada esta lejos de ser su obra maestra (que es Hausu con su gato con poderes raros). Sin embargo es imposible no disfrutarla, es como tomarse un Torpedo a mediados de enero al lado del obelisco.

La trama, sobre una escuela cuyo promedio general empieza a decaer notablemente y a sus alumnos la verdad no les puede importar menos, toma relevancia con la aparición de la de chica “rara”. Hasta ese momento teníamos bailes que supuestamente eran espontáneos (y ridículos), patines, colores y mucha felicidad, pero no se compara con la aparición de esta bonita e intimidante estudiante japonesita que es transferida de no-se-sabe-cual establecimiento. Su entrada es genial: Llega a la escuela y ve que hay tres muchachos debajo de las escaleras intentando verle las pantis a las estudiantes. Indignada por la situación y por que nadie haga nada al respecto usa sus superpoderes y deja ciegos a los pobres muchachitos cuya única culpa fue haber estado en medio de la pubertad. Y ahí pensé: esta chica es jodida, es como nuestra jefa de redacción.

Cansada de tanto libertinaje escolar esta preciosa villanita usa todo su poder de persuasión para convencer a los alumnos de que la escuela necesita orden. Y la verdad que lo hace bien, porque los alumnos están de acuerdo con la idea de tener reglas y crear un orden. Logra ser presidenta y representante de los alumnos y con sus métodos estrictos logra que el promedio de la escuela suba y luego se arma una suerte de policía colegial encargada de reprimir a los vagos y los que estén en contra del sistema. Al aumentar el rendimiento de los alumnos, los directivos del colegio hacen caso omiso a lo que esta sucediendo. De a poco deja de ser la escuela marcada para ser algo así como la escuela fascista donde nadie puede mascar ni un chicle. Aunque ahora que lo pienso se parecía y mucho a mi colegio. La diferencia es que la película esta planteada de un punto de vista muy pop, chupetines y patines y mucha psicodélia, y mi colegio lo único de pop que tenia eran las chicas que escuchabas Britney, y lo único psicodélico era la fea combinación de colores de mi uniforme.

Me falto hablar del personaje principal creo, es la alumna con mejor promedio de la escuela, y sobre como llega a tener sus superpoderes, como los usa y eso, y del extraterrestre de Venus también, o del mejor amigo capitán del equipo de Kendo (es Japón y no hay quaterbacks). O del nerd malvado con anteojitos de mucho aumento incluidos. ¿Pero para que? Si la villanita ya al final con el flashback de su infancia feliz logro robarse mi corazón. Es mas, debería escribir una nota que se llame “La villanita de La Escuela Marcada

En fin, este tipo de películas hacen que mis fines de semana sean un poco menos tristes y un poco más patéticos. La diferencia con las otras es que con esta me dieron ganas de volver a la época donde los patines tenían 2 filas. Para poder bailar… pero con los patines puestos.

Trailer (sin subtitulos, pero no son necesarios)



Titulo original: Nerawareta Gakuen
Título Internacional: School in the Crosshairs
Dirección: Nobuhiko Obayashi
Origen: Japón -1981
Guión: Taku Muyumura (basado en su novela)
Actores: Hiroko Yakushimaru, Ryôichi Takayanagi, Kaori Mizushima

La suerte de Emma (Segunda opinion)

Por Soledad Manes
Una mujer mata a un chancho; con amor, con dulzura, le da besos, cuenta hasta ocho y muere el chancho.
“¿Te asustás si mato un chancho?”
De chica mi respuesta era sí. Hoy la respuesta es no, si Emma lo mata con tanto amor es imposible asustarse. “La suerte de Emma” es una película sobre los límites del amor. La historia que nos cuenta Sven Taddicken, su director, es la de Emma en su granja, con sus cerdos, gallinas, gansos; y la de Max caído por obra del destino en la granja de Emma. Una historia de amor que nos hace llorar entrecortado (casi con hipo) y que nos renueva las ganas de hacer el amor al aire libre, sobre el pasto crecido.
¡Ojo! Para los que piensen que es una sensiblería, no es así: también pueden ver sangre, carreras de autos, choques, robos. Y amor…
Porque sobre todas las cosas es la historia de seres humanos muy vivos, y con mucho amor para dar y recibir.
La recomiendo con una alegría inmensa para quienes estén enamorados y para aquellos que piensen que el amor los puede sorprender en cada detalle, en la vuelta de cada esquina. Que los puede encontrar en un gesto, en una palabra.
Y como dice la canción en su final: “¿Serás tu el que me encuentre sana y salva?”
Yo por ahora espero que Max siempre encuentre a su Emma.

Título original: Emmas glück
Dirección: Sven Taddicken.
Guión: Claudia Schreiber y Ruth Toma.
Intérpretes: Jördis Triebel, Jürgen Vogel, Hinnerk Schöemann, Martin Feifel y Karin Neuhäuser.
Año: 2006.
País: Alemania.
Duración: 99 minutos.
LEV YILMAZ












Ma. Victoria Dentice
KAHUN OTHULA LAGUZ

Como yo estrangulé a los tulipanes,
Él estranguló a una mujer,
Esa noche el cielo se acomodó sobre un cogote
Como un colapso el clima cedió dócilmente.

Frente a la mañana que punza se agrandaron las grietas
/ los puños cerrados del recién nacido sobre la hornalla./
Tu abdomen se contorsionó pálido
como el ojo de un dios que observa todo desde un ombligo.

Te estás sosteniendo tranquila el azabache de las pestañas
él sigue enmarañado a tu garganta
ascendiendo a pequeños pasos con su miembro inmóvil
-sin avisar si el sol sufre otro paro cardíaco-

El tiembla encima y no habla de lastimaduras,
Tampoco sabe si sería capaz de magullar,
Mientras cuenta tus dones como perlas que podría poseer
yo me agazapo profunda en la ostra del pecho buscando aire puro,
Oníricas promesas de azufre que nos masturben el corazón.

Toda la noche buscaron un cuerpo junto al acantilado,
pero no pudieron hallarte.



AHOGADOS


En esta noche -presencia- en la que me sedimento,
me pienso en la pavura que camina desde vos,
tras la noche azul, imperceptible,
entro callada en tus aguas
-aguas venidas desde la desgracia y el desamor-
seco la sangre del interior de tus venas
-allí donde las excoriaciones hacen el amor con las cenizas-
dentro del decorado del pecho donde los peces aún devoran
ángeles inquietan las superficies que la voz no dice,
-pero tampoco nadie dice tus labios-
todavía detrás de este error,
hay una vos que se asfixia
hay un sol que se cae
-el océano es profundo y yo estoy llena de sangre-
tu sombra grita en voz baja que la están prendiendo fuego.
Es el horizonte sin ojos, hijo mío.

Todavía estoy trabando amistad con tu garganta que tiembla.*


FLOR EN LLAMAS


Siento la tristeza
de tender la voz
hacia el que me llama.

Por única vez en mi nombre
asisto
a este cementerio de luces
a este encuentro de tenerme
atada a un crepúsculo sin presencia.

Es mi cuerpo que baila
azul celeste y de todos los colores
sobre todo lo negro
lo estéril
lo fragmentado

la sed sin reposo y sin sed

un grito que me abandona en mi pobreza de ángel
en mi idioma lleno de hongos y escudos.

Es la noche que baila sin mí
donde yo muero
LUCAS BALDUCCI
Ahora que tengo una bicicleta

Llega el día
que me fui
sin antes decirte
tres cosas
nada importantes
las tres cosas,
o al menos
eso parece hoy
que pasaron los años
debajo de los ojos.
En otras circunstancias
me pondría triste
pero no ahora
que tengo tinta en los dedos
que pasaron los años
debajo de las alfombras.
Yo no sé qué decir
sin embargo nunca me callo
maldito hábito
o síntoma
de estupidez.
En otra ocasión
me hubiese puesto triste
pero no ahora
que tengo una bicicleta
que pasaron los años
debajo de las persianas
cerradas de mi dormitorio.



Esto no es un recuerdo

Flotaba, aquel verano me dediqué a flotar
y a cortar flores del jardín de la casa de mi amiga.
El tiempo transcurrió tan lento como pudo.
También llovió. Fue una bendición.
Vos y yo encerrados en mi cuarto;
jugábamos ajedrez, flotábamos.
El mundo se olvidó de nosotros
que éramos altos como palmeras
y vestíamos el aroma de la inocencia.
Yo que siempre fui un incrédulo
tenía un fe terrorista
El verano terminó.
HIJA DE LA DICTADURA ARGENTINA de Lucila Teste
Por Mariana Levy


Hija de la dictadura argentina, monólogo autobiográfico:

El verdadero museo de la memoria son las vidas de todos los hijos, nietos, amigos de los 30.000 desaparecidos. Es un museo muy grande. Sería más fácil anotar dónde esta la casa de cada uno de ellos que recluirlos en un lugar con vitrina adonde poder visitarlos. Se podría proponer hacer el “mapa de la memoria” en la ciudad y marcar con rojo todos los puntos donde vive alguien que fue tocado directamente por la Dictadura militar y sus atrocidades. Si hiciéramos ese mapa la ciudad se vería en el plano sufriendo de un severo caso de sarampión.

Lucila Teste se pone en escena como parte de ese Museo. Ella es la memoria de que sus padres existieron. Y también de que dejaron de existir demasiado pronto. Ella, cuenta en la obra, tenía ocho meses cuando esto ocurrió. Por eso insisto, Lucila encarna la ausencia de sus padres, ella en sí es la memoria, porque por supuesto, con ocho meses de edad la última vez que los vió, no puede recordarlos. Pero sí puede recordar todas las veces que la miraron y vió en esas miradas a alguien que conoció a sus padres y que busca lo que queda de ellos en ella.

Un acierto de Lucila como actriz y como dramaturga es no hablar del dolor de frente, ni desde el texto ni desde la actuación. Debido al tema de la obra es una grata sorpresa la total ausencia de golpes bajos.

¿Cómo representar el desamparo? Gran parte de la obra transcurre con Lucila relatando en un tono casi neutro algunos mojones sobre la historia reciente de la Argentina y sobre la argentinidad en sí. Tiene cuatro ganchitos que cuelgan sobre el escenario y ahí cuelga elementos que tienen que ver con el relato, el habeas corpus que su abuela presentó para sus padres, un sombrero de tango y un gorro militar. La idea de la puesta es que ella se pare debajo del gorro militar, y desde ese lugar encarne la voz de un oficial del ejército, luego se saca el sombrero y vuelve a hablar siendo ella.

En la función del estreno hubo algunos problemas técnicos y Lucila no podía ponerse el gorro militar. Lo intentaba pero no quedaba bien. Se movía en su cabeza y no quedaba firme. Se notaba que estaba incómodo. Tal vez dentro de una puesta tan coreografiada y ordenada eso fue un error, pero ahí está lo vivo que tiene el teatro, en ese error las cosas se mostraron como tienen que ser.


Ficha técnico artísticaDramaturgia: Arià Clotet, Lucila Teste
Texto: Lucila Teste
Actuan: Lucila Teste
Voz en Off: Cecilia Roth
Diseño de luces: Conrado Parodi
Fotografía: Joan Séculi
Diseño gráfico: Julia Amaolo
Asistente de producción: Tatiana D'Agate, Silvina Teste
Prensa: Silvina Pizarro
Producción general: Pablo Silva
Dirección: Arià Clotet
Los siete locos de Roberto Arlt Adaptación y dirección Omar Aita


Por Ileana Kleinman



Los siete locos
¨ Los seres humanos nos llenamos de cosas- de cosas de todo tipo- para poder olvidar, aunque sea de a momentos, la angustia.¨

No puedo recordar dónde escuché esa frase, o si acaso la leí. Pero puedo decir que

la tuve muy presente mientras miraba la obra los siete locos.

El dolor. El vacío existencial.

Eso, lo que no sabemos explicar, pero sentimos, irremediablemente.

El dolor, el vacío existencial. Y sus causas incomprensibles.

Y la compulsión por destruirlo. Y la concusión de que es una tarea imposible.

¿Qué queda entonces? Resignarse, quizás. Entender, como nos dice el rufián melancólico que ¨ la vida no tiene sentido ¨ y que lo mismo da poner a trabajar mujeres, idear una revolución bizarra, matar a alguien; siempre y cuando se esté intentando ocupar esos espacios en blanco que la vida tiene para ofrecer. Y que son tantos.

Este es, entonces, el trasfondo de la novela de Roberto Arlt y de la representación teatral de este texto, la angustia, la profunda angustia de un hombre que no logra entender de donde es que viene, que tampoco conoce la forma de deshacerse de ella, y que solo puede actuar, sin un fin claro, sin una meta definida, para intentar sacársela de encima, aunque sea por minutos.

Entonces, la selección de episodios de la novela que aparecen en la obra es la necesaria, la adecuada, para poner de manifiesto esta cuestión tan importante, esa angustia, profunda, que se las ingenia para ser la fuerza motora de toda la narración.

Somos espectadores, entonces, de las consecuencias del robo a la azucarera, del abandono de la mujer, de las reuniones con el astrólogo y su grupo. La obra nos mete en la conflictiva del texto in media res, los conflictos ya están planteados y podemos ver cómo se van desarrollando, cómo interactúan estos seres plagados de ese sufrimiento indecible y cuáles son sus formas de lidiar con él.

La puesta nos muestra con claridad lo que le sucede a Remo Erdosaín, lo representa de forma fiel, manteniendo los monólogos de este personaje, característicos de la novela, haciéndonos comprender, de esta manera, la interioridad y turbación de este personaje, cuya problemática es crucial para el desarrollo de la historia. Porque trasladar una novela, larga, compleja, cargada de ¨ oscuridad ¨ como lo es los siete locos al escenario no puede ser tarea fácil. Sin embargo, la versión de Aita lo logra con éxito presentando además una propuesta original para el final que logra sin duda agradar y hasta quizás sorprender al quien la mira.

LOS SIETE LOCOS

de Roberto Arlt

Adaptación y dirección de Omar Aita

"En realidad, yo, él, vos, todos nosotros estamos al otro lado de la vida.

Ladrones, locos, asesinos, prostitutas, yo, Erdosain, el Buscador de Oro, el Rufián Melancólico, Barsut, somos todos iguales…"

Roberto Arlt

Arlt rompe con el realismo y denuncia sin rigor teórico el orden social, dando en sus escritos una perspectiva sarcástica de la sociedad, llena de cinismo y desesperanza.

Actúan:

Pablo Iemma (Erdosain)

Julio Ordano (El Astrólogo)

Andrea Juliá (Prostituta – Elsa)

Coni Marino (Prostituta – La Coja)

Darío Levy (Barsut)

Enrique Papatino (El Rufián Melancólico)

Marcelo Sánchez (Ergueta)

Cecilia Kruchoski (Prostituta – Luciana Espila)

Claudia Pereira Obando (Prostituta – La Vizca)

Federico Aimetta (Capitán – Bromberg – Buscador de Oro – Macró – Director)

Gustavo Pardi (Policía – Eustaquio Espila –El Mayor)

Hernán Vázquez (Policía – Emilio Espila – El Abogado)



Iluminación: Soledad Ianni

Escenografía: Carlos Di Pasquo

Vestuario: César Drago

Maquillaje: Camila Aita

Música: Martina Vior

Violencia escénica: Leandro Aita

Fotografía y diseño gráfico: Santiago Corti

Asistente de dirección: Anabel Ferreira

Con el auspicio de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires y el Taller de Teatro de la Universidad Nacional de La Plata.

Viernes y domingos a las 21 y sábados a las 20.

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN

Av. Corrientes 1543 – Reservas al 5077-8077.

Las reservas se toman hasta media hora antes de cada función.

Entradas $35 (descuentos a estudiantes y jubilados).

Prensa: Carolina Alfonso – 4802-4607 -155-662-6006 – caroalfonso
ALEJANDRA ZILBERBERG
El lunes y está por llover. Quedan dos horas antes del martes. A nadie le gust empezar la semana y menos si hace calor y los caracoles podrían arrastrarse en el aire de tan húmedo.

Invito a una amiga a Clásica y Moderna. Mi amiga tiene una panza de ocho meses y yo la admiro por ir y venir acompañada. En el lugar hay velitas y las luces están bajas. Es rara la conjunción de parejas y amigos y gente que sola en una mesa disfruta. Se nota cuando las personas la están pasando bien, pienso, por sobre todo por cómo agarran los cubiertos. Suena ridículo, pero en el microcentro todos acuchillan pollos y ensaladas. Acá no, se expande la delicadeza en los movimientos. Para todos es lunes, eso está claro. Pero la escena podría darse un sábado de tarde noche sin histeria. Pedimos un sandwich de rúcula. Mi amiga dice que está demasiado de moda la rúcula, pero nuestro sandwich se llama Fellini y nos gustó el nombre.

Alejandra Zilberberg se para frente al auditorio. Debe ser difícil captar la atención en un lugar tan pequeño. La gente come, la mira, nosotras le damos un respiro a la rúcula, el bebé patea a mi amiga que me amenaza con tener contracciones.

Y cómo explicarlo. Alejandra es delicada, sin ser naif; es romántica sin ser cursi. Digamos que es elegante y conmueve. De a poco va encadenando temas que tal vez escuchamso mil veces, pero ella canta como si fuera la primera vez que se presentaran, los hace suyos. Afuera empieza a llover. Pero nadie se da cuenta. Tomás Fraga en guitarra y Nicolás Radicci en contrabajo la acompañan.

These foolish things y Entre dos amores me quiebran, un poco por su ternura o otro por la verdad con la que Alejandra los canta. Parece que se hiciera amiga del público que la ve por primera vez.

Así entre jazz y boleros, mi amiga dice que el bebé debe estar contento porque gira en la panza. Y nos vamos con lluvia inesperada. Es martes y nos gustaría que fuera lunes y se esté por largar a llover.
LETERNO de Mariano Bassi Dir: Cristian Palacios
Algunas profesoras de química del secundario suelen preguntar a sus alumnos de qué se ríen cuando la clase, a media voz, intenta evadirse de los temas importantísimos que se exponen en el pizarrón. Esta pregunta, que todos hemos escuchado alguna vez, puede generalizarse: ¿De qué nos reímos hoy y qué cosas nos causan gracia? Ciertos medios suelen nutrirse de un humor en cuya trastienda residen la discriminación y la mediocridad, olvidando que una de las herramientas más fuertes de la risa es la posibilidad que tiene de hacernos reflexionar sobre los valores de una sociedad no tan justa. Leterno, espectáculo protagonizado por Marino Bassi y dirigido por Cristian Palacios, busca recuperar la risa del espectador sin tratarlo de bruto o bobo. Todo lo contrario. Qué es ser una estrella hoy, qué daría alguien por cinco minutos de fama y hasta dónde una persona puede arriesgarse con tal de ser conocida son preguntas que el protagonista, Torino San Vereno, nunca se hace pero que al público le llegan a través de una maravillosa interpretación. Los recursos de Bassi para conectarse con quien lo escucha y montar escenas en las que se conjuga el clown y su imaginario disparatado son indiscutidos. El tiempo del espectáculo, incluso, es justo y moderado. Dura lo necesario para disfrutar de todo y quedarse con ganas de volver.
Para largar carcajadas sin culpa y pensar de qué nos reímos esta vez.




Eterna Compañía Presenta

LETERNO

de Mariano Bassi



Dirección: Cristian Palacios

Funciones: Sábados 23:00s

Belisario Club de Cultura: Corrientes 1624
Localidades 20 pesos - Reservas: 4373-3465

Creación y actuación: Mariano Bassi