SIN TON NI SON
Sin tu amor no viviré

Sobre la música de la película La mejor de mis bodas de Frank Coracci.

Por Federico Karstulovich

Aunque se haya convertido en un payaso, con sus dos últimas películas-Golpe bajo y Click-, Adam Sandler logró ser alguna vez dulce&melancólico al mismo tiempo con un puñado de películas entrañables. Su última aparición destacada -vaya coincidencia- también contó con la presencia de Drew Barrymore, por lo que podemos sospechar un agenciamiento de potencias inusitadas a la hora de mezclar amor con canciones populares.
Habrá que pedirle a la memoria un proustiano esfuerzo para retrotraerse al estreno, allá por 1999 de La mejor de mis bodas, una comedia romántica relegada al olvido, que es preciso salvar. Los adictos de las películas de cable a medianoche lo saben, hay rescates que acarician como frazadas, que nos tapan y nos permiten acurrucarnos entre sus pliegues cuando estamos tristes o mareados de tanta inconducta cotidiana, de tanta desmemoria emocional.
En las películas de Adam Sandler la música popular de los 80’s, el pop de Madonna y The Cure, está lejos de comportarse como un dislate nostálgico. Cada tema suena como debe sonar toda canción pop: no como una declaración de amor o confesión de pérdida, sino como una lengua alguna vez perdida, hoy recuperada. Sandler, como compositor y letrista, hace dos cosas interesantísimas con las canciones de la película: invierte o desplaza su uso ordinario (la abulia del tema de amor standar) para dotarlo de nuevos significados. Inventa baladas a años luz de cualquier amorismo banal justamente porque hablan del proceso más difícil: crecer juntos. Adam, como ente actor-productor-autor (no dirige pero casi...), trabaja sus canciones con una figura retórica muy útil: el oxímoron. Baladas tontas de melodía pegajosa cantadas con odio y resentimiento. A su vez, compone canciones románticas plagadas de comentarios escatológicos sobre la vida en pareja, lo anti-amoroso. Ni hablar cuando versiona “Holliday” de Madonna en franca clave de melodrama de Cecil B. DeMille.
En La mejor de mis bodas (traducción opiácea del original The wedding singer) además, somos testigos de una curva dramática que comienza bien abajo, ahí donde se junta la mugre en la suela y se eleva tan alto que el clímax de la película se da en un avión con la canción-peluche “I wanna grow old with you”, un producto sandleriano 100% donde la frase final de la canción es “Si hasta te dejaría manejar el control remoto”. El despecho como maremagnum sensacional (por las sensaciones encontradas) encuentra en la película de Adam Sandler, una salida estrepitosa y lucida: el abandono experimentado con humor e ironía.
ANIMAME




Le dio luz a mi vida.

Sobre los avatares de los personajes más despechados de Disney.

Por: Jimena Repetto

En el maravilloso mundo de Disney hay historias para todos los gustos, pero por sobre todo, las hay teñidas de cierto tinte azucarado. Nos enredamos en los dibujos animados con fascinación, seducidos por los artilugios de sus colores y movimientos y sufrimos el mismísimo “encantamiento” de sus personajes. Sólo se pierde la magia si, por un momento, nos preguntamos por el trazo o la incongruencia de una línea de diálogo. Cuando miramos Disney deseamos creer, olvidar el verosímil y, cada tanto, reír o llorar. Nada más.
Fuera de la sala, el tema es otro. Nos arremete la idea voraz de que todo en fue planificado, dibujado, pensado y diseñado, desde el color de la ropa de los personajes hasta el más pequeño vericueto de su carácter. Ni hablar de las tablas de costos beneficios, la distribución, la rentabilidad, etc.
Hoy nos quedamos con el hechizo que se carga a los despechados. Con una lógica simplista, podríamos atenernos a la maniquea división del bien y el mal. Están, por un lado, los despechados buenos que logran alcanzar su meta y besar a su ser amado, y, por otro, los villanos despechados que hacen del desprecio rencor y dispositivo de su mal.
Vamos por más. En este pequeño catálogo buscamos despechados de todo tipo, resentidos con la vida, buenos y malos, hombre y mujeres, pulpos y gatos, que comparten la misma triste sensación de rechazo y soledad.

Campanita en Peter Pan, 1953. Linda y tierna hadita que todos recordamos con los brazos cruzados negándole una miradita al simpático Peter. Terrible despechada, Campanita, adorable en todo su resentimiento. Que Peter es un histérico está fuera de toda discusión, como tampoco podemos negar las habilidades como estratega de ella, jugándola de mejor amiga. Todos sabemos que Wendy era una tarada y que la vida fue injusta con el hada a la que todos sacudían -sin ningún reparo- para poder volar. Su revancha le llegó fuera de la trama, cuando se convirtió en la figura oficial de “The Walt Disney Company”, abriendo y cerrando comerciales y spots con su varita mágica. Después de todo, la pobre se merecía a Peter, aunque fuera en Nunca Jamás.

Mulan en Mulan, 1998. La historia de esta película tiene larga data. Está inspirada en la imagen heroica de Mulan, personaje del poema chino "Mu Lan Ci", perteneciente al periodo de las Dinastías del Sur y Norte (420-581). Mulan es una chica valiente, de armas traer. No es típicamente femenina ni desea ser un buen partido para los brazos de un muchacho. Lo singular de esta heroína es que se desloma para entrar en el ejército imperial, sale a pelear y se une al ejército chino para rechazar a los invasores Hunos, liderados por Shan-Yu. El pequeño detalle que le permite a la señorita tales hazañas es, mire bien, disfrazarse de varoncito. He aquí el despecho de la dama ante una sociedad de caballeros. A Mulan le sale muy bien su hazaña hasta que, por esas desgracias de la vida, se le da por revelar, pequeño detalle, que es toda una señorita. Con todo el anhelo de querer pelear codo a codo en un mundo animado que le suele conferir autonomía sólo a los hombres, Mulan demuestra que no sólo de casarse y usar pequeños zapatitos se trata ser mujer.

La madrastra y sus hijas en Cenicienta, 1950: El queridísimo Walt dijo alguna vez que era ésta su película favorita y habrá que preguntarse por qué. Que tiene malas malísimas no hay duda y a falta de una, tiene nada menos que tres. Vamos que no hay seres tan horrendos y despreciables como estos adefesios que le roban minutos a la bella Cenicienta en la pantalla. La hermanastra queda bien despechada por no poder encajar su pie en el bello zapatito. Todos sabemos que las mujeres vagas y presumidas se quedan para vestir santos, que en Disney por los cincuentas, sólo a una ex ama de casa, le van bien los zapatos, corona y casamiento, como deber ser.

Úrsula y el cangrejo Sebastián en La Sirenita, 1998. Esta película marca un antes y un después, entre otras cosas, porque Disney aprendió a dibujar un príncipe decente, los anteriores eran tan feos pobrecitos que una ya se preguntaba qué les veían las princesas. Úrsula, por si no lo notaron, no sólo juega de villana, sino también tiene que lidiar con ser gorda, vieja y feísima, tres elementos terribles para nuestro mundo global. El caso es que a esta mitad mujer mitad pulpo, con pelo corto y tentáculos, le tocó vivir afuera del reino por su mal carácter y sus terribles acciones. Si actúa por despecho es porque la echaron –tía de Ariel, la sirenita en cuestión, también le corresponde la corona- y no tiene mejor idea que agarrársela con su sobrinita -suponemos, ¿futura heredera?-. Pero esta destronada no es la única portadora de esta sensación tan aberrante que nos convoca, ¿recuerdan al simpático Sebastián cantándole a Ariel para que por favor no lo abandone? Y sí, el más despechado de todos en La Sirenita es el cangrejo naranjita que es vilmente dejado cuando Ariel decide dejar de vivir “Bajo el mar”.

Woody, en Toy Story, 1995. Esta es la primera película hecha por computadora. Woody, el cowboy de madera, es simpaticón, no vamos a negarlo. Pero también es terriblemente celoso y egocéntrico. Digamos que es un juguete mal acostumbrado por un niño en edad de crecimiento. Hay una diferencia central entre Woody y Buzz Lightyear, su archienemigo, que logra que el espectador se identifique con el superhéroe espacial y que el vaquero se le torne insoportable: Buzz todavía es un niño en el mundo de los juguetes. Él cree que tiene los poderes que detalla su caja, siente que puede volar “hasta el infinito y más allá”. Woody, por el contrario, es un juguete adulto, conoce sus limitaciones y es bien conciente de que sus poderes no son reales. Woody es un despechado, no sólo porque sufre la caída de reino, sino también porque ha perdido esa inocencia que hace que creamos las cosas más insólitas y maravillosas aún pueden pasar.

Maléfica en La bella durmiente, 1959. A las mujeres que elige Disney les encanta no hacer nada, excepto fregar, hilar y cantar en el mejor de los casos. La bella durmiente, Aurora, logra desvelar a su príncipe –chicas tomen nota- nada menos que durmiendo. La historia viene así: Unos reyes que no podían tener hijos tienen una bella niña. Hacen una fiesta de bautismo, invitan a todas las hadas, menos a una, Maléfica, a la que se le ocurre como venganza interrumpir en la ceremonia y lanzar una maldición. Admitamos que está mal eso de dar una fiesta y dejar a una afuera. Esta vez, contamos con el despecho de quien es dejado de lado con la vieja excusa del “se me olvidó que te tenía que avisar”.

Stitch, (2002) Lilo & Stitch. Un despechado de nacimiento, un hijo de la ciencia sin padre, creado para el mal y alejado de su planeta compulsivamente. Mejor conocido como Experimento genético 626, Stitch es la creación ilegal de Jumba, un brillante científico que lo programó para ser destructor e indomable. Justamente por eso el tribunal de extraterrestres condena a la pequeña criatura a vivir en el exilio, donde no pueda hacer daño a nadie. Stitch, pese a todo, es adorable. Como malvado es casi inverosímil de tan divertido que resulta y, por supuesto, con el amor de su amiga Lilo se cura de toda maldad. Un reconocimiento a los malos despechados que, si tienen a bien resignarse a cualquier circunstancia, alguna vez les toca ganar.

La Reina Grimhilde en Blanca nieves y los siete enanitos, 1937. Primer largometraje de dibujos animados rodado en Technicolor con la despechada más aggiornada de todo el mundo animado. Nos encanta la malvada del espejito, porque nadie como ella representa tan bien los deseos de una sociedad de competencia en la que las mujeres matarían para ser las más bonitas. La belleza como objeto en disputa, lamentablemente divide los discursos sociales entre los que tienen más posibilidades de perder o de ganar. Más allá de la anécdota que corresponde a los hermanos Grimm, la malvada reina cuya “belleza” fue inspirada en Greta Garbo y Joan Crawford, marca el despecho de una sociedad que asocia juventud y belleza como parámetros de la felicidad.

Queremos a los despechados de Disney porque son los diferentes en un mundo almibarado, porque son más feos, más viejos, más valientes, más gordos e incluso más inteligentes. Esta nota lleva el apoyo por los que despechó el azar, por los que están destinados a perder, a los malos sin los cuales los buenos no tendrían nada que hacer ahí ni ninguna gracia que aparentar.

MAPAMUNDI: DESTINO JAPÓN




Todo el bien todo el mal

Sobre el libro Bajo palabra, de Akira Yoshimura

Por Ileana Kleinman


Me gusta pensar esta historia como una novela de aprendizaje. Si bien este texto, a diferencia de las novelas de este estilo, no se atiene a la tradición de retratar la vida y experiencias de un adolescente -en este caso el protagonista es ya un hombre adulto-, el desarrollo de su personalidad y de la historia permiten catalogar a Bajo palabra dentro de este género.
Bajo palabra, de Akira Yoshimura narra la historia de Shiro Kikutami, un profesor de escuela de Japón que, al descubrir en su propia casa que su mujer lo engaña, la asesina junto a su amante y es encarcelado. La novela comienza el mismo día en que Shiro es liberado y el autor nos lleva constantemente hacia el pasado, para enterarnos de su vida en la cárcel y de la manera en que sucedió el crimen.
Yoshimura elige narrar esta historia en tercera persona, de forma quizás un tanto desprendida, lo cual está en sincronía con las características del personaje. Kikutani, luego de estar más de quince años en la cárcel, debe volver a acostumbrarse a la vida de antes, pero que ya le era ajena. Tiene así que aprender a vivir como una persona “normal”, como un hombre que no está aprisionado y que puede disponer de su tiempo con mayores libertades.
En el aprendizaje que lleva adelante este profesor es importante señalar cómo es construido: es alguien profundamente temeroso y amante de las rutinas. Nunca se arrepiente de su crimen, del cual no habla tampoco. Entonces, una voz más despersonalizada y una prosa sencilla concuerdan con la falta de pasión con la que Shiro comienza a vivir su vida “nueva”, dispuesto a vivir sin amor. Esto concuerda también con la forma en que Shiro aprende a volver a dormir en una cama cómoda, a poder disponer de sus propios tiempos y a volver a trabajar. Va lográndolo.
La novela nos hace saber que pasan los años y que consigue adaptarse, vencer ciertos miedos al afuera y, con el tiempo, reestablecerse y tener un nuevo hogar. Es gracias a Kiyoura que Shiro logra ir pasando con éxito las diferentes etapas de esta nueva educación por la que tiene que transitar para su readaptación y llevar adelante, efectivamente, la última de esas etapas: casarse nuevamente, vivir de a dos una vez más. Shiro medita sobre el consejo matrimonial de Kiyoura y finalmente conciente, se casa con Toyoko, una mujer trabajadora y simple, mucho menos bella que su primera esposa, y que, además, sabe de su pasado. Shiro, entiende que éste es el último paso que debe dar para reinsertarse en la sociedad. Debe aprender, ahora también, a aceptar que de este matrimonio no surgirá una pasión profunda o un gran amor, y en efecto, se resigna a ello.
Tras la boda y los primeros meses de convivencia el aprendizaje parece cerrado, todas las fases completas: trabajo nuevo, hogar nuevo, esposa nueva: Shiro se encuentra disfrutando de la tranquilidad de la rutina conyugal. Sin embargo, las cosas no van a quedar calmas. Shiro no va a querer aprender a darse otra oportunidad para amar ni a dejar que la herida más profunda sane. Quizás algunas cosas no se puedan aprender.

ACÁ NOMÁS
Como no hay otro igual

Entrevista a Ginafranco Quattrini, director de Chicha tu madre.

Por: Jimena Repetto

Un pasaporte -sobrio documento- portado por Gianfranco Quattrini, se transforma en un registro plagado de sellos que, como huellas húmedas, dan cuenta de los rumbos de un hombre itinerante.
La identidad del joven director de Chicha tu madre, indisociable de los avatares de su historia, se conforma de una trayectoria de entradas y salidas, de residencias y trayectos que lo llevaron, por esas cosas de la vida, a nacer en Lima, haber vivido su infancia en Chicago para desembarcar en su adolescencia en Buenos Aires. Tiene familia en Suiza que habla italiano y familia peruana que reside en la Argentina. Quattrini, podemos suponer, tiene paradójicamente la proximidad cultural de un residente, con la mirada desconcertada de un turista. Sabemos que cada director busca instaurar un punto de vista en el amplio mundo cinematográfico. Es interesante entonces preguntarnos cuál es el vértice, sitio desde el cual Gianfranco despliega el ángulo de su mirada.
¿Qué elementos de tantas peripecias se han traspasado a su ópera prima? Chicha tu madre tiene un argumento simple y universal: un hombre -Julio César-, luego de enterarse de que su hija de 16 años -Yoselin- está embarazada, decide cambiar su vida. Sin embargo, el “Cómo, cuándo y dónde” le confiere a esta película su singularidad. Al sentarnos frente a Chicha, lo que resuena con cierta alarma es que, siendo una película peruana, la cultura que representa se nos aparece como por primera vez, mucho más acostumbrados nos tiene el cine a la representación de las calles de Nueva York que a las de Lima. Somos turistas cinematográficos en nuestro propio continente. Como aquellos nombres de telenovelas que asociamos a un lugar exótico, Chicha tu madre porta una identidad que nos anuncia un mundo que miramos extrañados. Es un placer descubrirlo.
Nos encontramos con Gianfranco Quattrini para desembrollar los vericuetos de la trama y los procesos de filmación. Lea atento al director de Chicha… que bien puede darnos una lección para replantearnos cuánto desconocemos de una cultura vecina, de esas que dan ganas de charlar balcón a balcón.

JR: ¿Por dónde buscás tus historias? ¿Qué te tienta contar?
GQ: Me topo con ellas en cualquier momento. Soy bastante disperso, todo me tienta un poco y supongo que eso me hace tender temáticamente hacia el eclecticismo. Metódicamente confío mucho en mi intuición y me permito desviarme hacia otros terrenos. Ahora, en el terreno específico cinematográfico, me interesa el humor y el drama, especialmente si van juntos, pero la verdad es que me gustaría experimentar en un género como el policial o el thriller, para estructurarme un poco.

JR: ¿Cómo gestaste la historia de la película? ¿Cómo fue mutando la idea inicial?
GQ: La gestación del personaje y la película se inició en mis recorridos azarosos por Lima durante la segunda mitad del año 2002. Yo había regresado a la ciudad donde había nacido y estaba descubriéndola por primera vez. Había sentido la necesidad de hacer una película allí y estaba perfilando el personaje, sus actitudes y comportamientos, básicamente sus contradicciones. Y de pronto la aparición destinada de un Julio César verdadero: un auténtico lector de Tarot que se presentó como actor para un casting, y, cuando vino a la prueba de vestuario, me ofreció leerme las cartas. Allí comprendí que la película que tenía en mente debía ser un viaje a través de Lima, siguiendo a un lector de Tarot cuya espiritualidad esotérica le sirva como guía errática en un mundo práctico y urgente, y cuya vida se transforma sin que él lo pueda predecir. Mi punto de partida inconsciente fue esa confrontación de lo espiritual con la vida cotidiana. Pero recién durante el montaje profundicé más en la sabiduría del Tarot. Antes estaba pendiente de crear una experiencia sensorial, al vaivén de una forma de vida focalizada en el corto plazo. Luego el Tarot se convirtió en el narrador.

JR: ¿Cómo fue el proceso de escritura y desarrollo del guión con Cristopher Vásquez?
GQ: El proceso de escritura con Christopher se desarrolló a partir del crecimiento de nuestra amistad. Compartíamos una mirada sobre la vida, y así fue que pudimos sintonizar. Lo escribimos por etapas, en Lima y en Buenos Aires. El hecho de que Chris haya vivido toda su vida en Lima fue muy importante.


Así como no hay historias sin personajes, tampoco las habría sin alguien que las supiera narrar. Quattrini, como narrador, puede contrastar los supuestos, interrogar las costumbres y explayarse en las historias con la avidez del pescador que lanza la caña en un mar sin divisiones de aguas. Es por eso, tal vez, que no dudó en filmar su película en Lima, con claras referencias de la trama a Buenos Aires y con un equipo y actores peruanos y argentinos.

JR: Sabemos las dificultades de filmar en Latinoamérica ¿Cuáles son las presiones con las que tuviste que lidiar para hacer la película?
GQ: El presupuesto era limitado y la única manera de hacer la película era dirigirla con un ojo puesto en la producción. Filmamos con casi 70 actores en mas de 60 locaciones, una de ellas un estadio de fútbol con miles de extras. El plan de 36 días de rodaje era muy complejo, y empezamos a filmar sin tener demasiadas locaciones definidas, con lo cual muchos lugares los descubrimos andando. No había otra forma de producir la película y mi aprendizaje como director era decidir qué era lo importante y estar abierto a reelaborar el guión mientras avanzábamos, por suerte estaba con Christopher al lado para ir revisando eso juntos. De alguna manera la película lo requería ya que ese era el espíritu del protagonista, un hombre la deriva que hace lo que sea para salir adelante. Fue una experiencia de rodaje muy visceral, éramos un grupo de amigos peruanos y argentinos en un rodaje guerrillero muy ambicioso y muy azaroso

JR: ¿Cómo influyó el azar en tu vida?
GQ: Con mucha sincronicidad.

JR: La película fue estrenada en diferentes países y festivales. Tuvo desde un público masivo en sala hasta un público más "exigente" como el de los festivales. ¿Cuáles son las diferencias que notás en la recepción de la película en los diferentes ámbitos y países? ¿Cómo viste vos la película?
GQ: Yo creo que la película se vio muy diferente fuera y adentro del Perú. En Perú había mucho interés en el segmento popular, y la presencia que tuvo la película en los medios populares creó muchos preconceptos. Y luego salió y tomó a los espectadores por sorpresa, porque pese a ser una historia sencilla, reclamaba cierta participación y análisis. Es una película con final abierto y muchos esperaban una resolución más concreta. Mi intención era abrir un diálogo con esta película, plantear un cuestionamiento sobre cómo uno mira a su propia sociedad. Y en cierta medida no todos están mentalizados para encarar eso. Yo estuve en la salida de los cines limeños entrevistando las personas que salían de ver la película y fue fascinante ver cómo algunos realmente habían ido buscando un entretenimiento ligero y salieron decepcionados, mientras que otros habían sintonizado con el personaje de Julio César y se sentían identificados profundamente. El tema es que pese a pasarle miles de cosas al personaje, yo lo veo como una película más bien contemplativa, con muchas elipsis y mucho fuera de campo, tal vez demasiado. Con lo cual no es realmente una película popular en el sentido más llano, aunque me hubiera gustado que así lo fuera. Hubiera hecho falta un poco más de giros dramáticos para lograr eso, pero pensándolo bien ese personaje vive una gran transformación sin dramas. Y tal vez allí esté la sinceridad de la película.

JR: ¿Cómo ingresa Chicha tu madre al cine latinoamericano actual? ¿Qué similitudes y diferencias encontrás entre esta película y las últimas producciones argentinas y peruanas?
GQ: Yo personalmente siempre sentí con este proyecto una necesidad visceral de llevarlo adelante, y se que para ciertos limeños era atrevido de mi parte hacer esta película. La realidad del personaje abarca en primera instancia sus relaciones intimas y familiares, antes que las sociales y esas son universales. Claro que estábamos muy conscientes de ser auténticos, en ese sentido el aporte del equipo en pleno fue esencial. Pienso que mi mirada no podía dejar de ser extranjera y eso puede ser que despoje a la película de ciertos lugares comunes o que permita que pose la cámara sobre espacios que desde adentro tal vez uno no se detiene a mirar. Pienso en lo colorida que es la ciudad de Lima, pese a tener el estigma de ser una ciudad tan gris.

JR: Siendo tan difícil entrar en el circuito de distribución internacional, ¿en qué medida influyen los festivales en la recepción y difusión de una película? ¿Cómo considerás que se "juzga" el éxito de una película latinoamericana: por el público en sala, por los reconocimientos obtenidos, por la cantidad de países donde se logra estrenar?
GQ: Es una pregunta para detenerse varias horas. El problema de la distribución es el problema de todos los cineastas independientes. Yo no creo que una película lleve más gente por un premio y está claro que una película no es mejor por la cantidad de gente que la vio. Son parámetros que utilizan los que rigen el mercado. Lo ideal sería poder recuperar la inversión y tenemos que aprender a llevar el público a ver nuestras películas. Hay que ser creativos en esto, no sólo en hacer la película. Tengo entendido que solo un 10% de las películas que se hacen en el mundo no pierden plata... De todas maneras la relevancia de una película se evidencia con el paso del tiempo, yo juzgaría el éxito de una película 10 o 15 años después de que salió.


JR: En una entrevista dijiste que querías mostrar la posibilidad de romper el estancamiento y la repetición en América latina. Por otra parte, en la película se muestra una migración interna (Julio César viaja a Argentina). El cine, ha contado más de una vez las odiseas de quienes quieren viajar a Europa o a Estados Unidos. En este sentido en Chicha tu madre se evidencia una ruptura ya que la "sanación" es interna. ¿Puede pensarse esto como la necesidad de una unión y aceptación de la identidad latina?
GQ: Mi objetivo principal al hacer esta película era tender un puente entre Perú y Argentina, Y reconozco que mi historia personal me impulsó a hacer esto, con cierto proceso de elaboración interna y vida encima, incluyendo el nacimiento de mi hijo. Pero hace años que pienso que el diálogo intra-latinoamericano es algo muy pendiente y en mayor medida en Argentina que en países vecinos. Lo cierto es que muchos argentinos han sido sanados en Perú y lo mismo al revés y con otros países de Latinoamérica. Pero como sociedad veo que aún debemos conocernos más y sincerar que los latinoamericanos estamos en el mismo barco, que se hunde por los mismo huecos o que flota con la misma madera. Lo pienso como algo que se va a dar forzosamente, y es bueno ir dando los pasos en ese sentido, más allá del turismo mochilero y el Mercosur.



JR: Siendo tu ópera prima, ¿qué marca singular te gustaría que quedara asociada a la misma?
GQ: Pese a ser uno de los productores de la película, y que esto va en contra de nuestros intereses comerciales, como director me gustaría que sea una película que se pueda conseguir pirata en las calles de todas las capitales de Latinoamérica. Por ahora ya se cumplió en Lima y en Buenos Aires... En Lima, cuando se estrenó, como aún lo la habían podido piratear, vendían copias piratas truchas que adentro venían con otra película. Comprabas Chicha tu madre a un sol y te venía Flash Dance.
GÉNESIS
Sobre el libro Querida familia, epistolario de Manuel Puig
Por Ezequiel Romero

Singular travesía. La lectura de Querida familia, epistolario que reúne cartas de Manuel Puig a su familia, perfecciona el placer de leer la obra de este novelista, guionista y gran cinemaniático. Backstage de aventuras y peripecias deslumbrantes que completa su obra. Puig relata las fases de su viaje por Europa.
Con humor implacable, desmenuza incidentes, enumera mudanzas, revive paisajes, acumula recuerdos, conoce familiares y así vive su propio aprendizaje. Focaliza y escribe según su propio pulso vital. Brotan los frutos de su fascinación de viajero a la hora del trabajo: escribe, corrige, traduce, adapta. Ejecuta las diferentes fases de su obra de un país al otro (como su correspondencia). Es maniático y obsesivo con las respuestas, como buen escritor de cartas.
En este fragmentado, trashumante y heteróclito relato aparecen entretejidos hilos, huellas y signos. Surge con fuerza lo cotidiano (los estudios, la ropa, los precios, la comida, los diferentes “hogares”) que se fusiona con lo raro y precioso (el cine, los viaje, el exotismo, el éxito, el recuerdo). De esa combinatoria entre afecto y distanciamiento también surge su obra.
Puig bucea y descubre en el mundo del cine. Conoce profesores, productores, guionistas, actores, actrices y estrellas y ve cientos de películas y obras.
La traición de Rita Hayworth y Boquitas pintadas toman el despecho como tema y disparador de su posterior obra. Este primer despecho se presenta como una suerte de destete. Conjura los traumas de la infancia en su pueblo natal (General Villegas) y se libera del fantasma de su experiencia de pupilo en el gótico ámbito del colegio Ward. Trabaja sobre los costados ocultos y silenciados que transforma en sustancia novelesca. La memoria provoca sospechas. Lo oculto se hace público. Extrae del chisme y de la basura bajo de la alfombra, el pretexto de una operación que purifica.
Su siguiente novela explora otra clase más compleja de resentimiento. En The Buenos Aires affaire Puig define, en clave policial-psicoanalítica, las relaciones peligrosas entre política, intelectualidad y esfera artística, donde conecta los puntos hasta convertirlos en puro affaire.
Puig asedia y conquista un sitial en el campo literario contemporáneo, al exhibir la maquinación de todo un campo cultural. El menosprecio que sufre el artista pasa a convertirse en motor. La novela sufre censura y a raíz de una serie de amenazas por parte de la triple A, Puig sale del país para no regresar jamás. La madurez plena llega con Pubis Angelical, que propone una plurivisión de mundos, tiempos y géneros imbricados en una ambiciosa trama.
Puig crea un verdadero lugar sin límites al combinar cine, arquitectura, psicoanálisis, política, melodrama y ciencia ficción. Sacia su voraz apetito por el cine en la literatura y transforma su desventura personal en reflexión dentro de la obra. Inventa personajes que sueñan con mundos imaginarios a pesar del desengaño cotidiano. Mezcla lo trivial y lo exótico, la femenina sensualidad tropical y el estilo impersonal y neutral de los poderosos. Cultiva su rara flor, crea especies nuevas de modo infatigable, es un jardinero. A partir del segundo tomo de cartas, se perfila progresivamente el viraje, fruto del azar, halla la propia voz en la voz de los otros. Graba y transcribe.
En más de un sentido, Puig transforma el despecho a lo largo de su vida. Primero pueblerino, luego pupilo, argentino en el extranjero, silenciado en su propio país, convirtió en impulso positivo lo que podría haber sido un festín de resentimientos.
DE COLOR




El amor y la pasión

Sobre el despecho de algunos directores a propósito del semen. Flandres (Bruno Dumont) y Semen (Ernesto Baca) en el Festival de Mar del Plata

Por Alejandra Vassallo

Dos imágenes.
Una mujer, oscura y desnuda, hecha un ovillo en la tierra desértica, sin rostro pero llena de gritos y quejidos eternos, escucha cómo se alejan los soldados blancos en su marcha hacia la próxima muerte, y en primer plano, el puño femenino aún chorreante de semen obligado, un receptáculo más de la humillación.
Otra mujer, tirada bajo el puente de una autopista, su cuerpo dispuesto como una muñeca rota, la violencia palpable en su quietud y la mirada hueca de quien acaba de perder un trozo de alma, un agujero en la trama, una ausencia que ya no se irá. Mientras tanto la pantalla se inunda de dibujos psicodélicos que simulan el avance inexorable del semen.

Dos frases.
Un hombre, alto, blanco, francés, con el tono profundo y bajo de quien se sabe respetado, dice: “La cadena de la venganza sólo se corta matando al inocente; ella no importa, es el amor en la imaginación del protagonista”.
Otro hombre, bajo, moreno, argentino, con el tono alto de quien sabe que llegará el momento de ser respetado, dice: “El semen es la vida. Tener ese hijo es un acto de amor”.
Yo pregunto: “¿Dónde está el amor? ¿El amor sólo es posible por el sacrificio del alma femenina, la penetración dolorosa de su carne, la acogida forzada de líquidos ajenos?”
“Es que vos decís eso porque sos mujer.” Una frase tan sencilla como devastadora que detiene toda posibilidad de intercambio, de discusión. Así como el semen, debemos tragarnos las palabras y además, dudar: ¿es así, no puedo desprenderme de este cuerpo igual a aquellos otros cuerpos inermes en la pantalla, en llanto, abiertos, mutilados? ¿No puedo dejar de sentir que soy yo y somos todas, siempre actuando el mismo papel sin poder proponer otra explicación de la imagen porque “miramos como mujeres? ¿Cómo no mirar como hombres y mujeres? Pocas veces tan palpable aquello de que lo femenino no alcanza la dimensión de lo universal, que siempre es un singular particular. Una mirada particular, “es que sos mujer”.
En el arte todo es válido y no esperamos que un realizador cree sólo lo que nos tranquiliza como espectadores, el mensaje corrector de una realidad que está lejos de lo que algunas desearíamos. ¿Pero no podemos hacerlos cargo de ese acto creador? Miremos como mujeres. Miremos como hombres. Y todos hagámonos cargo de que todavía nadie puede ser simplemente espectador. Hasta que podamos entre todos quebrar el espiral de lo violento con la estética de lo humano. Sin tener que, siempre, sacrificar al (¿la?) inocente.

MAPAMUNDI: DESTINO JAPÓN





En tus besos yo encontraba


Sobre la película All About Lily Chou-Chou de Shunji Iwai

Por Zacarías Glass

Hoy, cuando estaba allí dando vueltas por el barrio chino, como festejando el año nuevo, con empanadita, aunque sin vino en un restaurante argentino, tuve la revelación de saber sobre qué escribir mi próximo texto: las cosas que uno se pierde estando comprometido. La verdad que, si estaba en pareja, nunca hubiera conocido nada de la obra del Sr. Iwai y la mitad de su obra vale más que un año en pareja. Un año en pareja es algo que aparece y se va, pero una película de Iwai queda para siempre. Se termina y uno sigue reflexionando y va poniendo en funcionamiento los músculos del cerebro en vez de… bueno… otros músculos que… luego de tanto tiempo con alguien no viene mal dejarlos descansar.
All About Lily Chou-Chou es la película del adolescente abúlico que busca música alternativa, por ejemplo a Lily la comparan con Bjork al principio de la peli. Ella tiene el Éter, que es el efecto que produce en la gente y no debe ser contaminado. El Éter no es una droga, sino esa fuerza mística que nos rodea, algo así como "La Fuerza” de Star Wars. Nunca vemos a Lily en todo el desarrollo del film, capaz por eso su música nos parece mística y al escucharla también nos muestra ese misticismo. Iwai y su película están rodeados de Éter.
Comienza con unas palabras en una pantalla negra introduciendo a Lily y de golpe pasamos a un plano de un chico en un pastizal verde alto, en medio del campo, nadie cerca, escuchando a Lily Chou-Chou en su discman. Esto sucede literalmente, no es una metáfora ni un lugar que el chico busca en su mente para escapar. Ahhh ¡pensar que casi me pierdo de conocer la obra de Iwai! Hubiese sido vivir con los ojos tapados. Es impresionante cómo uno se sumerge en la música de Lily y tiene el poder de alejar todo el ambiente.
En Hana y Alice, cuando las protagonistas de la película, dos chicas de 14 años, van caminando por una plaza, no van simplemente caminando, sino que atrás los árboles violetas van desprendiendo sus hojas. Mientras éstas vuelan, ellas caminan. De la misma manera, Shiori, cuando pone a Lily por primera vez en su discman, no va paseando por el campo solamente, sino que allí también hay barriletes en el cielo y el poder remontar uno hace que toda la alegría le vuelva. No es que Lily le produjera alegría, sino es simplemente el síndrome de Holden Caulfield, ¿recuerdan El guardián en el centeno? Shiori termina en el pasto, tirada, escuchando a Lily, capaz no en su discman, pero sí en su mente. Su finalidad era quedarse tirada allí, ella, la soledad, el campo y los barriletes. ¡Qué magnifico que es sentir el Éter de Lily!
Me quedé sin cigarrillos y se me complica escribir sin ellos. Aparte, es hora de dormir y lo haré escuchando la banda de sonido. El hecho de que Lily no exista en la vida real me pone más feliz y cercano a su Éter, porque lo genial es que, como la película es japonesa, no entiendo nada de lo que dicen las canciones, y todo forma parte de mi propia imaginación.

IDA Y VUELTA
Adorarte para mí fue religión

Sobre el libro Fuegos de Marguerite Yourcenar y la película Dogville de Lars Von Trier

Por: Nicolás Pose

“El amor es un castigo. Somos castigados por no haber podido quedarnos solos. Hay que amar mucho a una persona para arriesgarse a padecer. Tengo que amarte mucho para ser capaz de padecerte.”
Fuegos, publicado en 1936, es el producto de una crisis pasional de su autora, Marguerite Yourcenar. Allí, evoca en todos los relatos -que tienen figuras de la mitología griega como Fedra, Aquiles, Antígona, Safo y otras-, al amor.
En “Clitemnestra o el crimen”, narra el despecho de la esposa del poderoso Agamenón. Tanto mujeres y hombres habrán sentido lo mismo que ella sintió: una mezcla de odio/amor y amor/odio. Agamenón, regresará luego de diez años, cuando la guerra de Troya haya finalizado. La espera de Clitemnestra es eterna -literalmente-, Yourcenar la hace expresarse a través de un monólogo frente a sus jueces. Lo va a asesinar, sí, con la ayuda de su amante Egisto –al que no ama y sólo utiliza para cubrir un vacío-. Sin embargo confiesa cosas que nos ponen los pelos de punta: “Partió hacia nuevas conquistas y me dejó allí, abandonada como una casa enorme y vacía que oye latir un inútil reloj”. Entonces, cuando se acerca el regreso del rey, ella, un día, al contemplarse en el espejo y verse el pelo gris, se da cuenta de que los años la han desgastado. El amor, como castigo, ha multiplicado el tiempo de la espera. Clitemnestra, siente que “en lugar de una mujer joven el rey encontraría en la puerta a una especie de cocinera obesa”. Este sentimiento de vergüenza, de temor, ante la inminente llegada, se repetirá una y mil veces en cualquier víctima de la pasión. Y no es raro, que los griegos hayan expresado, a través de la tragedia, un tema como el despecho. Este sentimiento, que puede apoderarse de cualquiera de nosotros, es imposible de esquivar. Cuando aparece, sólo queda exorcizar o glorificar al maldito amor, como lo ha intentado Yourcenar a través de estos relatos.
En Dogville (Lars Von Trier), el personaje de Nicole Kidman, sufre con otro tipo de poderoso que nunca cesa de cuestionar y pensar, para nunca actuar. Entre el intelectual de Dogville y el guerrero Agamenón, no hay diferencias, ambos con su poder miran y generan un vacío corrosivo en sus mujeres, un desgaste en su piel, que termina envejeciendo a cualquiera que se identifique con ellas. Por eso, Nicole tan hastiada, tan harta, odiando y amando simultáneamente, en vez de agarrar un cuchillo como Clitemnestra, agarra un revólver y mata sin piedad, al sutil, elegante, verborrágico, y pacífico intelectual.
Finalmente, ambas mujeres envían, desde su propio infierno, un sutil mensaje: un intelectual o un poderoso guerrero, más que pensar en el poder de palabra o el de la fuerza, debería reconocer que cualquier persona no amada es más peligrosa que un arma. Siempre nace una ley que reclama sólo el tacto y las caricias. De este modo, el amor desconsolado, se venga del poder, demostrándonos cómo la mezcla de odio y amor, construye la fatalidad a posteriori. Si decimos “Loco/a de alegría”, digamos también: “Cuerdo/a de dolor”.
EN BOCA DE LOBO

Siempre fuiste la razón de mi existir


Sobre la película Escrito en el
cuerpo
de Peter Greenaway

Por: Vivian García Hermosi



Dicen que no hay nada peor que una mujer despechada.
Cuando pensé en el tema del despecho me acordé de una escena de The Pillow Book, Escrito en el cuerpo, de Peter Greenaway, dónde a través del recurso del ideograma, de la yuxtaposición de imágenes y de palabras, nos adentramos en un mundo dónde el cuerpo es papel, es pincel, es vida y es muerte.
La película gira en torno de la decisión de Nagiko de publicar su libro, que es también una suerte de diario íntimo. Ella no es una artista convencional. Sus trabajos los realiza sobre cuerpos de hombres.
Rechazada por el editor planea vengarse de él. Convence a Jerome, el joven amante norteamericano del editor. Lo seduce para escribir sobre cuerpo.
Jerome, que es ante todo un narcisista, disfruta ser un sujeto-objeto de admiración. Se presenta ante el editor que, impresionado por la belleza del texto-cuerpo, reanuda sus encuentros con el joven.
Pero Nagiko no tiene en cuenta que podía enamorarse de Jerome. Furiosa, despechada, ella tambien traiciona la exclusividad con el cuerpo de Jerome como papel y como amante. Finalmente, por celos, él se suicida.
En un ritual donde el amor y la muerte convergen dando inicio a la creación, Nagiko escribe su libro más hermoso. Tal vez el más triste: El libro del amante. .
Ella lava, pinta, escribe, sobre el cuerpo muerto de su amante, con dedicación, con tristeza ¿No es la escritura un dialogo con la ausencia de las cosas y su presencia volátil?
Y en un juego exquisito, las luces se tatúan sobre los cuerpos, como la tinta sobre las palabras, que algo intentan decir, aunque no puedan, acerca de la perturbadora relación entre la literatura y el erotismo.
TE DIRÉ QUIEN ERES



Porque Dios me hizo quererte

Sobre Alvy Singer en Annie Hall película de Woody Allen

Por Juan Pablo Bertazza

En aquella época de la adolescencia cuando, como dice Sabina, uno tiene una cara de culo de vaso, yo miraba una película de Woody Allen por día. Con el tiempo, me quedó prácticamente sólo una película por ver, la cual tenía para mí cierto halo mítico porque varias veces la había escuchado nombrar: Annie Hall.
No soy de los afortunados que viven a pocos pasos de un “Liberarte” o un “New Planet”. A tal punto son malos mis videoclubs que siempre me reconforta achacarles cierta culpa en mis baches cinematográficos. La cuestión es que tenía que ver sí o sí Annie Hall y, como soy resentido, me compré el guión que editó Tusquets y hasta el día de hoy sólo leí la peli y nunca la vi.
Mi emoción era casi incontenible, la primera escena ya me había gustado: Alvy Singer (Woody Allen) diciendo cosas como “No me interesa pertenecer a ningún club que me tenga a mí como socio. Ése es mi problema clave con las mujeres”. Si bien la película lleva como título el nombre de la protagonista (interpretada por Diane Keaton), yo creo que Alvy es el mejor personaje de Woody Allen.
Paradójicamente, Alvy posee un despecho contra la emotividad, de una manera tremendamente sensible. ¿Dónde puede haber más sentimiento que en el escozor de los que reprimen expresar todo tipo de emoción? Annie le dice a Alvy: “Me gustás” y él le responde: “Pero cómo, ¿no me amás?” Es muy gracioso porque Alvy parece pasar todo lo emocional por el filtro de la razón, como cuando le dice: “Yo creo que deberíamos darnos el primer beso ahora para que después no esté la tensión de que todavía no nos besamos”.
I Hay algo de Alvy Singer que lo emparenta con Kafka en ese juego permanente de cercanía y distancia que le imponía a Milena a través de su correspondencia: los problemas de la pareja comienzan a surgir, de hecho, cuando Alvy no acepta que Annie se mude con él. De la misma forma, Alvy cae en permanentes contradicciones, la obliga a asistir a cursos universitarios del tipo “Poesía americana moderna” o “Motivos existencialistas en la literatura rusa” para que ella conozca profesores muy buenos. Una vez que Annie comienza a cursar, muy interesada, Alvy se enoja: “Todos los profesores que dan esos cursos son una basura”.
Pero en una película que habla del peor de los despechos, del desengaño contra la expresión de los sentimientos, hay lugar para el amor: Hay una escena en la que ellos se sientan abrazados en medio de una plaza y se empiezan a burlar de la gente que pasa, buscándoles patéticos pasados y parecidos físicos. Estar enamorado, al fin y al cabo, ¿no es un poco sentarse en la plaza y reírse de todos? Pero en este caso nadie ríe último ni mejor y, como todo lo que tiene un final dicen que termina, Alvy y Annie tienen una primera separación.
A Alvy se le presentan otras mujeres que muestran, por la negativa, lo que es -o fue- el amor. Es famosa en ese sentido la escena de las langostas: lo que antes había sido motivo de desenfrenada alegría con Annie ahora ya no es nada extraordinario. “Nunca es por algo que uno hace, el amor siempre se esfuma” le responde una señora que camina por la calle cuando Alvy le consulta por qué terminó su relación con Annie.
En toda la película subyace una fuerte oposición entre dos lugares: Nueva York y California, más precisamente Los Ángeles. Mientras la isla representa obsesión, paranoia, encierro, suciedad, muerte y al mismo Alvy; Los Angeles condensa la frivolidad, la alegría, lo físico y a personajes como Hugh Hefner. Cuando se separan por segunda y definitiva vez, y ella se muda a los Ángeles, Alvy literalmente se desterritorializa yéndola a buscar. En un restaurante de la avenida Sunset (crepúsculo) le dice, cuando ya no hay vuelta atrás: “Yo creo que deberíamos casarnos”.
Entonces viene la que para mí es la gran escena de la película, la muestra perfecta del desengaño: Cuando se retira del restaurante, Alvy intenta sacar su auto. Choca hacia atrás y adelante constantemente. Llega un policía, le solicita el registro, se le cae y el uniformado le exige que lo levante. Alvy no lo hace y encima le pide que sea cortés. Le dice que tuvo un día muy difícil. El policía se pone aún más denso. Entonces, Alvy vuelve a agarrar el registro, pero esta vez lo rompe en la cara del policía y le dice “No se lo tome como algo contra usted, tengo muchos problemas con la autoridad”.
El final. Alvy dirige un ensayo de una obra de teatro protagonizada por otros que la juegan de Alvy y Annie. En esta obra representada, todo termina bien: “Uno trata de que las cosas salgan perfectas en el arte porque es muy difícil en la vida real” dice Alvy. Muy buen final, pero Woody Allen fue por más: Alvy cuenta, finalmente, que volvió a ver a Annie. No se reconciliaron, pero supo que llevó a su nueva pareja a ver uno de los documentales sobre el holocausto que veía con él. En ese comentario radica toda la fuerza de la película: en que el propio Alvy Singer se da cuenta de que, en realidad y afortunadamente, todo está mezclado: la muerte con la vida, el arte con la realidad, la emoción con la frialdad, el despecho con el amor.

AMORES FATALES
En el alma sólo tengo soledad
Sobre el amor despechado de Federico García Lorca hacia Salvador Dalí

Por: Jimena Repetto.

De este amor no correspondido han quedados los poemas más hermosos, los trazos finos sobre las huellas del rechazo y la ausencia. Madrid, 1923, Federico García Lorca conoce a Salvador Dalí en la Residencia de Estudiantes, por donde también andaba Buñuel pululando.
Se atraen, se interrogan. Lorca va un paso más allá. No le da coto a las fronteras y se enamora, perdidamente. Juntos se vuelven un magma creativo. Dalí pinta los decorados de la pieza teatral de Federico “Mariana Pineda” que nada menos que Margarita Xirgu protagoniza. Lorca, en 1926, le dedica su “Oda a Salvador Dalí” en “La Revista de Occidente”. Hasta aquí una atracción imposible, un desafío al rechazo. Federico lo busca, lo enreda en las telas de su talento, de sus palabras vestidas con el grito de las sirenas. Dalí se retrae, se aleja. Es un amor hecho de pétalos sin espinas con los que una parte se niega a pincharse.
En 1927 Salvador Dalí y otros organizan en Barcelona una exposición de los dibujos que García Lorca hacía con lápices de colores. En 1928 Lorca publica Romancero gitano. Dalí lo acusa. Considera esta obra retrógrada ante la inminencia de la vanguardia. Federico se retrae, se refugia en Nueva York desde donde escribe el poemario Poeta en Nueva York.
Quedan las palabras. Una carta que Dalí le dedica, antes de que su relación termine convulsionando. En el papel lejano, las palabras resuenan: “Te creo el único genio actual. A pesar de lo burro que soy en literatura, lo que leo de ti me deja muerto”
Un amor sin epitafios, la desesperación del deseo sin cabida. Aquí las fotos, los dibujos, las palabras y los bocetos como el hijo ingrato de una pasión profana con deslices sutiles de una rosa pálida.

Oda a Salvador Dalí . (Fragmento)Los pintores modernos, en sus blancos estudios, cortan la flor aséptica de la raíz cuadrada. En las aguas del Sena un iceberg de mármol enfría las ventanas y disipa las yedras. . El hombre pisa fuerte las calles enlosadas. Los cristales esquivan la magia del reflejo. El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume. La máquina eterniza sus compases binarios. (…)Marineros que ignoran el vino y la penumbra, decapitan sirenas en los mares de plomo. La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene el espejo redondo de la luna en su mano. . Un deseo de forma y límites nos gana. Viene el hombre que mira con el metro amarillo. Venus es una blanca naturaleza muerta Y los coleccionistas de mariposas huyen. (…). ¡Oh, Salvador Dalí de voz aceitunada!No elogio tu imperfecto pincel adolescente ni tu color que ronda la color de tu tiempo, pero alabo tus ansias de eterno limitado. . (…)
EN SERIE
Para hacerme sufrir más

Sobre la serie Grey´s Anatomy

Por: Mariana Levy


Charla grabada con un mp3 en un bar de la calle Puán.


Chica Sweater rojo: …está rayada, boluda, dice que no se qué, que no quiere coger más…

Chica Remera Floreada: Respetáselo, también…

CSR: …que está tejiendo…

CRF: ¡Cómo en Grey´s Anatomy!

CSR: ¡Otra más con eso! ¡¿Qué en Grey´s Anatomy la chica a la que la deja su novio de toda la vida porque se dio cuenta de que era gay?!

CRF: No, a Meredith…

CSR: ¿Qué Meredith?

CRF: Meredith Grey… La deja Doctor Mac Dreamy…

CSR: ¿Mac qué?

CRF: Otro doctor del hospital, el mejor neurocirujano de Estados Unidos…

CSR: ¡Ah…bueno!

CRF: ¡Me preguntás y no me dejás terminar!

CSR: ¡Es que lo decís como si el chabón fuera posta el mejor neurocirujano! Ja ja ja, me da mucha risa…
(Silencio)
Dale, dale, contame, no te enojes.

CRF: Es que para mí es algo serio y es como si existieran. Para Caro también.

CSR: Caro ya tiene suficiente con un ex novio puto como para andar mirando esos dramones.

CRF: La cuestión es que a Meredith la dejó Mac Dreamy, que es el amor de su vida, y después se lo tiene que cruzar igual todo el tiempo en el hospital, en el ascensor, en las escaleras…lo mismo que Caro con Toti. No tiene relevancia si es o no gay.

CSR: ¡Tiene toda la relevancia, boluda! ¡Parece que te hubieras tragado a Verónica Castro y Andrea del Boca juntas!

CRF: No entendés nada…igual no te voy a tratar de convencer pero… acá lo interesante es que los pacientes y los casos que llegan no son un relleno, sino que tienen que ver con lo que les vas pasando a los personajes.

CSR: Sí, temático, pero si pasara en una firma de abogados sería lo mismo…

CRF: -No, es más que temático. Es un punto de vista. Todos los capítulos tienen un narrador, una voz en off, que por lo general es Meredith, y empieza hablando de un tema que tiene que ver con lo que les está pasando a los personajes de la serie. Un tema cualquiera como la soledad o el despecho o cruzar una línea. Y después los casos de pacientes que aparecen en ese capitulo van a tener que ver con ese tema. Pero el hecho de que tengan que ver, tiene que ver con ese punto de vista del que está contando la historia. Es realmente bueno que sea una serie y no una película porque es casi como la diferencia entre un cuento y una novela. Un cuento es sobre la anécdota, sobre lo que pasa, mientras que la novela es más sobre los personajes. Yo me paso todo el tiempo viendo cómo lo que pasa tiene que ver con lo que me pasa o como lo que me pasa adentro se refleja afuera. Y este programa es así. Los personajes interpretan todo lo que les está pasando a los pacientes desde lo que les está pasando a ellos.

CSR: Yo hoy a la tarde me voy a parque Rivadavia, compro un par de DVD´s de Sex and the city y se los llevo a Caro. Eso es lo único que te levanta en estas situaciones. Cuando me separé de Sebas era lo único que me ponía contenta. Le va a dar ganas de salir, de maquillarse, de ponerse unos tacos. De coger, bah. Y cuando se la coja un tipo en serio se va a olvidar.

CRF: ¿Qué decís que te da ganas de coger, si vos cuando te separaste de Sebas no saliste de tu casa en dos meses?

CSR: ¡Por lo menos no se me dio por ponerme a tejer!

CRF: ¡Ni a nosotras nos querías ver!

CSR: Bueno, pero si viviéramos en Manhattan y tuviéramos mucha plata todo sería diferente.

CRF: ¡Y yo me tragué a Verónica Castro! ¿Vamos yendo a la clase?

CSR: Mmm, no tengo muchas ganas.
EDITORIAL SIAMESA N2
NOTA EDITORIAL

Ya no estás más a mi lado corazón

Por Jimena Repetto

Te despecho mucho de menos.
Los despechados todavía sienten en los labios el roce del pasado y son concientes de la pérdida. Son jugadores necios, obstinados, empedernidos. Levantan armas contra un contrincante que abandona el tablero y patea fichas por el aire. A los gritos, los despechados, entablan una lucha con la ausencia. No son ganadores, no seducen, no se visten de gala ni juguetean con las plumas del erotismo.
El cine sabe de despechos. Se alimenta de lágrimas iracundas, de bueyes perdidos. También adivina que los enfermos de este mal recurren a él, a sus enseñanzas y promesas, a sus artificios. En la pantalla, encuentran auxilio, se reflejan en un espejo de circo en el que siempre, o casi, salen favorecidos.

Pactos.
El despecho viene acompañado de un pacto deshecho, una promesa tácita que apuñala la fe impoluta en las palabras. Las frases de amor se convierten en oraciones de una religión de dos adeptos que suponen la entrega imperiosa a sus “paratodalavida”, “mimedianaranja”, “yosolopiensoenti”. Las predicciones de amor niegan el azar, el cambio de opinión y amarran el futuro a una instancia que se instaura eterna. El sentimiento del despechado viene acompañado entonces de una terrible decepción: tanta retórica no sella, necesariamente, un pacto irrevocable.
El cine y la literatura son eternos enamorados. Comparten con el amor la instancia irrepetible, el constante presente. Y, aunque volvamos a pagar una entrada de la misma película o releamos las mismas hojas envejecidas, nunca tendremos el puro impacto de cuando lo hicimos por primera vez. El cine y la literatura son también creyentes de la palabra, aunque concientes de su capacidad de generar ficciones.

Instructivos.
Hay consuelo para los despechados. Ciertos géneros nos han enseñado que las palabras valen lo que dicen, que los sentimientos instauran un mundo posible sin engaños y que, necesariamente, la pareja protagónica se terminará besando. Que hay grandes despechados en el cine, no hay duda, pero también es cierto que las maravillas de las pantallas hacen de ese despecho motor para su transformación. Vamos, que todos sabemos quien llora ante el primer abandono -si además es lindo, honrado y sonriente- pronto va a encontrar a su tórtolo sentadito en la trama ante el primer punto de giro.

Creemos en el cine porque es nuestro maestro. Él mismo nos ha enseñado como un gurú moderno de qué se visten los sentimientos y, por sobre todo, qué se entiende por amor. Las películas románticas han obrado como las Bildungsroman contemporáneas de los enamorados. Cuando nos sintamos víctimas de este desahuciado sentimiento, visitemos –pochoclo en mano- a sus templos de celuloide. El mismo se encargará de seducirnos con historias dulces sin abrazos vacíos.

Si se cumplieran todas las promesas de amor, nos quedaríamos con muchas menos historias de las que visitan las pantallas Pero, por suerte, estas artes ficticias suelen dar revancha a los pololos tristes, cautivándolos con la seriedad de un tarotista que predice tiempos mejores. Por eso amamos que nos cuenten historias de rechazos con finales felices y a sus protagonistas así como vienen, despechados.

Exceptuados.
Por supuesto que encontramos excepciones, Casablanca grita presente en “la escuela del amor” diciendo que se puede ser hermoso como Humphrey Bogart y aún así sufrir la pérdida, ¡dos veces!, de Ingrid Bergman. Digamos que si hubiera sido otra historia feliz, tal vez, no recordaríamos de manera su heroico final.
Así como a veces son los buenos, no hay villano más adorable que un despechado. Son los malos buenos, los malos a los que la vida los ha llevado por el camino del rencor y todo por haber sido una vil víctima del desprecio.

Tenemos también artistas despechados, que han hecho del abandono el motor de sus obras y tenemos grandes creadores que la industria ha rechazado. Quien no se haya sentido alguna vez terriblemente dejado de lado, que levante bien alto la mano.
Hay cierto poder en este sentimiento. Despechados, todos somos un poco egoístas, un poco crueles y un poco tiernos a la vez. Les dejamos esta Siamesa despechada, así con toda su furia de chica resentida. Les regalamos este anhelo de tiempos mejores y esperamos, como Humphrey, que sea éste el comienzo de una larga amistad.