TE LO CUENTO
Te lo cuento

Scrutchub Waster Os

Sobre Supergirl de Jeannot Szwarc

Por Eugenia Rombolá




Le robé la copa al tío Ezequiel y salí al parque para que no me vea. Cuando se entere se va a enojar. El champagne no es rico, pero quería probarlo. Frío. Hace mucho frío. Las cosas se corren de lugar, se ponen más acá o más allá de donde tendrían que estar. Yo también estoy corrida. Eso no me lo dijiste. Me dijiste que era hoy... pero si
hubiese sabido que iba a ser así me hubiese puesto parches en los ojos. Todo es azul ahora, como cuando estaba en la panza de mamá. Ella me contó que antes de nacer yo flotaba en su panza. Y su panza, por dentro, era azul. Las cosas, tal vez, llegan a un punto y vuelven a empezar. A un punto azul. No sé por qué empezamos a hablar, yo apenas te conozco Pitufo. Mamá no me deja ver tele, dice que es mejor jugar. Pero esto no es un juego, ¿no? Siempre es mejor jugar, ahora me doy cuenta. Mamá tiene razón en eso. Uno de mis juegos preferidos es encerrarme en la habitación e imaginar que las paredes son de vidrio. De un vidrio especial: todos pueden verme y yo no veo a nadie. Ese es mi método para portarme bien. Igual no se lo conté ni a mi hermano. Si alguien lo supiese no sería divertido. Imagino que afuera hay otros que esperan que yo haga cosas malas. Pero no les doy el gusto. Inventé un idioma mío, para poder hablar sola. Digo cosas terribles y no me pueden retar. No tienen idea de lo que digo ¿Si te lo enseño, si te enseño me das más días? Claro que, ahora que lo pienso, si me das más días, también me vas a tener que dar más años. Era así el trato. Me dijiste “te regalo un día por cada año que viviste”. Si me das un día más, no me va a quedar otra que vivir hasta los seis. Seis años no está mal ¿Querés saber que significa Scrutchub Waster Os? No, no es eso. Bueno, pero ahora no, es otra cosa. Es mi idioma. Yo digo lo que significa. No, no vale. No. Sabés tantas cosas y no sabés jugar. Una vez con mi hermano vimos una peli. Una chica y un chico se besaban ¿Nunca jugaste a besarte? ¿Y con tu espejo no jugás, Vanidoso? Yo me pinto los labios de rojo frente al espejo del baño y juego a ser grande. Una vez me pinté toda la cara y me di miedo, parecía el diablo. Me lavé con jabón, me refregué fuerte y no hubo caso, no se iba con nada. Salí llorando. Mamá se asustó al principio. Pensó que me había lastimado ¿No te parece que a las mamás un poco les gusta que sus hijos se lastimen? Después me retó porque le gasté todo el rouge.

Pensé que iba a poder engañarte Pitufo. Pensé que si te enseñaba a jugar...Lloré adentro de la pileta, ¿no? ¿Sí? Nadie se dio cuenta. Llorar sola no es un juego. Me voy a enfriar rápido y no me los van a poder cerrar. Van a tener que pegármelos. Scrutchub. Todo era azul. Cuando jugaba no quería morirme. Así. Otra vez. Con los ojos abiertos.

¿Sabés?, una vez en la tele pasaron Supergirl y apagué el televisor cuando ella llega a la playa de un planeta feo, donde las piedras no se deshacen en la mano porque no son de arena como acá. Pobre Supergirl. Tendrías que haberla visto tratando de romperlas y nada. Creí que la peli terminaba con la imagen de su mano lastimada, pero al otro día en el jardín Flor me dijo que seguía. Me falto eso Pitufo, ahora me doy cuenta. Si tuviese un día más, un rato más, vería el final de Supergirl.
IDA Y VUELTA
IDA Y VUELTA
Adorarte para mí fue religión

Sobre el libro Fuegos de Marguerite Yourcenar y la película Dogville de Lars Von Trier

Por: Nicolás Pose

“El amor es un castigo. Somos castigados por no haber podido quedarnos solos. Hay que amar mucho a una persona para arriesgarse a padecer. Tengo que amarte mucho para ser capaz de padecerte.”
Fuegos, publicado en 1936, es el producto de una crisis pasional de su autora, Marguerite Yourcenar. Allí, evoca en todos los relatos -que tienen figuras de la mitología griega como Fedra, Aquiles, Antígona, Safo y otras-, al amor.
En “Clitemnestra o el crimen”, narra el despecho de la esposa del poderoso Agamenón. Tanto mujeres y hombres habrán sentido lo mismo que ella sintió: una mezcla de odio/amor y amor/odio. Agamenón, regresará luego de diez años, cuando la guerra de Troya haya finalizado. La espera de Clitemnestra es eterna -literalmente-, Yourcenar la hace expresarse a través de un monólogo frente a sus jueces. Lo va a asesinar, sí, con la ayuda de su amante Egisto –al que no ama y sólo utiliza para cubrir un vacío-. Sin embargo confiesa cosas que nos ponen los pelos de punta: “Partió hacia nuevas conquistas y me dejó allí, abandonada como una casa enorme y vacía que oye latir un inútil reloj”. Entonces, cuando se acerca el regreso del rey, ella, un día, al contemplarse en el espejo y verse el pelo gris, se da cuenta de que los años la han desgastado. El amor, como castigo, ha multiplicado el tiempo de la espera. Clitemnestra, siente que “en lugar de una mujer joven el rey encontraría en la puerta a una especie de cocinera obesa”. Este sentimiento de vergüenza, de temor, ante la inminente llegada, se repetirá una y mil veces en cualquier víctima de la pasión. Y no es raro, que los griegos hayan expresado, a través de la tragedia, un tema como el despecho. Este sentimiento, que puede apoderarse de cualquiera de nosotros, es imposible de esquivar. Cuando aparece, sólo queda exorcizar o glorificar al maldito amor, como lo ha intentado Yourcenar a través de estos relatos.
En Dogville (Lars Von Trier), el personaje de Nicole Kidman, sufre con otro tipo de poderoso que nunca cesa de cuestionar y pensar, para nunca actuar. Entre el intelectual de Dogville y el guerrero Agamenón, no hay diferencias, ambos con su poder miran y generan un vacío corrosivo en sus mujeres, un desgaste en su piel, que termina envejeciendo a cualquiera que se identifique con ellas. Por eso, Nicole tan hastiada, tan harta, odiando y amando simultáneamente, en vez de agarrar un cuchillo como Clitemnestra, agarra un revólver y mata sin piedad, al sutil, elegante, verborrágico, y pacífico intelectual.
Finalmente, ambas mujeres envían, desde su propio infierno, un sutil mensaje: un intelectual o un poderoso guerrero, más que pensar en el poder de palabra o el de la fuerza, debería reconocer que cualquier persona no amada es más peligrosa que un arma. Siempre nace una ley que reclama sólo el tacto y las caricias. De este modo, el amor desconsolado, se venga del poder, demostrándonos cómo la mezcla de odio y amor, construye la fatalidad a posteriori. Si decimos “Loco/a de alegría”, digamos también: “Cuerdo/a de dolor”.