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domingo 30 de noviembre de 2008

MARTES/VIERNES


viernes 28 de noviembre de 2008

Los Rissotos


-Teatro-


Humor político de mucho vuelo para un país con políticos de poca altura

Por Nicolás Pose





Antes de ir a ver la obra del grupo Los Rissotos, sólo sabía que se trataba de un espectáculo de humor político. Había imaginado que la realidad política estaría filtrada por el humor para que llegara hasta mí algo así como un monólogo, o escuchar ciertos chistes relacionados con la materia. Imaginé una especie de Stand Up, no mucho más. Cuando terminó la obra, descubrí mi poca imaginación con respecto al humor político.
Lo que sorprende de Los Rissotos es la habilidad que tienen para mezclar el humor político con su talento de clowns. La obra nunca se detiene. Porque ya desde el inicio, las voces entremezcladas de los políticos que dicen y se contradicen, a veces ellos mismos; otras veces, por la excelente compaginación de audio que nos demuestra que la política en la Argentina puede ser calificada de todo menos de seria, y que por lo tanto, el humor es una de las mejores formas de representarla para hacernos huir del llanto y sumirnos en la carcajada.
Como ya dije, la obra no para un segundo, dura una hora y cuarto aproximadamente, donde se van ligando diferentes sketches con un ritmo abrumador. Sketches que van desde las internas partidarias en el radicalismo y el peronismo, pasando por una mujer enferma que es la Argentina atendida e interrogada por el presidente funcionando como médico, hasta la sátira mordaz de los programas más vistos de la televisión argentina. La realidad está tan cerca, que uno la puede sentir en todo momento, pero sin cansarse de reír nunca. Y uno se termina preguntando cómo se puede reír de un tipo que aparece gritando desesperadamente “!Justicia!!! ¿Dónde estás?”, anonadado, esperando encontrar a esa mujer huidiza que dice buscar desde hace cincuenta años. Pero no, uno no llora, increíblemente se ríe. Y eso es lo más inexplicable, y al mismo tiempo, lo que hay que destacar, porque si bien la ironía y la crítica nunca desaparecen en los diferentes sketches elaborados por Los Rissotos, la risa siempre se antepone pese a todo. Es decir, uno primero se ríe, y luego se pregunta: ¿cómo puedo reírme sabiendo que esto es así todos los días, y que además nuestra realidad es tan triste? No importa, uno siempre se ríe y luego piensa. Eso es lo asombroso. Y esto tiene mucho que ver con las mímicas de los tres integrantes del grupo, una mímica que muchas veces parece acercarse a la de las películas cómicas mudas.

jueves 27 de noviembre de 2008

LA REDENCION DEL ODIO

-Literatura-

Por Vivian García Hermosi


Latencia



A veces los odios se rumean por abajo, muy despacio. Son odios familiares, conocidos, que se pasan con el pan o cuando se sirve el vino. A veces incluso necesarios para la coexistencia amena. Una clase de culpa los acompaña, incluso, los alimenta. Y sólo los redime pensamientos furtivos de venganza. Actos descabellados e inhumanos que jamás se concretarán pero que pagarían con creces los años de latencia.
Por eso es que en la mayoría de las vidas cotidianas las acciones no abundan y sí los pensamientos. Los malos pensamientos que son acciones vitales para la mente de cualquier sujeto y su núcleo de relaciones.
De esas cosas aprendí en la casa de mi abuela, a la que íbamos con mi mamá por la temporada de verano. La abu tenía una pile por lo que su casa se le llenaba de nietos. Pobre vieja, vivía sola todo el año y entonces las tres hijas se le aparecían en enero hasta fines de febrero cuando se iban y se quedaba sola otra vez.
Y estaba también la virgen, una imagen esculpida en piedra de proporciones exageradas, con los rasgos de la cara pintados a mano. Un trabajo artesanal bárbaro, pero pesado. Ahí estaba la estatua, en un altar improvisado, con flores de plástico rodeándola. Nadie la movía, inflexible, miraba sobre nuestros hombros. Y mi abuela se levantaba a la mañana y en el desayuno siempre infería:

- Hoy está triste la virgencita. Qué cosas malas estarán pasando en el mundo.

Nos mirábamos, callados, con mis primos enfrente de la tele. Nuevediario siempre confirmaba sus terribles sugerencias.

Pecados mortales

" Todo el mundo ardería en el infierno" - dijo mi abuela cuando escuchó que el sacerdote le dijo a mi primo Antonio que cuando uno piensa en ciertas cosas ya está pecando.
Mi primo Antonio, un pobre preadolescente desahuciado de tanta masturbación culposa, era un tema familiar bastante entretenido para mis precoces ocho años. Y él, que no era ningún estúpido, de tal modo se odiaría así mismo - y ese odio es el peor de todos- que jamás pudo dejar ese hobby efímero, placer brusco y urgente, hasta que llegó a su fatal determinación.
La inocencia propia de la edad y la astucia se peleaban. Yo sabía que hablaban de algo sucio, secreto y divertido - y que no le podía preguntar abiertamente a mi madre - así que tuve que averiguar por otros medios qué era lo que pasaba y que convertía a Antonito en la burla solapada y familiar de las reuniones. Cosas como:
"Pasame el pan, pero vos no Antonio por favor" o "te van a salir pelos en la mano" no era raro de escuchar.
Fue Vera, otra prima hermana aún más precoz que yo pero de once, quien me dio la respuesta. Mis hermanos estaban los dos en la colonia de vacaciones y no podía recurrir a nadie más.
- Lo que pasa, Mati, es que los grandes lo hacen... ( y siempre gestualizaba tanto con las manos).
- ¿ Lo hacen? ¿Cómo? - Por aquellos tiempos la televisión no era tan instructiva como ahora en esos asuntos-.
- Ella se desnuda, él también, y … bueno.
- ¿ Desnudos?- Vera asintió con la cabeza - pero qué asco.
- Y sí. …Pero no tienen vergüenza.
- ¿Y quién te lo dijo?
-Fede … - Era su hermano de 14 años-.
-¿ Te contó que es lo que le pasa Antonio?
-Le gusta mucho… las chicas.
-¿ A Antonio?, si ve fútbol todo el día.
-Me dijo Fede que la tía Estela le dijo que se le va a poner verde…
-¿Qué cosa?
-El pito… nene.
-Pero Vera… ¿ Es grave?
-No sé. Pero Fede sabe.

Fuimos los dos con Fede, medio con vergüenza, yo lo llamé:
- ¿ Fede… te puedo preguntar algo?
- Ya me estás preguntando… Dale, te contesto y te vas.
- ¿ Qué tiene Antonio? ¿ Está enfermo?
Fede me miró un largo rato y le dijo a Vera que se fuera. Vera se fue muy enojada aunque estoy seguro que escuchó detrás de la puerta todo lo que hablamos.
- Mirá Matías, vos todavía sos un nene pero a determinada edad es como si se despertara, ¿ entendés? - me dijo mirando para abajo.
- No.
- Antonio se hace la paja en el baño y eso no está mal, más en los hombres, pero lo que pasa es que está loco. No puede parar.
- No entiendo.
- Se toca - otra vez mirando para abajo.
- Qué asco…
- Sí, ¿ no? - contestó Fede, riéndose, pensando quizá lo inútil de la charla. Sin embargo recuerdo cada palabra de esa conversación orientadora. Con qué facilidad uno retiene las primeras informaciones acerca de lo tabú.
Me quedé pensando.
- Fede…
-¿ Y ahora qué?
- ¿Y es pecado? - le dije con cara de preocupado.
- Y sí.
- Pero Antonio es bueno.
- Ya sé
- ¿ Es venial o mortal?
- Mortal.
- Fede… ¿ Antonio se confesó?
- No sé. Ni idea.
- Fede…
-¿ Qué querés?
- No quiero que se vaya al infierno. - Y me puse a llorar como el chico que era.
Fede se angustió por si venía alguien.
- No le digas a nadie de lo que hablamos porque te van a retar.
- Bueno.- le contesté moqueando. Mi mamá vino con el pañuelo y le dijo a Fede:
- ¿ Qué le hiciste? Siempre igual vos peleando con los más chiquitos…
- Pero yo no le hice nada. Déjenme de joder a mí - le contestó poniendo más alto el último de Soda Stereo.

Evangelización

Horas me las pasé al lado de Antonio. Cada vez que entraba al baño yo estaba detrás de la puerta.
Era bueno Antonio. Ojeroso y tímido. No conocía a nadie, pobre. No tenía ningún amigo. Para colmo yo lo perseguía por todos los rincones. No era de pesado. Yo quería ayudarlo. Es que justo a mediados del otro año había comenzado a asistir regularmente a mis clases de catequesis. Este año por fin podría tomar la comunión.
" Los sacramentos son algo muy importante. Nos acercan a Dios. Nos salvan del infierno". Dijo Mónica, instructivamente, una maestra linda con ojos verdes y muy tierna con nosotros, sus alumnos.
Por aquellos tiempos las palabras de Mónica retumbaban en mis oídos. Dios era algo lógico, algo natural, y Mónica lo explicaba muy bien. Nos hacía dibujar. Yo me acordaba cada palabra: "No jurarás en mi santo nombre en vano"… "Honrarás a tu padre y a tu madre", " No matarás"…, " No robarás"… y el más largo… " no desearás a la mujer de tu prójimo". Eran diez y yo ya los sabía de memoria.
Me había aficionado, también, a las estampitas. Tenía veinticuatro. Hasta de santos que nadie conocía y entonces yo les mostraba las estampas y … viste, tenía razón, sí que existe. Te gané.
Luego me enteraría que todos y cada uno de estos imperativos dogmáticos son relativos, o incluso anacrónicos, pero bueno, tenía ocho años y esos relatos pseudofantásticos me cerraban de maravillas. Y mi misión era clara: tenía que salvar el alma de Antonio de ese cuerpo enfermo y pecador. Porque Antonio era bueno.


Predicando


- Hoy la virgen está contenta. Ay, si hasta parece que sonríe.
Sí, contenta, abuela, contenta. Yo ya había comenzado con mi ardua tarea.
Con Antonio juntábamos caracoles. Siempre juntábamos caracoles y los poníamos todos juntos en una caja, hasta que eran una sola masa de algo, no sé bien de qué, pero una sola masa verde pálida con un una llamativa similitud al moco.
- Yo les tiro la sal - me dijo Antonio-. Si le hace mal a las babosas a los caracoles…
- 22, 23, veinticuatro, Antonio, tengo veinticuatro. ( le dije mostrándole mis estampitas).
- ¿ Y para qué tantas?
- No sé. Me gustan. Es como que esconden algo. Mirá, esta tiene una serpiente y esta, en cambio, sostiene en la mano a un pájaro. Debe ser el espíritu santo.
- Sos todo un experto.
Tomá, Antonio, elegí la que más te gusta. Es para que te cures.
Antonio me miró con rabia e impotencia y casi llora.
- No te pongas triste. Te vas a curar. Yo voy a rezar todas las noches. Si vos le pedís a Dios con fuerza vas a estar bien. En serio.
- Cállate, pendejo de mierda. Para que sepas Dios no existe. ¿ Lo viste alguna vez? ¿ Lo viste?
- No, pero es invisible. Está en todos lados. (Y pensé por dentro si en el baño también.)
- No, no existe. Lo inventan para que pendejos como vos no caguen tranquilos. (Me quedé callado. Había leído mis pensamientos, uno de los más malos).
- ¡ El diablo, Antonio. Tenés el diablo adentro!. ¡Sos malo, vos! (Le dije y me fui corriendo para evitar que supiera lo que estaba en mi cabeza).
Yo no entendía eso, de rezar adentro, sin mover los labios. Yo pensaba que los pensamientos eran algo privado, algo tuyo, solamente tuyo. De golpe sabía que lo que decían era verdad. Los malos pensamientos también son pecados. Antonio iba ir al infierno. Era inevitable.

Señales

Cada vez que lo veía me persignaba. En el nombre del padre, del hijo…Cada vez que lo veía… del espíritu santo… Yo pensaba por favor, diosito, por favor, no lo dejes. No dejes que me lea. Antonio me miraba y yo sentía sus ojos punzantes que cortaban en rodajas todas mis ideas.
- ¿ Qué pasa, Matias, seguís enojado? - me dijo Antonio
- En el nombre del padre…
Mi tía Estela se puso a llorar.
- Viste, por tu culpa, Antonio, mirá lo que le hicistes al nene. Lo asustates. Todo es mi culpa por darte todos los gustos.
- No, Estela, es Matías… que no sabe… No, Estela - le dijo mi mamá.
Vera y Fede nos miraron con los ojos grandes. La tía Marga les pidió que se fueran.
- Al psicólogo me dijeron que te lleve. Loco, mi único hijo, loco - dijo Estela quebrada, casi susurrando.
- Pero cállate, Estela, Antonio también es chico. Tiene doce recién. - le dijo mi abuela poniéndola en su lugar.
- ¡ Es mi hijo, yo le digo lo que quiero!.- Ella le contestó.
- Padre nuestro que estás en los cielos…
- ¡Te callás pendejo de mierda. Todo por tu culpa, por tu culpa! - me dijo Antonio.
Yo me puse a llorar fuerte, gritando con todos los pulmones. Entonces mi mamá me llevo al cuarto.
- Matías, qué mal que te portaste. Mañana mismo nos vamos.
- ¿ Pero por qué, mamá?
- Ni cuenta te das- me dijo- Dormite.
Y me quedé dormido muy rápido aunque los gritos seguían en el comedor.
Arder en el infierno
No nos fuimos al otro día. Vera me dijo que Antonio le había contado a Fede que se lo iba a cortar. No quedaba otro remedio. Federico trató de disuadirlo.
No seas boludo, que no crece. Es por mi mamá, me vuelve loco. Pero no hagas ninguna locura, Tonto, ya se te va a pasar. No lo puedo evitar, entendés, y me muero de vergüenza, fede, todos saben. Todos.
El olor a humo nos despertó.
- Un incendio - exclamó mamá.
- No, no, es afuera - dijo Marga.
Salimos.
Una hoguera crepitaba fuertemente y adentro parecía vislumbrarse una silueta erguida.
- ¡ Agua, agua! - dijo Estela.
- ¡ La virgen, la virgen ! - gritó mi abuela.

Todos corrieron adentro. Yo me quedé abrazado a la vieja. Los dos llorábamos.
- Fuistes vos, enfermo, fuistes vos - le dijo Estela a Antonio.
Apagaron el fuego.
- Lo voy a mandar al psicólogo al nene. Perdóname, mamá - decía mi tía- . No sé que hice mal... no sé.
- Mirá, mirá, está triste… ¿ Ves?- Decía mi abuela, mientras refregaba una y otra vez un paño contra la imagen negra. Una, dos veces, tres, con compulsión.
Junto con la virgen se quemaron también dos Playboy de Antonio y mis veinticuatro estampitas que dejé desprevenido sobre el altar.
No nos fuimos nosotros sino Estela con Antonio al otro día.
La acción fue terapéutica porque Antonio dejó sus hábitos imperiosos. Desde entonces me odia, yo lo sé. Igual llega y me abraza.
- ¡ Primo! - me dice mientras me envuelve con sus enormes brazos de cornudo.

Malos pensamientos

Pasaron doce años, doce, de todo eso. Es una anécdota casi. Ah, cuando Antonio quemó la virgen.
Un día me dijo:
- Pensar que el enfermo saliste vos, que sos puto.
Era una broma, claro, otra de tantas sobre mi sexualidad en las reuniones familiares. Un largo y gran chiste. Una larga carcajada. Y los ojos de mi tía Estela como diciendo: eras vos, eras vos, con una satisfacción casi lujuriosa que me imagino ropa interior roja debajo de su vestido negro.
Pero mis pensamientos son míos y ellos no saben que yo también los odio. Por debajo, mientras les pasó el pan y les sirvo el vino. Los odio dulcemente, en un odio familiar y conocido.
Me voy preparando. Vamos a pasar navidad juntos este año. Seguro que no quemo nada aunque nunca se sabe.

FIESTAS MOLOTOV

-Literatura-

por Jimena Repetto

No quiero que lleguen las Fiestas y pensar
en el regalo que no te voy a poder dar
y hace meses te compré.

No quiero decidir con quién las paso
que sean las doce, llamarte
y cuando no me atiendas
culpar a una compañía.

Estábamos seguros
de que había que poner una molotov
en los negocios que venden bolas y guirnaldas
para el arbolito

la íbamos a fabricar en mi terraza.

No quiero mirar el cielo y cuando brinden
pedir un deseo
para un año sin que estemos juntos.

No quiero
No quiero
No quiero
No

Una vez fuimos al Planetario y después
desayunamos como príncipes
bastardos en la corte de los reyes.

Otra nos miramos a los ojos
y nos dijimos que teníamos todo
lo que se podía desear.

Pero ahora
me dan muchas, muchas ganas
de llorar sobre las luces de colores
que se prenden y se apagan
con esa musiquita

muchas, muchísimas
de que se produzca un cortocircuito nacional
y poder estar triste sin explicaciones.

No tiene ningún sentido para mí
vestirme de fiesta.

Me gustaría
mandarte un mail insoportable
de esos que muestran gente feliz
y obligan a reenviarlo para que sepas
existo.

Quiero que el vos que yo imaginaba
me bese bajo los muérdagos
o mejor que vos me dejes
de adentro mío
me encantaría tanto.

Los fuegos artificiales duran segundos
y después aterrizan
hechos carbón.

GRANDE Y PEQUEÑO de Botho Strauss

-Teatro-

Grande y pequeño: el miedo a la soledad

Por Clarisa Anabel Pozzi

Botho Strauss es uno de los directores contemporáneos vivos más importantes del mundo, de los más reconocidos y representados dentro y fuera de Alemania, es una referencia clave para la comprensión del teatro de nuestro tiempo.
Dice el autor: “El teatro es vida. E incluso puede que sea la única vida que queda en una civilización tan demoledora como la nuestra”. Sobre esta tensión entre el ser humano que desea y padece, y la civilización que lo demuele, versa “Grande y pequeño”.
Dos personajes en un escenario despoblado: una puerta, una ventana de acceso para comunicarse. El autor nos propone una “pancomedia”: nadie empieza, nadie termina, nadie está separado y sin embargo nadie está junto, no corre hacia nada, pero el deseo no cesa.
Carlota (Ingrid Pelicori), la protagonista, atraviesa un sinfín de situaciones, siempre dentro de su soledad, una soledad que grita, sufre y padece, con la necesidad de oír, aunque sea por un rato, las voces de otros y aplacar ese vacío que provoca el silencio.
Por eso es necesario hablar: hablar solo, con otros, no dejar espacios en blanco que no haya cómo llenar; su vida se transforma en un monólogo compartido en el que los demás son eco de su propia soledad.
Logra menguar su tormento un desfile de hombres (siempre interpretados por Horacio Peña) que aparecen en su vida pero que se esfuman al poco de conocerla; hay en ella una búsqueda desesperada del prójimo como refugio para su alma quebrada, una indagación por encontrar su otra mitad, otro que la complemente y la retorne a la vida.
La actriz transita por el mundo cargando con un amor que no fue y que ella insiste en recuperar. Va por la vida con una carpeta de dibujos y con un televisor: por un lado el hecho artístico que la acerca a su propio ser y por otro el aparato que la aliena.
Un personaje es revelador, se llama Sören, fiel reflejo del filósofo Sören Kierkegaard y con él toda la temática que envuelve la obra: una mujer sumida en la angustia existencial.
“La amenaza está en todo y en ninguna parte – dice Kierkegaard – la angustia no es provocada por nada determinado. Por eso la angustia nos envuelve en un sentimiento de extrañeza inquietante (umheimlichkeit)”.
“Grande y pequeño” es el mundo de estos personajes, Dios aparece de manera intermitente en sus vidas, como refugio desesperado ante el miedo a la nada. Se trata del sentimiento de la soledad, abandono e impotencia que el hombre halla en la raíz de sí mismo cuando trata de pensarse, no partiendo de un ser superior sino a partir de sí mismos solamente.
“El hombre moderno y contemporáneo se jacta de poderlo todo, de ser dueño y dominador de todo y capaz de producirlo todo – dice Heidegger- y sin embargo el hombre no es capaz de producirse a sí mismo; mi existencia es un hecho bruto que se nos impone, y por el cual, por ende, no tenemos poder alguno”.
La obra transita las peripecias de una mujer recién separada que se enfrenta al desamor, al sin sentido, y que busca infructuosamente en los otros algún remedio para la angustia existencial.
La acción se desarrolla en una sucesión de escenas muy dinámica, con toques de humor y a la vez de suma profundidad; vemos siempre a la protagonista “tocar fondo” para volver a la vida, comprobando una y otra vez que, de todos modos, persiste el deseo.
Predominan en su vida los ratos de ocio, pero éste no es un ocio creativo; recuerda a una amiga dela infancia e insiste con reencontrarla para, de alguna manera, volver a conectarse con sus raíces y con su propia identidad.
Carlota necesita recuperar las huellas del pasado, para reconocer quién es y qué sentido tiene esta vida para ella; su ex marido se va a transformar en un referente directo de lo que ella fue y de lo que no quiere dejar de ser porque la incertidumbre de lo que vendrá la paraliza.
Así es como circula en un intento de atrapar en otras personas rasgos que le recuerden lo que vivió y que la retornen a la seguridad que implicaba su pasado más próximo, que la alivianen del peso de cargar con una existencia sin nombre.
Así es el gran libro que aparece ante sus ojos, vacío, sin escribir, con todo un camino por recorrer. Pero ella no se anima a avanzar y prefiere seguir con la vista atrás y ya casi no se preocupa por su aspecto personal.
La voz del hombre la subyuga, y el deseo la torna a la vida, a sentirse otra vez mujer, y ella es sorprendida, en esa sala de espera donde el tiempo parece detenerse y ella aguarda el porvenir.

VIRGENES SUICIDAS

-Cine-

Azul - Violáceo

Por Cecilia Musicco


Amanecer en un campo de juego, y en ese crepúsculo matutino, de somnolientos colores coagulados, se levanta Lux. En su personaje de virgen suicida, Kirsten Dunst con el pelo revuelto, testigo de todo acontecimiento, abre los ojos y busca sus zapatos.
La escena es corta, apenas son 40 segundos, pero de una contundencia letal. Lux no llora. Sólo abre los ojos, despeja los cabellos rubios- húmedos de solitario rocío- de su rostro. Mira al costado, él no está y ella lo sabía, de algún modo ya lo sabía. No maldice, no se lamenta, recoge sus zapatos desparramados y se va. La cámara no la acompaña, ella se va sola. Su voz no dice nada, pero ese campo, tan verde y tan pastoso, y esa luz… tan azul y casi violeta del amanecer lo refleja todo. Todo su ahogo y abandono de adolescente después de día de fiesta. Y con esto… la música… los sonidos de Air hacen el resto, dan marco a esa despedida ausente de Trip. Es la música, que en su poder recapitulador, nos dice a nosotros, a los espectadores, lo que Trip no le dijo a Lux: Adiós, eso fue todo…después el vacío.
Y si continuamos quince segundos más, en la próxima escena, vemos los ojos:
¿Tristes? ¿Rábicos? ¿Angustiados? ¿Desilusionados? de Lux, en el auto a su casa, con la sarcástica coronita de reina de la noche sostenida entre sus dientes.
Tampoco hay palabras, solo ojos afligidos.
Por supuesto que más tarde, en otro capítulo de la historia, Trip tendrá una explicación para todo ello. Pero eso ya no importa, no solo por que la explicación dada no es considerada técnicamente válida, sino porque simplemente… eso ya no importa.
Porque ya hemos aspirado de esa atmósfera triste y melancólica, de adolescente desencantada en esa experiencia de la nada, que nos propuso ese color tan azul violáceo sobre ese pasto salpicado de soledad.

domingo 23 de noviembre de 2008

Lo que fue y lo que siempre es

Por Jorge Huarte



www.dedicatoriasypajas.blogspot.com



quiero olvidarme tu nombre pegadizo
ya no quiero que seas más mi banda favorita
mi mejor remera
mi canción para escuchar cuando me siento triste
quiero que te vayas
en el medio de la noche
y que a mi cama vuelva el verano
quiero que te vayas
en el cajón hay $20
para que te pidas un remis
no quiero el vuelto
sólo quiero que te vayas
lo más rápido posible
sin preámbulos ni fiestas
sin despedidas tampoco

buscate un mejor corazón para altar
aprendete otro idioma
que no sea el de los besos
ni el del histeriqueo por deporte
quiere que te desahogues con las palabras de otros
y uses las tuyas propias para taparte la boca
que le digas "te amo" a quien recién conoces
hay que ser cortés con los extraños
y mal parido con el tiempo

quiero que mañana sea tarde
que tu error haga ruido
mucho ruido
que sea un recital de arrepentidos
en un monoambiente gris perlado
que todo el mundo haga ruido
mucho ruido
que no puedas ni dormir
de tantos dedos que señalan
que los vecinos se quejen
¡aguafiestas!
¡bomberos de la pasión!
que te corten el mejor polvo
como un llamado en la madrugada

juro no volver a tocarme en tu nombre
juro ahogar en la bañera todo aquello que no fuimos
te voy a enseñar a olvidarme
a maldecirme
a extrañarme
quiero ser más punk que el punk
y no seguir tus pequeñeces
voy a hacer una lista
de mis palabras favoritas
ahora que no estás
para saberme aún de pie
para saber lo que vale la pena
entre tanta pena

voy a ser más punk que el punk
y escupir tus recuerdos cuando me llamen por teléfono
voy a ser más punk que el punk
y desordenarme las ganas cuando te quiera buscar
voy a ser más punk que el punk
tu agite y moretones
tu pogo, mosh & slam
tu Sid Vicious de bolsillo
como un bajo desenchufado
haciéndonos los tontos
los únicos tontos
con ganas de pirañas

viernes 21 de noviembre de 2008

En este lugar

Por Marcelo López

Entró al bar pateando la puerta y lo primero que hizo fue pedir ayuda, pero nadie le contestó. Caminó rápido hasta la barra, sacó el revolver del bolsillo del pantalón y le apuntó en la cabeza al hombre que estaba tras ella.
-Necesito ayuda- dijo en voz alta, casi gritando-, lo digo en serio. Si no voy a matar a este hombre.
Se dio vuelta para mirar a los demás. Notó que la mayoría de ellos tenían armas en sus cinturones e incluso escopetas apoyadas contra el respaldo de las sillas. En ese momento, pudo ver que un hombre estaba de rodillas y agarraba a otro, al más gordo del lugar, del cuello de la camisa, como si le estuviera suplicando algo que el otro no estaba dispuesto a cederle.
El hombre de la barra era canoso y tenía en su mano derecha un trapo con el que limpiaba una copa. Se sonrió al ver que el recién llegado le seguía apuntando con el arma.
-Guarde eso, por favor. En este lugar esas cosas no sirven para nada, ¿me oye?
El hombre dio otra mirada general y comprendió que era absurdo seguir en esa actitud y que, en todo caso, no lo favorecía para que alguien se ofrezca a ayudarlo. De pronto, el que estaba arrodillado caminó hasta un rincón y se sentó en una silla, con las palmas de las manos apoyadas sobre la mesa, mirando el techo del lugar. Parecía haber olvidado, de un momento a otro, la necesidad de súplica. Ahora estaba ensimismado, y no prestaba atención a otra cosa que no fuera el techo.
Otro de los hombres, uno viejo, el mayor de todos quizás, apuntó con el dedo hacia afuera sin decir nada y todos lo siguieron con la vista. Primero se vio un reflejo dorado sobre las paredes del bar, y un segundo después se oyó una gran explosión.
-¡El auto!-dijo el hombre y se agarró la cabeza. Pero ya no quedaban más que pedazos en llamas. Trató de entender cómo había sido posible que la explosión se haya visto, antes que oído, pero no llegó a entenderlo.
-Señor, ¿por qué no explica de una vez lo que quiere?-dijo el de la barra. Todo parecía resultarle divertido. El hombre se quedó en silencio unos segundos, observando las llamas y luego movió la cabeza con resignación.
-No puede ser, ¿y ahora cómo hago? ¡¿cómo hago?!
-No lo sé… -dijo el de barra mirándolo a través de la copa que lustraba- ¿cómo hace qué cosa, señor?
-Ir al otro pueblo, tengo que ir al otro pueblo. Mi mujer está a punto de parir. Alguien que me lleve hasta allá, ¡por favor!
-Irse, muchachos- dijo el de la barra mirando a todos los demás -Acá el señor dice que quiere irse, ¿alguno de ustedes lo llamó?- gesticulaba y parecía disfrutar de la situación- Repito y quiero que me digan la verdad: ¿alguno de los que está acá llamó a este señor para que nos acompañe?- Casi no podía aguantarse la risa; después lo miró fijo nuevamente- ¿Cómo que quiere irse? Si usted recién acaba de entrar… además, con esta tormenta, no sé adónde quiere ir.
El hombre miró una vez más los pedazos de auto que habían quedado en llamas sobre el costado de la ruta.
-Pero tengo que ir, por favor, necesito alguien que me lleve. Pago lo que sea.
-¿Pagar? ¿Y si tiene dinero para qué vino con un arma?- le preguntó el de la barra con una mueca irónica.
-Porque me quedé sin combustible y busco alguien que me lleve urgente al otro pueblo.
-¡Esto no es una estación de servicio, señor!- dijo de pronto una voz desde el fondo del lugar.
-Acá- dijo el gordo al que antes le suplicaban- el dinero no le va a servir para nada ¿no se da cuenta que ya nadie lo espera?
El hombre se miró en el espejo ubicado detrás de la barra y quedó de espaldas a los demás. Bajó la vista, ahora se miraba los pies y las palmas de la mano alternativamente.
-Pero… es que tengo que irme, mi mujer, mi hijo… ellos están esperando.
-Asúmalo de una vez- le contestó el tipo de la barra-. Nadie lo está esperando… ¿no reconoce este lugar?
-No.
-Pero ¿no leyó jamás las sagradas escrituras?
-¿Qué?
-Le pregunté si alguna vez leyó las sagradas escrituras, ¿Qué pasa? ¿no oye bien?
-Sí, ¡sí que oigo!, pero no entiendo de qué habla. Mi mujer me está esperando y mi hijo está por nacer… yo…
Todos los hombres del lugar comenzaron a reírse. Todos, excepto el que antes suplicaba al gordo, que permanecía en silencio mirando el techo del bar, ajeno a todo.
-Me parece que Ud. no entiende todavía dónde está-dijo el de la barra.
-No sé dónde estoy, está bien, ¡no lo sé! Pero tengo que irme, por favor, alguien que me lleve.
-Acá el único que le puede ayudar soy yo- dijo el gordo y con el dedo pulgar se tocaba el pecho. Lo miraba orgulloso y también había comenzado a sonreírse. –Me va a tener que suplicar, vamos, adelante, quiero escucharlo que me pida por favor, ¿a ver?
El hombre miró una vez más a todos tratando de entender qué estaba pasando en ese lugar. Están todos locos, pensó, están todos locos, pero mientras me ayuden no me importa, no me importa nada de nada. Caminó unos pasos y se arrodilló.
-Señor, ¡le ruego que por favor me ayude!
-No, muy mal, ¡muy mal! Así no le doy ni un vasito con agua, ¿quién le enseñó a suplicar de esa forma tan espantosa?
Ahora ya nadie sonreía. Todos lo miraban serios, salvo el hombre que miraba el techo. Se acercó, puso las manos sobre el cuello de la camisa del gordo y le dijo:
-Señor, ¡por favor, no me haga esto! ¡se lo suplico! ¡le ruego que me ayude! Mi mujer está por dar a luz, ¡estoy desesperado, le pago lo que sea!
-¿Pagar? ¿yo le parezco pobre, acaso? … Pero siga, así va mejor, lo escucho.
Le apretó más fuerte el cuello de la camisa y estaba a punto de seguir hablando, pero un nuevo hombre entró al bar. Afuera había una tormenta fortísima y el viento hacía volar unos carteles de publicidad. El hombre entró trastabillando, resbaló y desde el suelo, agarrándose la rodilla golpeada, pidió ayuda.
Entonces el otro -arrodillado, suplicante-, lo observó: estaban a unos cuantos metros uno del otro. Se levantó y sacudió con las manos la tierra del pantalón. Luego fue a sentarse al lado del hombre que aún miraba el techo y apoyó el arma sobre la mesa. Afuera se escuchó otra explosión y los hombres sintieron el calor del fuego más cerca de sus cuerpos.

La boluda y yo de Cecilia Costa Vilar y Gabriel Fernández Chapo

Por Nicolás Pose


Una relación doméstica y algo más

En el escenario se recrea una habitación con una tabla de planchar, un teléfono en el piso, y una cama donde hay una mujer durmiendo. Hay otra mujer sentada en el centro del escenario. Se escucha cómo pían dos pollitos dentro de una caja de cristal. Ni bien comienza la obra, la mujer que está en el piso se viste con un vestido colorido y empieza a cantar una canción de cumbia, regodeándose con el baile tropical, moviendo las caderas, feliz de estar bailando y sintiéndose la dueña de casa. Es la mucama de una señora bien que vive en un barrio que puede ser cualquiera de los barrios más caros de Capital. La señora desde el primer momento que se despierta y comienza a hablar, emplea un tono de chica “cheta” francamente insoportable-tono que mantendrá a lo largo de la obra, es su forma de hablar-, y en su vocabulario corriente emplea palabras del inglés, porque no sabe reemplazarlas por palabras españolas. También se asusta si su mucama dice “cojer”, o si habla de “telo”. Palabras como ésas están prohibidas en su casa, y siempre se lo repite a su mucama. Así, desde el vocabulario, y desde ciertas actitudes histéricas, como no poder ir a reunirse con sus amigas porque se levantó con los ojos hinchados, se va configurando la personalidad de la boluda. Es ella la que mantiene diálogos a lo largo de la obra con su mucama, y a veces, ni siquiera se entienden, porque son mundos diferentes, porque hablan diferente y porque piensan diferente. La mucama soporta hasta lo inaguantable, sólo porque durante el transcurso de la pieza le pide a la boluda el dinero que debe cobrar. Pero la boluda siempre le habla de otras cosas, amenaza con no pagarle si no se comporta como ella quiere. Pero al mismo tiempo, ambas conviven, con roces, está claro, pero son choques que se van tapando, y se van acumulando, y uno no sabe hasta cuándo podrán convivir dos universos completamente antagónicos. De este modo, mientras la mucama canta cumbia y fantasea con el movimiento sexy de las cantantes de música tropical, su patrona piensa en negocios y en... boludeces. Por ejemplo, la boluda se enoja porque le parece intolerable que haya envases de huevos en la pieza de la mucama para filtrar el sonido de la música que escucha, ya que le recuerda a los cartoneros, entonces le da asco. Desde estas mínimas confrontaciones, nace de a poco una leve tensión que irá creciendo, muy lentamente, pero que crecerá hasta el final. Mientras esa tensión va aumentando, la obra al tener muchos momentos de comicidad le va quitando dramatismo al enfrentamiento entre ambas mujeres. Pero el final revela la cruda realidad, y en una pelea de película entre ambas mujeres se decide el destino de la obra.
Más allá de que el tema sea un poco trillado, ya que se ha realizado en numerosas ocasiones, la obra trabaja muy bien la cuestión del lenguaje en ambas mujeres. El lenguaje es el primer punto de diferencia para que ambos mundos comiencen a chocar y nunca consigan aproximarse. Sin embargo, existen momentos en que la relación gana confianza, y esos son los momentos en los cuáles hablan de relaciones sexuales. Y se puede notar cierta tensión entre ambas mujeres, ciertos movimientos que hacen pensar en una relación lésbica no aceptada. Son instantes en donde parece que las diferencias no importaran, y por ende, existe otro tipo de comunicación donde las cosas que le cuenta la mucama a su patrona son como grandes descubrimientos, pero que no tienen nada que ver con la perversión sexual. En cambio, sí se puede ver la perversión en el sentido de que el estado de la cosas, el orden al que está acostumbrada la boluda, se van modificando en esos instantes en que la mucama puede hablar. En los demás momentos, la comunicación está quebrada desde el principio, y no es culpa de ninguna de las dos mujeres, es sólo fruto de la cuna de y de la crianza que cada una ha tenido.
Con buenas actuaciones, y con un ritmo que va creciendo a lo largo de la obra a medida que aumenta la tensión entre ambas mujeres-que se adivina desde un principio por pertenecer a clases sociales totalmente diferentes-, “La boluda y yo”, no es simplemente una comedia costumbrista como parece demostrar de entrada, sino que desliza sutilmente una crítica a la intolerancia y a la hipócrita convivencia que vemos todos los días entre personas que ni siquiera se pueden oler. Si bien la obra de Cecilia Costa Vilar se mueve dentro de la comedia, y a veces parece un poco previsible, nos reserva un final tan trágico como absurdo.



La boluda y yo

Intérpretes: Mariana Paz y Anabella Valencia
Coreografía: Mayra Bonard
Arreglos musicales: Federico Paz
Música: Gerardo Gardelín
Realización escenográfica: Cecilia Stanovnik
Diseño escenográfico: Gabriel F. Chapo
Arreglos musicales: Federico Paz
Vestuario: Mariana Paz
Asistente de dirección: Florencia Di Baja
Texto: Cecilia Costa Vilar
Dirección: Cecilia Costa Vilar y Gabriel Fernández Chapo
En espacio teatral Del Borde, Chile 630. Funciones: Viernes 23:15hs Reservas(4300-6201)

Un judío polaco de Alejandro Mateo

Por Susana Miranda


Y algo de lo tanto que [aún] no se contó

Si existe un tema que ha sido tratado extensamente en distintos campos, es el Holocausto. Y, sin embargo, sigue y seguirá motorizando más creaciones, en tanto intentemos -al igual que Claudio Frydman- encontrar una hipótesis o poner orden al conocimiento sobre lo ocurrido.

La elaborada propuesta de Alejandro Mateo da cuenta de la inagotabilidad de un tema que nos pone frente a frente con la barbarie, y la actualiza: desde Lodz y los campos de concentración hasta Villa Crespo y La Paternal, desde los años treinta hasta nuestros días.

Un judío polaco se estructura en torno al testimonio, registrado en video, del sobreviviente Bereck Frydman que relata distintos episodios de su vida. La obra dialoga con esta grabación y ambas se reenvían mutuamente. Así, se diluye el débil límite entre la ficción y la realidad y va apareciendo un sólido entramado, donde creación y documento tejen el mismo paño. Y lo refuerzan.

Con el intenso trabajo de tan sólo tres actores, Alejandro Mateo logra re-presentarnos toda una galería de personajes. Uno de ellos es Claudio, hijo de Bereck, que recoge la herencia vivencial de su padre. La registra (el cuaderno, el grabador, la foto), custodia esta memoria y la pone en circulación, conformando un puente generacional que garantiza el no olvido, y nos induce al esperanzador ejercicio de la reflexión. En ese sentido, emociona el valor otorgado a las palabras que el hijo comparte con el padre; a veces en un juego de eco, y otras, en tiempos diferidos. Bereck, víctima y vocero del horror, interactúa con su hijo y lo alimenta con pan y con el relato de los hechos. Este personaje de ficción, se acopla con el Bereck real del video y a los dos, el actor les pone su cuerpo, que funciona como una caja de resonancia y nos instala el dolor aquí y ahora. ¿Cómo escuchamos nosotros los relatos de sufrimiento que hacen los sobrevivientes? ¿Cómo recibimos ese espanto, estetizado, a través de creaciones artísticas? Por más que intentamos aproximarnos de diversas formas, sabemos que lo que logramos son sólo aproximaciones. En ese intento, muchas veces la racionalidad del registro documental nos anestesia los sentimientos y otras, la identificación con los personajes de ficción nos dificulta el pensamiento crítico. Bueno, éste no es el caso: en esta obra la combinación de testimonio y puesta en escena nos proporciona una visión emotiva y lúcida acerca del tema.

Mientras que, tanto Claudio como Bereck remiten a sus referentes reales -con nombre y apellido- un tercer actor va encarnando distintos roles -empresario textil de Lodz, un rabí, un policía del ghetto, un médico, un comediante, un conductor de tv- según las necesidades de la acción dramática. Aunque creados, estos papeles remiten, también, a personas que han tenido o tienen una existencia real. Como contador de chistes, tiene tres intervenciones en las que va subiendo el nivel de agresividad. Mientras que el público se ríe con los primeros, siente desdibujarse la sonrisa con los segundos, y los últimos, definitivamente, le congelan la sangre. Es que no son novedosos, y se sabe que esos chistes circulan en nuestro contexto porteño. Como conductor de tv, en su programa “Hombres de la historia”, desnuda la hipocresía de quienes aparentan tratar un tema, sólo para retenerlo en superficie y no llegar a profundizarlo. A la manera de epígonos del aquel Holocausto histórico, estos roles nos enfrentan con otros pequeños holocaustos cotidianos que, atomizados, se siguen repitiendo hoy: “¿En qué se parecen una pizza y un judío? En que la pizza no grita cuando la meten al horno”. Reíte, si podés.

El espacio y el tiempo están tratados con gran plasticidad. Se ensanchan a lugares y episodios relatados, y se contraen al Buenos Aires de las últimas décadas. Y en ese itinerario se van articulando, a modo de estaciones, la infancia en familia en Pabianice, el trabajo esclavo en la fábrica textil de Lodz, la detención, la reclusión en los campos de Auschwitz, Mauthausen y Gusen II, la inmigración, los bares de Villa Crespo y el Parque Centenario. El área de la escena se va ampliando en profundidad, por la incorporación de otros sectores. Y no faltan escenas simultáneas que aumentan el espesor de tiempo y espacio..

Una de las herencias de Claudio es la lección de ajedrez que le dio su padre y él rescata. No sólo hay que conocer el valor de las piezas para la defensa y el ataque, sino poder armar, además, una estrategia. Y observar al adversario. De eso depende la supervivencia. En éste y en otros tableros también.

Dinámica y elaborada, Un judío polaco propone un encuentro donde la tensión dramática y el conocimiento se complementan y se enriquecen; y además, aportan algo de todo lo que -recordando a Bereck- falta por contar.




Susana Miranda





Ficha técnica

Con NICOLÁS MATEO, HÉCTOR SEGURA y WALTER ROSENZWIT
Asesoramiento historico literario : Claudio Frydman
Diseño lumínico : Cristina Lahet
Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo
Fotografía: Paloma Aballone
Asistencia de dirección: Cinthia Chomski
Asistencia técnica: Pamela Vargas Milla
Prensa: Caro Alfonso
DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: ALEJANDRO MATEO
http://unjudiopolaco.blogspot.com


Sábados - 21.00 hs
ESPACIO TBK
Trelles 2033 - 1ro - 4586.2971 - Paternal
(Entre Camarones y San Blas)
Imprescindible hacer reservas por las características de la sala.
La función comienza a horario.
Reservas al 4586.2971 o a espaciotbk@gmail.com

Pura Cepa de Ana Frenkel






Por Jimena Repetto


En parte el amor se trata de esperar. Esperar al otro, esperar que el otro sienta lo que uno siente, esperar que el otro nos consienta. Pura Cepa de Ana Frenkel se abre con una chica que espera sentada que llegue su cita. Ella es pequeña, está vestida de rojo y una voz en off, la de su conciencia, nos hace saber lo que piensa mientras el tiempo pasa. Entre el melodrama y el absurdo, se abren aquí una serie de coreografías que llevan al espectador a moverse en la butaca, reírse, y entender qué sucede en cada situación sin que los personajes digan una palabra. En este sentido, Pura Cepa funciona como un conjuro de danza, música y teatro que hipnotiza. Los cuerpos parecieran desarmarse, restablecerse, caer y extenderse en una sucesión de cuadros que se hilan. Es evidente que el grupo Compo, disfruta de su ser y hacer en el escenario y esa alegría se transmite. El dinamismo con el que cada integrante se mueve a través de un arco de sensaciones y sentimientos, disuelve la división entre espectadores y artistas. Por un momento, quien mira también baila, abraza y salta. Basta ir para sentir el placer de estar ahí. Por suerte, no hay por qué esperar.



Intérpretes: Carolina Borca, Daniela Bragone, Aldana Cal, Lucas Cánepa, Matías De Padova, Aline Dibarboure, Julia Frenkel, Verónica Hassan, Ana Lestard, Facundo Nuñez, Hernán Paulos, Diego Rosental, Marisa Taboadela, Mariana Vidal, Débora Zanolli
Música: Andrés Menutti
Diseño de vestuario: Guido Lapadula
Diseño de luces: Ricardo Sica
Tema musical: Joel Spiro
Asesoramiento tema musical: Diego Frenkel
Voz en off: Jacobo Domeneque
Diseño gráfico: Violeta Frenkel y Joel Spiro
Colaboración artística: Juan Pablo Gómez
Asistencia de dirección: Valeria Cavassa

jueves 20 de noviembre de 2008

Caballos Salvajes

-Cine-

Los noventa y el cine nacional

Eric, dueño del blog: www.decadadelnoventa.blogspot.com, escribió especialmente esta nota para Revista Siamesa.


Fui a ver Caballos Salvajes con Verónica, mi novia de entonces, cuando se estrenó. Nos faltaban unos meses para terminar la secundaria. Un rato antes, en el McDonald´s, habíamos estado conversando sobre lo que íbamos a estudiar el año siguiente, con el desempleo como único horizonte esperable. Yo quería seguir Filosofía, Cine, Periodismo, Letras, Sociología, Ciencias Políticas, Historia, Antropología o Comunicación Social. Ella estaba entre Psicología, Letras y también le tiraba un poco Publicidad.

-Tiene mejor salida laboral –argumentó.

La sala estaba repleta de gente. Tango Feroz, la película anterior de Marcelo Piñeyro, no nos había gustado a ninguno de los dos. La apuesta de Caballos Salvajes al menos parecía interesante: road movie, narración clásica, amplio presupuesto.
En las primeras escenas lo vemos a Héctor Alterio, un jubilado que entra a una financiera con el objetivo de recuperar un dinero que le fue estafado hace algunos años. Para hacerlo, se encañona en frente de Leonardo Sbaraglia, un empleado con aspiraciones de yuppie, amenazándolo con suicidarse si no le entrega el dinero. Sbaraglia revisa los cajones del escritorio donde está sentado y oh sorpresa, aparecen los fajos de billetes. Pero algo sale mal, el vigilante de la financiera da el aviso a la policía, y ocurre el primer evento inexplicable de la trama: Sbaraglia se solidariza con el pobre jubilado, y para salvarlo del inminente tiroteo, se hace pasar por su rehén. Escapan los dos por la ruta. Los siguen un par de matones de la financiera. Alterio es anarquista. Huyen rumbo al sur.
En algún momento del viaje se cruzan con Cecilia Dopazo, que se escapa de algo aunque nunca nos enteramos de qué. Al promediar la película, los tres hacen llover medio millón de dólares sobre un grupo de obreros en huelga. Un rato después se detienen en una playa para descansar. Se está haciendo de noche. Alterio come una manzana. Plano y contraplano.

-¿Y usted quién es? –le pregunta Cecilia Dopazo– ¿Cómo se le ocurrió una cosa así? Ese asalto al revés. ¿Cómo sabía que no le iban a decir: “matate, viejo, a mí qué me importa”?

-No lo sabía.

-¿Y qué hubiera hecho?

Alterio sonríe, muerde la manzana.

-Se hubiera matado –interviene Sbaraglia.

-¿En serio? –pregunta Cecilia Dopazo– ¿Quién es este viejo?

Desde la radio del jeep, se escucha una transmisión radial donde el locutor les desea suerte a “los indomables”, que es como la gente los llama a él y a Sbaraglia, desde su inesperado acto de generosidad. Empieza a sonar un vals de Strauss. Alterio tira la manzana al mar. Sube a una colina y baila señalando las olas como un director de orquesta. Al terminar el vals, se escucha un grito que se haría emblema:
-¡La puta que vale la pena estar vivo!

La película debería terminar en ese momento. La escena, de hecho, se repite al final. Verónica y yo salimos del cine de la mano. Les dimos monedas a unos chicos en Lavalle. Ella lagrimeaba, yo también. Después nos fuimos a caminar al Bajo.

El año siguiente se nos venía encima, pero durante el resto de esa tarde no nos importó.

lunes 17 de noviembre de 2008

"Tiempos Modernos" de Charles Chaplin: La última escena (Dawn)

-Cine-

Seccion: En boca del lobo

Por Daniel Gaguine


Es difícil elegir una escena en particular pero me incliné finalmente por esta. La primera vez que ví la película fue en casa de unos tíos ricos con delirios de progresismo democrático pero con una realidad de Recoleta. Al grito de "Vamos a reírnos con una de Carlitos Chaplin-con acento en la i-", vi por vez primera, a mis once años, una película seminal en cuanto a valores y conceptos personales con los que he crecido a lo largo de los años. La libertad y el afrontar los desafíos de la vida "sin perder la sonrisa" (como dice El Salmón) se condensan en esta última escena a la que hago mención. Demás está decir que en esa velada, mis tíos se quedaron con la primera hora de gags y después...se levantaron a tomar la merienda. Lo “gracioso” ya había pasado... y el nene (o sea, yo) estaba entretenido mirando. “Debe ser medio raro. Ya terminó lo interesante y sigue mirando” dijeron pero a mi no me importó su opinión.

Son los dos últimos minutos y siete segundos, bajo el título de "Dawn". Después de haber pasado por múltiples peripecias, un travelling baja desde la ruta hasta la banquina y nos muestra como Chaplin y la niña (Paulette Goddard) se encuentran como Fito Páez, al lado del camino. Los dos están sentados, tristes hasta que la chica rompe en llanto. Allí, Chaplin se acerca y la consuela. Le habla y se le comprende lo que dice. Le pide que se levante y que siga adelante. Se levantan y caminan por la ruta, por el medio de la misma, sin esconderse. Eso si, le pide una sonrisa, la mejor arma contra los duros de corazón. En todas las dictaduras, los primeros que son prohibidos son los cómicos. Porque la risa molesta y va más allá de la alegría en si. Y así, Charles y la niña se van, tomados del brazo, dispuestos a enfrentar al mundo.

Todo lo que hay dando vuelta alrededor de esta escena con respecto a los simbolismos, alegorías y metamensajes son proporcionales a la cantidad de personas que la hayan visto y conmovido de la misma manera que me pasa a mi cuando la veo. Levantarse y luchar. A seguir adelante... "aunque sea por curiosidad".

Hay quienes dirán que hay conformismo, resignación y hasta cierta hipocresía que se postula a través de esa "sonrisa". Dudo que sea el mensaje original aunque por las deformaciones propiciadas por la sociedad en que se vive, encuadraría perfectamente esta visión. El sonreír...el ser "políticamente correcto", egoísta, con una visión de lo que ocurre limitada al propio ombligo, pasteurizado y con todas las bondades del agua mineral aplicadas al individuo: incoloro, insípido e inodoro.

Aunque suene naif o sentimentalmente inocente, el motor de esta escena es el amor. Ese amor que se tienen dos personajes los cuales estarían a la deriva si no contasen el uno con el otro. Y es ese amor el que les permite enfrentar cualquier circunstancia de la vida. Las buenas y de las otras que, generalmente, no tienen que ver con uno en particular sino con un contexto sucio y falso que es capaz de poner en tela de juicio hasta el amor más puro. Porque... ¿Para que esta la culpa, el prejuicio y el egoísmo? Para poner piedras en el camino ya que siempre es más fácil obstruir que construir por más que la historia no la hayan escrito ni los tibios ni los cobardes.

Además, para destacar la crítica a los que supuestamente deben ser los garantes de la ley y el orden, como la policía y los jueces a través de una visión represiva y represora. Que aparece en todos lados, agobiante y asfixiante. En la escena previa a la que tomamos en consideración, la niña baila en un bar pero es arrestada ya que era buscada por vagancia y hurto (en tiempos de recesión y la gran crisis). De allí, nuestros héroes escapan hasta la escena destacada.

No voy a descubrir la gestualidad de Chaplin y que una mirada suya equivale a más de mil palabras. Solo quiero destacar una escena fantástica, de esas que te hacen emocionar y llorar pero no con una cursilería de telenovela sino con un contenido tan actual y tan en boga que merecería copiarse por parte de poblaciones ciegas de egoísmo de clase.

sábado 15 de noviembre de 2008

LECTURAS POR 4!





LUNES PRESENTACIÓN POESÍA MANUSCRITA
MARTES: SAPO DE CARNE (SAPITO Y CARNE JUNTOS!)
MIÉRCOLES: ÚLTIMO MUDO!
JUEVES: OUTSIDER

viernes 14 de noviembre de 2008

AUTOMATICOS de Javier Daulte

-Teatro-


Automáticos


Seres accidentales en un mundo caótico (como los hombres).


Por Vivian Garcia Hermosi



En Automáticos, Javier Daulte no teme meterse con los más grandes temas de la humanidad desde la visión aparentemente más inocente pero tempestuosa: un grupo de cinco adolescentes que tienen que realizar un proyecto de ciencias.


El clima hormonal propio de los jóvenes se conjura vilmente con un fenomeno climático extraño, producto de la tala indiscriminada del Amazonas. Los autómatas en los que trabajan cobran vida misteriosamente por una descarga eléctrica. Este hecho desencadena una serie de eventos inesperados.


En esta obra podemos ver distintas referencias al cine, la literatura y al teatro: por un momento parecía tener reminiscencias de la ochentosa película de adolescentes “El grupo de los cinco”, por otros , se inscribía claramente en la tradición que inició Mary Shelley donde se custiona la capacidad o no del hombre para crear vida ( y de la que forman parte películas como Blade Runner e Inteligencia Artificial). Sin embargo, y volviendo al teatro, hay un personaje que parece salido del Zoo de Cristal: El personaje de la hermana de uno de los líderes del grupo.


La hermana, la hermana enferma, desquiciada y sin embargo adorable, aparece de pronto en el sótano donde los jóvenes trabajan. Es ella, la que, inesperadamente, descubre en los autómatas la humanidad que no consigue en la gente de su edad y ni siquiera en su propia familia.


De golpe todo cobra un clima de sin sentido y nos preguntamos, junto a estas criaturas nacidas por azar, ¿Qué es el hombre? ¿De qué materia está constituido? ¿Por qué se ha puesto el hombre en oposición al mundo en vez de formar parte de el? ¿De dónde lugar extraño y de naturaleza misteriosa vienen los sentimientos que nombramos como tristeza, dolor, soledad?


Como Frankestein, esas criaturas sin nombre, conocerán el amor, la vida y la muerte. Y finalmente, en el acto final, clamarán venganza a su demiurgo por la vida que no eligieron tener.


Lugar: Teatro Del Pueblo (Av. Roque Sáenz Peña 943 - 4326-3606)
Horario: Viernes a las 23:30


CARNAVAL de Facundo Mercado

-Teatro-


Carnaval

Allá, acá y ahora


Por Vivian Garcia Hermosi


Carnaval se presenta como un espectáculo de danza teatro que se divide en tres partes: una primera parte que aborda simbólicamente el nacimiento del carnaval en la Edad Media en la Venecia de la antigüedad. Una segunda parte que cita a través de la danza a “El matadero” de Esteban Echeverría, y una tercera parte, final, que se acerca los ritmos del noroeste argentino y su carnaval.


Esta primera parte, la que juega con el carnaval veneciano, si bien cae en los convencionalismos de la representación clásica, es la más lograda de las tres. La utilización de mascaras que diluyen lo real de lo imaginario, la disolución de las clases sociales y los binomios de pulsión y represión sexual, la vida y la muerte, el amor y la repulsión. Todo a través del manejo corporal de la compañía de baile. Lo onírico se cuela entre los cuerpos que se mueven sutilmente, que resbalan, como si estuvieran sobre un piso repleto de jabón.


La segunda parte intenta citar a “El matadero” pero la representación se queda a mitad de camino. El talento de los bailarines compensa el vacío en términos argumentales, así como la utilización de pequeños elementos escénicos que ayudan a crear el ambiente de época. Todavía no se logra entender el puente temático que une la obra literaria de Echeverría con esta representación. Tal vez es una interpretación postmoderna del asesinato del unitario como una suerte de espectáculo carnavalesco en manos del cuerpo de los barbaros, el cuerpo de trabajo, los adoradores de Rosas, la lucha entre unitarios y federales. Sin embargo, no es algo que se infiera de la obra.


La tercera parte es la que se reencuentra con el carnaval en el imaginario del noroeste argentino. Allí se aborda el vínculo con la naturaleza, el sonido originario. Predominan los tambores, la voz desgarrada. Se despliega una suerte de representación de regreso a la tierra. Aunque nada de todo esto se dice con palabras, por supuesto. Todo lo dicen los cuerpos en movimiento de la Compañía de Danza Mitimaes.



MIERCOLES 15, 22 y 29 de octubre 21:30 hs y LUNES 3 Y 1O de noviembre.

EL CUBO.
ZELAYA 3053. Reservas: 4963 2568
ENTRADAS $25

Ficha técnica:

Compañía de Danza Mitimaes:

Camila Alarcon-Laura Ayala-Alexis Bogado-Ayelen Clavin-Gabriel Contreras-Pamela Fernandez-Roberto Fernandez-Maria Laura Figueiras-Juan Jesus Guiraldi-Sergio Pintos-Morena Raffo-Damian Roezgas-Yesica Soru-Leandro Suarez-Laura Sol Torrecilla
Asistente de dirección: Maria Laura Figueiras
Diseño de vestuario: La Torre
Realización de vestuario: Lucy Natello
Colaboracion en vestuario: Beatriz Pertot y Marta Dieguez
Compaginación Musical: Federico Orlando
Diseño Grafico: Silvana Gimenez
Direccion General: Facundo Mercado

*ESTE ESPECTACULO HA RECIBIDO EL SUBSIDIO DEL INSTITUTO PRODANZA 2008*

PROYECTO 3. CONVERGENCIA TEATRAL de Marcelo Mangone y Ariel Barchilón

-Teatro-


Proyecto 3. Convergencia Teatral

Una propuesta de Marcelo Mangone y Ariel Barchilón, cuyo principal objetivo es promover los trabajos de nuevos dramaturgos y directores.

Por Eugenia Rombolá



El proyecto está conformado por ocho obras que se presentan divididas en dos días, viernes y sábados. En esta ocasión contaré mis impresiones sobre las cuatro obras de los sábados. Las obras de los viernes quedarán para la próxima entrega.

De tanto dolor no siento nada ocurre en un vestuario, durante el intervalo de una competencia de natación. A los tres personajes los une una relación compleja y triste. El tema es interesante, pero las revelaciones se dan de manera muy abrupta sobre el comienzo, lo que hace que la obra se desarrolle en decrescendo con respecto a la tensión inicial.

Lista para el eclipse tiene una estructura clásica, tanto en la construcción de la historia como en las actuaciones y la escenografía. Galván espera a su novia Carina en la plaza del pueblo para ver juntos el eclipse que ocurrirá esa noche. Pero el eclipse no será sólo un lindo espectáculo, sino que una leyenda amenaza cumplirse a causa de él. Las divergencias políticas de la pareja y los enredos que ocasionará Salvadora, la heroína de mármol del pueblo, serán el eje sobre el cual se desarrolle la obra.

Snorkel es una propuesta que me interesó especialmente. Dos hermanos interactúan en un espacio totalmente despojado. La escenografía consiste sólo en las tres cortinas negras que delimitan el lugar, el cual entendemos como la casa que probablemente habitaron los hermanos durante toda su vida. La puerta por la que en ocasiones sale Jota, es simplemente la cortina posterior, y el sótano, húmedo y aterrador, con el que Greta amenaza a su hermano, son los pliegues de la cortina derecha. Todo es sórdido e íntimo. Greta y Jota tienen una relación basada en la crueldad. Juegan al verdugo y la víctima, al protector y el protegido, pero, como en los juegos de infancia, las reglas cambian caprichosamente, claro que el final siempre es el mismo: la culpa que los retiene y obliga a permanecer juntos.

Los espectadores nos sentimos un poco voyeur, nada de lo que sucede allí sería posible con la presencia de otro. Si eso ocurriera –de hecho, Jota ansía inútilmente la llegada de una persona que prometió ir para Navidad- todo se derrumbaría: la relación de Greta y Jota no se sostiene si alguien conoce su juego, a no ser que ese alguien sea la madre de ellos, la que probablemente les enseñó las reglas, pero ella ya no está.

Es así como surge un efecto bien logrado. La desesperación se traslada a quien mira, no tanto por la conjugación de la crueldad y la culpa, sino porque desde esa lejanía que la historia le impone al espectador, éste termina ocupando un lugar privilegiado desde donde ver la imposibilidad de una salida a la que están condenados ese tipo de amores, los que no tienen límites.

La isla prometida cuenta en tono de comedia las desgracias de un matrimonio y una amiga sexy que están en un bote perdidos en el Delta. Fabián, que desde que se hizo miembro de una secta se cambió el nombre por el de Noé, busca una isla, en la cual se construirá una sociedad más perfecta, luego del fin eminente de la civilización pronosticado por la secta. Vera, la amiga del matrimonio, que subió a ese bote desconociendo las verdaderas intenciones de Fabián, es el punto de tensión entre el matrimonio, ya que, a medida que pasa el tiempo, Fabián disimula cada vez menos sus ganas de acostarse con ella. La temática me hizo recordar tópicos utilizados por Houellebecq (sectas, sexo, Apocalipsis), con la diferencia de que en esta propuesta no se busca una reflexión provocadora, como sí lo hace el escritor francés, sino que su interés está enfocado en contar una historia que va de lo absurdo a lo decadente, y en ese vaivén logra arrancar varias risas.


Teatro del Artefacto

Sarandí 760



viernes 23 hs. y sábados 20 hs


MI JOVEN IDIOTA CORAZON de Anja Hilling

-Teatro-

"Mi joven idiota corazón" de Anja Hilling

Por Valeria Iglesias
Adentro puede ser afuera. Afuera puede ser adentro. El espacio en Mi joven idiota corazón es reversible. O es como una de esas imágenes de Escher donde sus dibujos juegan una trampa a nuestra percepción de la perspectiva con los planos y estando arriba llegamos a descubrir que estamos abajo. Me refiero a lo interesante de la escenografía y el uso del espacio escénico, con una simple pared y una puerta que puede ser aprovechada para ambos lados (ambos lados pueden ser adentro o afuera de undepartamento según se desarrolle la obra).

Pero lo curioso de la puesta es el paralelo que encuentra con la afilada dramaturgia de Anja Hilling que apuesta por el monólogo interior. Así entramos en la propuesta de los límites confusos entre lo que los personajes dicen y lospersonajes piensan. Los bordes están fundidos y confundidos, como todos los personajes que no saben qué hacer de sus vidas. También la musicalización de la obra que no es otra cosa que un despojado piano en escena tocadopor uno de los actores que va y vuelve de sus funciones (no es un personaje que toca, es un músico que también sale de su rol de músico para pasar a ser personaje).



Actúan: Juan Barberini, Javier Barceló, Cecilia Blanco,
Francisco Civit, Milagros Gallo y Martín Urruty.

Diseño de Luces: Ricardo Sica

Diseño escenográfico: Gonzalo Martínez

Escenografía original: Ariel Baccaro

Adaptación escenográfica: J. Drolas y J.C. García Gutiérrez

Asistencia de dirección: Laura Santos

Dirección: Gonzalo Martínez


Espacio teatral El Kafka - Lambaré 866

Reservas: 4862-5439

Domingos 20.30 hs.

domingo 9 de noviembre de 2008

JUEGO DE SEÑORA de Clara Anich


-Literatura-


*

Cierro la boca

y una mano estalla

trago dificultosa

la sangre caliente

no se juega con la comida,

me enseñaron,

pero yo no quise.

Vuelvo a mirarte

y me guiñás cómplice de miseria.

Alguien murmura que vos sabías.

Dejás correr el agua

yo chapoteo

y me mojo.

*

Retrato de espejo

y sabor a reemplazo,

besos de morocha,

la misma posición

para los cuerpos,

cambio de repertorio

sobre el escenario de tu cama

un deambular de institutrices.

Mary Poppins sin deshollinador.



*

Absurdo, decís que no con la cabeza,

murmurás promesas de odio.

Sobran zapatos

tierra

voz de amanecer sin haber cogido.

Negación que lleva al melodrama.

sábado 8 de noviembre de 2008

SPLATTER ROJO SANGRE de Daniel Dalmaroni


La vida en rojo


Por Jimena Repetto


Seis personajes van llegando a una pequeña sala. En el escenario hay sillas y una mesita con café. Sobre el piso están delineados los límites de la habitación en la que ocurre la reunión. A medida que entran con sus respectivas mañas, crece la intriga sobre qué es lo que hacen este grupo de semi trastornados, aunque no más que cualquier hijo del vecino. Y aquí es donde Splatter Rojo Sangre de Daniel Dalmaroni, con asistencia en dramaturgia de Clara Anich, revela la intensión del título. En esta comedia se destaca la construcción de los personajes que desarma los estereotipos del hobby que los entretiene. Adictos que buscan ayuda, tal vez en el lugar equivocado, por momentos se presentan simpatiquísimos, bobos y seductores. Será por eso que nada indicaría, a priori, que son tan dignos de temer. En este sentido, los actores se destacan.

Pero no sólo para reírse es Splatter, es más, si quiere un rato pasatista en el cual sus neuronas se tomen vacaciones, no pase por acá. Más bien es una invitación a la carcajada con una coda de crítica social. Esta obra es un disparador para que nos preguntemos por qué será que la violencia se ha vuelto en nuestros días una cosa tan naturalizada que afecta a todos los estratos. Hay que ir para reírse y también para pensar.





SPLATTER ROJO SANGRE
Una comedia nacional clase B

De Daniel Dalmaroni



SÁBADOS DE OCTUBRE Y NOVIEMBRE 23.00HS.

TEATRO BECKETT
Guardia Vieja 3556
Reservas: 4867-5185
www.splatterrojosangre.blogspot.com



Un coordinador "violín", una huérfana llorona, una colegiala con problemas, una mujer de relaciones complicadas, una bioquímica y un... un... conductor de automóvil, le agregan ficcionalidad a los hechos reales que en la obra se relatan.


Elenco: Gabriel Kipen, Julia Odelli Craig, Sofía Palomino, Maya Kerschen, Ana Granato y Jorge Brambati.
Vestuario: Melisa Jara
Efectos especiales: Leandro Bustos
Iluminación: Marcelo Salvioli
Diseño Gráfico: Sandra García
Fotografía: Bonells/ Butler/ Muñoz

Asistente en dramaturgia: Clara Anich
Producción general: Alenjandra Monetro/ Clara Anich/ Mariano Bicain
Director asistente: Mariano Bicain
Dirección: Daniel Dalmaroni



VARIETALES DE HUMOR Y VINO por Los Trento

- Teatro-

Por Jimena Repetto

Dos actores en un escenario y una botella de vino dan comienzo a este espectáculo de humor. Si algo distingue el dúo Los Trento en este show es su capacidad de hacer reír tomando como punto de partida la música. Distintos ritmos se presentan de una manera original y contagiosa. Desde las clásicas canciones de misa hasta el bolero, pasando por el tango y el flamenco, la música es la simpatiquísima diva de la noche que combina elementos lúdicos con inteligencia.

Para cualquiera que esté descostillándose de la risa por las ocurrencias de los primos Trento, oriundos de Córdoba, queda claro que además de músicos los muchachos son unos maestros en el difícil arte de hacer que el público, lejos de “espectar”, participe . Es así que hasta el más timidón y silencioso de la sala, agradece que se lo haga parte y partícipe. No hay burlas, sólo la capacidad de generar un clima en el cual se pueden compartir risas y un buen momento. Dan ganas de volver y escucharlo una vez más. Que así sea. Ahora brindemos.



Autor: Idea, letra, música y dirección general: Los Trento - Estreno: 1º de noviembre en el Maipo Club.
Elenco: Leonardo Trento – Maximiliano Trento. Producción ejecutiva: Gabriel Grosvald
Lugar: Maipo Club (Esmeralda 443 – 4322-4882)
Horario: Sábados de noviembre a las 23 horas
Precio de las localidades: $35



viernes 7 de noviembre de 2008

LOTE 77 de Marcelo Mininno

-Teatro-

Por Jimena Repetto

Macho argentino, grandote, musculoso, bien prepotente y cancherón, sí, a usted le hablo, si quiere llorar ¿sabe qué?si se pone sensible después de ver esta obra, llore nomás.
Lote 77 indaga en cómo esta sociedad, la nuestra, construye estereotipos masculinos como ganado que transita caminos designados antes del matadero. ¿De qué se trata ser un hombre y qué es lo que esto ¿necesariamente? implica? ¿En dónde se juega la posibilidad de elección según los mandatos de género? Tres personajes, con historias muy distintas entre sí, se presentan explicando el oficio de la cría de toros y vacas. A medida que la narración avanza y se hila, los personajes nos dejan saber de dónde vienen e, intuimos, hacia dónde van. Miedos, dolores, angustias, flaquezas y demás sentimientos socialmente vedados al macho argentino, ingresan en los relatos de los tres personajes.
Cada detalle de la puesta está cuidado, desde el más mínimo e inquietante sonido, hasta la escenografía y la iluminación. Marcelo Mininno se presenta así como dramaturgo y director demostrando que hay nuevas y creativas maneras de mostrar un conflicto más que latente, existente. D' Adamo, Delgado y González Garillo, por su parte, parecieran ir develando sus personajes al espectador con sutileza. Es así que al re-presentarse a sí mismos una y otra vez, sentimos que la forma en la que se descubre la intimidad de cada uno insta a una reflexión e, incluso, a dejar fluir las emociones. En definitiva, es una obra que hay que ir a ver para sacar de una vez por todas del corral a los animales que la sociedad lotea.



*LOTE 77*

Funciones: Jueves 21 hs. y viernes 23.30 hs.

TEATRO DEL ABASTO - HUMAHUACA 3549

Reservas: 4865-0014

ocalidades: $20 / Desc. Estud. y Jub.

Ficha Técnica:

Actores:

ANDRÉS D'ADAMO ● LAUTARO DELGADO ● RODRIGO GONZÁLEZ GARILLO

Diseño escenográfico: MARCELO MININNO

Diseño de iluminación: ELI SIRLIN

Diseño de vestuario: CAROLINA MAS

Asistencia de dirección: SILVIA OLEKSIKIW

Producción ejecutiva: PABLO MORGAVI

Dramaturgia y Dirección: MARCELO MININNO

UN BESO por Mariano Cervini

-Literatura-


I


Esa mujer vuelve en mi sueño al costado de la ausencia

no advierte que todo lo conocido resbala sin prisa

en el manto secreto que adjudica la caricia al silencio


Estoy solo y me rodea su halo, su convergencia constante

Ha llegado con la noche y los residuos del día la convierten

en algo que pasó hace siglos, una catedral en ruinas


Sus pasos ocultan lo que mi corazón quiere de ella

cada latido desespera en incesante reclamo



No soy yo esa mujer, sino su recuerdo

su paso deteriorado por mi espalda

su absurda libertad para olvidarme en el pasado


Esa mujer sin principio ni final parece haber quitado una gota

de la lágrima eterna que habita en el brillo de esta noche

¿Cuándo detendrá su paso fiel cada huella , cada palabra que la recuerda?



Esa mujer se abre en la sed de mi

como un agua de estrella

que brota desnuda



Mansedumbre del que recibe la pureza sin acercarse al
misterio

Oculto en su pulgar viaja aquel gemido que me protege del mundo



Esa mujer,

alimento del latido

cavidad inconclusa de lo que permanece.

INCOMODOS de Esteban Menos

-Cine-

Punto de Partida

por Zachary Glass


Estos años se armo mucho revuelo con lo que era el “nuevo cine argentino”. Y creo que al leer esta clasificación una ya larga un bostezo. Pero bueno, voy a continuar igual. Este “nuevo cine” estaba hecho por gente joven, pero no tanto para un publico joven.

“Incómodos” es otra cosa. Es la obra de alguien que creció a la par de la nueva comedia americana, Los Simpsons, y películas ochentosas como Volver al futuro (a la cual se le hace referencia) y los Goonies. Pero pareciendo estar influenciado por cineastas contemporáneos de la ultima generación yanqui, como Alexander Payne, Wes Anderson y Todd Solondz.

La película se sostiene a la par de tres personajes muuuyy particulares que por diferentes razones emprenden un viaje hacia Miramar en pleno invierno. Uno para un concurso de baile, otro para tirar las cenizas de su abuelo y otra que va a visitar a su familia. Y parecen personajes sacados de alguna película de los 3 directores que nombré anteriormente. Pero no dejan de ser originales. Personajes que mezclan la apatía con simpatía; sobre todo Alfred, el gordito pelado que le pone onda hasta al “velorio”. Y también aparecen Diego Capusotto y Gujis, haciendo de él mismo (y que se exagere a él mismo lo hace aun mejor).

Más haya del sentimiento agradable con el que salí de la sala. Que capaz es algo particular en mí. Porque yo si crecí influenciado por todo lo anteriormente dicho. Me gusto la idea de tomar esta película como punto de partida para una nueva generación de cineastas que no le teman a la comedia, a las situaciones ridículas, y sobre todo a la influencia americana.

Ficha tecnica

TITULO: Incómodos
DIRECCION: Esteban Menis
GUION: Esteban Menis
INTERPRETES: Santiago Altaraz, Iván Moschner, Carolina Tejeda, Ricardo Bauleo, Juan Gujis, Diego Capusotto
FOTOGRAFIA: Martín Ati Mohadeb
MUSICA: Martín Litmanovich. Lucas Totino Tedesco
MONTAJE: Laureano Rizzo, Damián Bericat
ORIGEN: Argentina (2008)
DURACION: 84 minutos
CALIFICACION: Apta para todo público
WEB: http://www.incomodosfilm.com