miércoles 16 de mayo de 2007

SIAMESA N 2
SIAMESA N 2 INCLUYE NOTAS DE:

CINE Y LITERATURA ORIUNDOS DE JAPÓN

ANNIE HALL

DISNEY

GRAY S ANATHOMY

FRANKENTEIN

ADAM SANDLER

MANUEL PUIG

FEDERICO GARCÍA LORCA

Y OTROS...

domingo 13 de mayo de 2007

PAN CALIENTE novedades editoriales


Postizas
Por: Luisa Fernanda Lindo
La Toronja Hidráulica, 2007
www.postizas.blogspot.com

Recuperar las voces marginadas, hacerlas grito, poema, imagen. Postizas se compone de postales que se abren en un abanico que da nuevos aires a los tópicos que se hacen verso. La contracara de los poemas se compones de diez postales por la fotógrafa Laura Batticani, en las que irrumpe en escena Frau Diamanda. Así, Luisa Fernanda Lindo le da voz a estos poemas que sobreexponen las palabras relegadas de la poesía para suplir la falta de representación que se les ha dado, haciendo de la lectura un acto de recuperación y de deleite.



Armar el equipaje

Siempre de Viaje
colección Valijita
http://www.siempredeviajepoesia.blogspot.com/

Siempre de Viaje - Colección ValijitaLibros Objeto
1-Germán Weissi: Yudoka (2005) 2-Virginia Janza: Infecfloria (2005) 3-Gabriela Tavolara: Porcelanecra (2006) 4- David Zubiría (sin título) (2006) 5-Julieta Sverdlick: En la punta de la lengua (2006) 6- María Victoria Verzura: Mar Rosa (2006) 7- Bruno Murase: ( ) (2006) 8- Eva Lanfranchini: Flores lilas –diez poemas eróticos- (2006) 9- Manuel Palenque (sin título) (2006) 10- Eleonora Buffagni: Brisa (2006) 11- Nadia González Giménez: Carne (2006) 12-Karina Macció: Tres libros Tres momentos (2006)

Siempre de ViajePoesía Portátil – Colección de Pliegos
1-Karina Macció: Escucho (2006) 2-Virginia Janza: Sucede que (2006) 3-Eva Lanfranchini: En el nido de la bestia (2006) 4-Joaquín Zajac: La moral del río (2006) 5-Julia Goldberg: Languidece (2006) 6-Julieta Sverdlick: Parálisis (2006) 7-Eleonora Buffagni: Brisa (2006) 8-Aníbal Ilguisonis: Islandia (2006) 9-Mariano Alonso: Manchas (2006) 10-Bruno Murase: Inviernoinfierno (2006) 11-Analía Fernández Fuks: Desdecirse (2006) 12-Daniela Goldín: Cuerpo (2006) 13-Gabriela Tavolara: Transmuta (2006) 14-Mariana Yomal: Cuando no se sabe (2006) 15-María Victoria Verzura: Lavo las manos (2006) 16-Manuel Palenque: La del umbral (2006) 17-Agustín Capeletto: La soledad de los faros (2006) 18-David Zubiría: Decidimos irnos (2006) 19-Ting Ting Mei: Te tomo (2006) 20-Ayelén Rusterholz: Y hoy no hay culpas (2006) 21-Agustín Schmukler: Humus citadino (2006) 22-Martín Barrera Quiroga Oro: En el iris la risa de Catarsis (2006) 23-Federico Rabinstein: Nada que decir (2006) 24-Ricardo Czikk: Yo grito de ascencio (2006) 25-Lara Garay: Llegó el día (2006) 26-Perla Quinteros: Ésta en el aire (2006) 27-Nadia González Giménez: Parte en dos (2006) 28-Julia Fernández Laín: Diálogo inconcluso (2007) En preparación: Daniel Claverino, Paula Ansaldo, Germán Weissi y Mabel Pan (2007)




Verso al alba

Más claro todo
Por: Noelia Rivero
Zorra poesía, 2007
http://zorrapoesia.blogspot.com

Zorra poesía dio una nueva estocada en el mundo de los versos con Más claro todo de Noelia Rivero. Entre la realidad y el sueño, los poemas confirman esa presencia de la imagen intangible que se versa en las palabras más simples, conjugadas con una belleza infinita, en una música entre jardines, en las imágenes que se iluminan contra la oscuridad de la noche, en los poemas intranquilos de una memoria que hace agua el olvido.

sábado 12 de mayo de 2007

SIN TON NI SON
FRAGMENTO DE: Sin ton ni son.

El cielo puede esperar

Sobre “Golpeando las puertas del cielo” de Bob Dylan en Pat Garret y Billy de Kid, de . Sam Peckinpah

Por Juan Pablo Bertazza


Es la segunda bravuconada de Pat Garret para atrapar a su viejo amigo Billy the Kid. Por un lado, el bando de la ley y, por el otro, los fieles del joven pistolero. Garret, sin perder un ápice de elegancia, mata mortalmente a uno de sus ex camaradas y le pregunta, en vano, por el paradero de Kid. Aparece luego una mujer que ve morir desangrado pero en paz a su marido, víctima fatal del enfrentamiento. Un silencio antecede al huracán porque justamente cada uno de los acordes de Golpeando las puertas del cielo son truenos.

Ya en una de las primeras escenas de la película –filmada por Sam Peckinpah en 1973- Patt le “avisa” a Billy que tiene cinco días para escapar a México porque, ahora que está del lado de la ley, tiene orden de empezar a perseguirlo. La charla es entre sublime y amistosa, sobran las citas a canciones emblemáticas de Bob Dylan como Like a rolling stone y The times they are changing pero, lo que más me impresiona es una mención que hace Billy sobre la muerte de un tal viejo Eben Patt. Le contesta a su compañero de ruta -no sin cierto doble sentido-: “Siempre me gustó Eben, por lo menos sabía cuando marcharse”.

Sobre las canciones de Bob Dylan llueven y lloverán una dura lluvia de interpretaciones. De Golpeando las puertas del cielo se dijo, entre otras cosas, que había sido inspirada en un amigo muerto de sobredosis. Seguramente la hipótesis no sea demasiado cierta, pero está muy a tono con la temática de esta película, para la que Bob compuso especialmente el tema en cuestión; el cual aparecería como parte de la banda sonora del film y, más acá, en la película homónima del director Thomas Jahn, estrenada en 1997.

“Mujer, sacame esa insignia de encima, que ya no puedo usarla; todo se está volviendo demasiado oscuro, demasiado oscuro para ver, siento que estoy golpeando las puertas del cielo. Dejá mis pistolas en el suelo, mujer; ya no puedo dispararlas: esa gran nube está descendiendo, siento que estoy golpeando las puertas del cielo” canta Dylan mientras llega el crepúsculo. La mujer, que hasta hace poco estaba matando policías rifle en mano, no deja de llorar mirando la agonía de su marido. Sus lágrimas van a llegar a un río que, junto a la misma caída del sol, acentúa la evocación de aquellos momentos en que hay que decidir cambiar de rumbo o continuar en la misma línea.
De repente, la música se detiene y aun antes de que alcancemos irremediablemente el mando a distancia para rebobinar y escuchar de nuevo esa fantástica canción, termina sorpresivamente la escena... justo ahí donde todavía estamos esperando.

Honesto, como todos lo que alguna vez vivieron fuera de la ley, Pat le explica a Billy por qué le vendió su alma al bien: “Fue una forma de quedar con vida”. Billy the Kid ignora los avisos de Pat, sigue su vida como si nada hubiera pasado y ni siquiera piensa en la posibilidad de matarlo cuando algún compañero se lo propone: “¿para qué? si es amigo” responde.

SIGUE EN SIAMESA N º1

jueves 3 de mayo de 2007

EDITORIAL
NOTA EDITORIAL

Ya no estás más a mi lado corazón

Por Jimena Repetto

Te despecho mucho de menos.
Los despechados todavía sienten en los labios el roce del pasado y son concientes de la pérdida. Son jugadores necios, obstinados, empedernidos. Levantan armas contra un contrincante que abandona el tablero y patea fichas por el aire. A los gritos, los despechados, entablan una lucha con la ausencia. No son ganadores, no seducen, no se visten de gala ni juguetean con las plumas del erotismo.
El cine sabe de despechos. Se alimenta de lágrimas iracundas, de bueyes perdidos. También adivina que los enfermos de este mal recurren a él, a sus enseñanzas y promesas, a sus artificios. En la pantalla, encuentran auxilio, se reflejan en un espejo de circo en el que siempre, o casi, salen favorecidos.

Pactos.
El despecho viene acompañado de un pacto deshecho, una promesa tácita que apuñala la fe impoluta en las palabras. Las frases de amor se convierten en oraciones de una religión de dos adeptos que suponen la entrega imperiosa a sus “paratodalavida”, “mimedianaranja”, “yosolopiensoenti”. Las predicciones de amor niegan el azar, el cambio de opinión y amarran el futuro a una instancia que se instaura eterna. El sentimiento del despechado viene acompañado entonces de una terrible decepción: tanta retórica no sella, necesariamente, un pacto irrevocable.
El cine y la literatura son eternos enamorados. Comparten con el amor la instancia irrepetible, el constante presente. Y, aunque volvamos a pagar una entrada de la misma película o releamos las mismas hojas envejecidas, nunca tendremos el puro impacto de cuando lo hicimos por primera vez. El cine y la literatura son también creyentes de la palabra, aunque concientes de su capacidad de generar ficciones.

Instructivos.
Hay consuelo para los despechados. Ciertos géneros nos han enseñado que las palabras valen lo que dicen, que los sentimientos instauran un mundo posible sin engaños y que, necesariamente, la pareja protagónica se terminará besando. Que hay grandes despechados en el cine, no hay duda, pero también es cierto que las maravillas de las pantallas hacen de ese despecho motor para su transformación. Vamos, que todos sabemos quien llora ante el primer abandono -si además es lindo, honrado y sonriente- pronto va a encontrar a su tórtolo sentadito en la trama ante el primer punto de giro.

Creemos en el cine porque es nuestro maestro. Él mismo nos ha enseñado como un gurú moderno de qué se visten los sentimientos y, por sobre todo, qué se entiende por amor. Las películas románticas han obrado como las Bildungsroman contemporáneas de los enamorados. Cuando nos sintamos víctimas de este desahuciado sentimiento, visitemos –pochoclo en mano- a sus templos de celuloide. El mismo se encargará de seducirnos con historias dulces sin abrazos vacíos.

Si se cumplieran todas las promesas de amor, nos quedaríamos con muchas menos historias de las que visitan las pantallas Pero, por suerte, estas artes ficticias suelen dar revancha a los pololos tristes, cautivándolos con la seriedad de un tarotista que predice tiempos mejores. Por eso amamos que nos cuenten historias de rechazos con finales felices y a sus protagonistas así como vienen, despechados.

Exceptuados.
Por supuesto que encontramos excepciones, Casablanca grita presente en “la escuela del amor” diciendo que se puede ser hermoso como Humphrey Bogart y aún así sufrir la pérdida, ¡dos veces!, de Ingrid Bergman. Digamos que si hubiera sido otra historia feliz, tal vez, no recordaríamos de manera su heroico final.
Así como a veces son los buenos, no hay villano más adorable que un despechado. Son los malos buenos, los malos a los que la vida los ha llevado por el camino del rencor y todo por haber sido una vil víctima del desprecio.

Tenemos también artistas despechados, que han hecho del abandono el motor de sus obras y tenemos grandes creadores que la industria ha rechazado. Quien no se haya sentido alguna vez terriblemente dejado de lado, que levante bien alto la mano.
Hay cierto poder en este sentimiento. Despechados, todos somos un poco egoístas, un poco crueles y un poco tiernos a la vez. Les dejamos esta Siamesa despechada, así con toda su furia de chica resentida. Les regalamos este anhelo de tiempos mejores y esperamos, como Humphrey, que sea éste el comienzo de una larga amistad.

martes 1 de mayo de 2007

Mapamundi: destino Japón
MAPAMUNDI: destino Japón

Todo el bien todo el mal

Sobre el libro Bajo palabra, de Akira Yoshimura

Por Ileana Kleinman


Me gusta pensar esta historia como una novela de aprendizaje. Si bien este texto, a diferencia de las novelas de este estilo, no se atiene a la tradición de retratar la vida y experiencias de un adolescente -en este caso el protagonista es ya un hombre adulto-, el desarrollo de su personalidad y de la historia permiten catalogar a Bajo palabra dentro de este género.
Bajo palabra, de Akira Yoshimura narra la historia de Shiro Kikutami, un profesor de escuela de Japón que, al descubrir en su propia casa que su mujer lo engaña, la asesina junto a su amante y es encarcelado. La novela comienza el mismo día en que Shiro es liberado y el autor nos lleva constantemente hacia el pasado, para enterarnos de su vida en la cárcel y de la manera en que sucedió el crimen.
Yoshimura elige narrar esta historia en tercera persona, de forma quizás un tanto desprendida, lo cual está en sincronía con las características del personaje. Kikutani, luego de estar más de quince años en la cárcel, debe volver a acostumbrarse a la vida de antes, pero que ya le era ajena. Tiene así que aprender a vivir como una persona “normal”, como un hombre que no está aprisionado y que puede disponer de su tiempo con mayores libertades.
En el aprendizaje que lleva adelante este profesor es importante señalar cómo es construido: es alguien profundamente temeroso y amante de las rutinas. Nunca se arrepiente de su crimen, del cual no habla tampoco. Entonces, una voz más despersonalizada y una prosa sencilla concuerdan con la falta de pasión con la que Shiro comienza a vivir su vida “nueva”, dispuesto a vivir sin amor. Esto concuerda también con la forma en que Shiro aprende a volver a dormir en una cama cómoda, a poder disponer de sus propios tiempos y a volver a trabajar. Va lográndolo.
La novela nos hace saber que pasan los años y que consigue adaptarse, vencer ciertos miedos al afuera y, con el tiempo, reestablecerse y tener un nuevo hogar. Es gracias a Kiyoura que Shiro logra ir pasando con éxito las diferentes etapas de esta nueva educación por la que tiene que transitar para su readaptación y llevar adelante, efectivamente, la última de esas etapas: casarse nuevamente, vivir de a dos una vez más. Shiro medita sobre el consejo matrimonial de Kiyoura y finalmente conciente, se casa con Toyoko, una mujer trabajadora y simple, mucho menos bella que su primera esposa, y que, además, sabe de su pasado. Shiro, entiende que éste es el último paso que debe dar para reinsertarse en la sociedad. Debe aprender, ahora también, a aceptar que de este matrimonio no surgirá una pasión profunda o un gran amor, y en efecto, se resigna a ello.
Tras la boda y los primeros meses de convivencia el aprendizaje parece cerrado, todas las fases completas: trabajo nuevo, hogar nuevo, esposa nueva: Shiro se encuentra disfrutando de la tranquilidad de la rutina conyugal. Sin embargo, las cosas no van a quedar calmas. Shiro no va a querer aprender a darse otra oportunidad para amar ni a dejar que la herida más profunda sane. Quizás algunas cosas no se puedan aprender.