lunes 21 de diciembre de 2009

Bolero, de Julio Cortázar



Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.

Y este fragmento:

La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos

y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.

jueves 10 de diciembre de 2009

Juan Guinot


O% de grasa

“Félix la miró un momento, sonriendo:
–Espero –dijo- no quedarme solo con mi razón.
–Es muy cierto –replicó Eugenia– que la propia razón
resulta terriblemente insípida. Es como una cama sin colchón.”
Los europeos – Henry James

Bajo las sábanas corre un río de sensaciones. La placa de dos plazas me hace sentir de una extensión informe y abarcadora. Como si fuese pan crudo en reposo sobre la mesada térmica, meta levar, me expando y no me quedan rincones sin conocer de nuestro “nidito de amor”. Anoche discutimos a causa de ese don; es que tengo una clase de sensibilidad abarcadora y el contacto a la placa de dos plazas me hace hipersensible. Recuerdo la primera vez pegados de costado. Yo miraba mis proyecciones sansónicas de tu figura y, sin previo aviso, esa figurilla, antes musculosa, fue taladrada por un “criki-criki-criki”. Cuando pulverizaste tu propia imagen con esa metralla quedé con aquel sonido como única y generosa muestra de tu ser. Ajusté toda mi agudeza perceptual hasta descubrirlo: eran tus pestañeos. Enloquecí, no podía creerlo, una repetición aguda del chasquido de tus párpados mordía ese aire insuflado de regocijo tras acoplarme a tu costilla. En ese momento hubiese llevado nuestra realidad al infierno. Con tan solo drenar mi enojo por el contacto de la placa de dos plazas hubiésemos sido carbón, pero algo me contuvo, será porque soy muy sensible y percibo nimiedades, pequeñas puntitas del iceberg de la generosidad de tu especie que solo los de mi serie pueden ver. Disparé el registro sonoro y la búsqueda por aproximación halló como lo más parecido a aquel sonidito al canturreo de los grillos. Hice un espectograma. Los dibujos de las dos líneas lo terminaron de validar: tu pestañeo era idéntico al cántico grillar. Me dije: “Criki-criki-criki y recontra mil crikis”, estaba sulfatada y, te lo repito, casi nos fuimos de este mundo por mi enojo, pero nos salvó el puntito de contacto final de mi paquete de nervios. Cual si fuese la ramificación perdida de un cauce amazónico, hubo un sutil arroyuelo que, antes de amalgamarse con la arcilla cuarteada, lamió de tu ser y nos rescató del fin: un pequeño filamento inquieto (escindido de mi última escala vertebral) que pudo conectar con el vértice de la placa de dos plazas y reencontrarte como un páramo yermo, dispuesto a mi irrigación y cruzado por una sola música, la de tu pestañeo que, a partir de esta nueva representación traída por mi extremo sensible, pasó de ser un estorbo a una melodía de cuna. Y me ves, hoy, pendiente de ese chasquido mecánico e interminable de tus pestañeos para poder reposar.
No me hablas, ya lo sé. También entiendo, no es por enojo. No, no hace falta que lo digas es como si estuviese escuchándote: “siempre con tus enrosques, siempre dando máquina a tu cabecita, nunca paras”. Y, es cierto, soy una chica extremadamente cerebral, pero qué hay, ¿has llegado a conocer a alguien tan receptiva de su media naranja como yo? O tal vez añoras esas parejas en las que uno tapa al otro, no, mi querido, no doy con ese tipo. Por eso somos complementarios, como una especie de nave acoplada: “El Expreso Transmercuriano, un viaje al universo”. ¿Acaso no estamos en ese recorrido? Porque la vida es un viaje, ¿no estamos haciendo lo mismo que nuestro guía cósmico de titanio que suma a los eslabones sueltos en el espacio para cumplir su travesía infinita? Momento, hay una diferencia importante entre nuestra nave y nosotros: la nave como acopla suelta, en cambio yo nunca me quitaré de tu costilla, esa que me entregaste con tanto amor. Somos el uno para el otro y acumularía, sin pesar, muchísimos años luz contigo. No ves que soy sincera, que mi cerebro es todo tuyo, que no te exijo como, estoy segura, las demás han hecho contigo. ¿Lo ves? Claro que lo ves, tienes suerte al portar globos ópticos. Habrás descubierto ya cómo soy: tu sueño de chica 0% de grasa. Encuentra un gramo adiposo en mi cuerpo y te daré un premio. Ni siquiera este cerebro tiene grasa, es circuito magro de pura riqueza mental. Eso es lo que te gusta, me llegó un día tu solicitud: “quiero chicas que piensan, trabajadoras de la matemática borrosa y desgranadoras de problemas cuánticos”. Acaso no estabas cansado de las chicas pulposas cabeza hueca. Aquí me tienes: cerebro, base de cráneo, cervicales, columna vertebral y un manojo de nervios, esos cientos de hilitos que me hacen tan sensible, desde la base de la nuca hasta el último eslabón de mi columna vertebral.
Pero vuelvo a lo de anoche porque le estuve dando vueltas al asunto y en verdad te noto distante y sabes que puedo sentir lo que seguro no registras, pero sientes sin saberlo y yo puedo hacerte ver. Parece extraño, pero es así, justo yo que no tengo ojos puedo hacerte ver. Préstame atención, creo, tal vez, eso de montar una familia me simpatiza poco. Ya que puedes mira al universo, sabes es vasto y nuestra tarea en él también lo será, no creo propicio el momento para pensar en niños. Lo he calculado, cien años luz y no habremos conocido ni la décima parte de nuestra vida útil. Deberíamos darnos tiempo para nosotros, disfrutar del viaje, plagar la mente de recuerdos sin esa constante irrupción de pequeñitos con sus artimañas egocéntricas y sus seudópodos secadores de vida. No ves qué bien la pasamos solos, compartiéndolo todo, las sábanas y, debajo, la placa de dos plazas haciendo que te sienta hasta allí donde ni siquiera sabes qué sientes. ¿Entiendes cuánto me necesitas y que no es momento para distraer mis energías mentales en otras criaturas? Si ya te tengo y eres mi bebé, a quien más quiero cuidar, no lo olvides, no eres nada sin mí, tampoco lo soy sin ti, somos los dos uno, la pareja perfecta.
De acuerdo a lo que ves, siento. Tus ojos miran en todo tu cuerpo y yo veo tras sentirte. Eres mis ojos. Los ventanucos de proa y popa, el principio y el fin del viaje, todo, todo, todo, mis ojos, manos, brazos, venas, sangre, corazón, tripas, músculos, huesos. Mi costilla es tu costilla (estamos soldados desde el primer día) y tus ojos, son también los míos. Acaso no sabes que quien observa también interfiere en la realidad observada. Y al que siente, ¿qué le toca? Lo mismo, mi querido, el que siente hace sentir al sentido. Por eso estamos juntos, nos necesitamos.
Pero así como son las cosas, lo que tienes de ojos no tienes de cerebro, nervios y vértebras. Entonces funciono como el pez piloto con el tiburón, tu eres mecánica de fuerza y yo la fuerza de la orientación. Uno con el otro, uno que no puede vivir sin el otro, una suma, simbiótica, unidos y montados a la comba cósmica, crecida desde tu costilla, unido por la costilla, sensible, sentida, amada… algo cansada, me callaré. Es que necesito oír tus pestañeos, no podré hacerlo si no hago silencio, me ha llegado la hora del reposo y disfruto de escucharte. Que descanses mi amor, sé que aprecias mis cavilaciones, lo sé, puedo sentirlo todo gracias a la placa de dos plazas, pero no hace falta tu palabra, sigue durmiendo, yo aquí con tus criki-criki-criki pienso todo por ti, sigue en paz que este cerebro y manojo de nervios no te abandonará, descansa, mi querido, hasta el final del universo.

07/11/2008






sábado 5 de diciembre de 2009

Mono que ladra no muerde (entrevista a Marcelo Bertuccio)




Por Jimena Repetto



Esta noche Mono que ladra se presenta una vez más para demostrar que los monos pueden cantar tango entre risas y un lagrimón. En esta entrevista Marcelo Bertuccio se saca la careta y habla sobre sus monerías arriba del escenario junto a los músicos Alejandro Caputo y Soledad Hermo.




¿Cómo reacciona el público ante la presencia del mono en el escenario?


Se desconcierta. No sabe si es gracioso o serio, si ridículo o sublime, si debe reírse o ser testigo mudo y circunspecto. Afortunadamente, a los pocos minutos logramos relajar la energía y se convierte todo en una fiesta compartida. Casi como en un recital de rock, a veces.


¿Cómo se conformó el grupo?

Tímidamente, una vez que me decidí, les pregunté a los músicos con los que estaba ensayando "Parece mentira" si podían recomendarme a algunos estudiantes que quisieran acompañarme en la loca aventura y, para mi sorpresa, decidieron hacerlo ellos. Disfrutamos como locos y nos complementamos muy bien. Ellos son Alejandro Caputo en guitarra y arreglos y Soledad Hermo en flauta traversa. También contamos, para algunas oportunidades, con las exquisitas guitarras de Maximiliano Pacheco y de Pablo Alí. El vestuario lo hizo Guadalupe Cuevas, una alumna de dramaturgia, que también es actriz y vestuarista, quien aceptó el desafío con audacia y locura de la buena, además de voluntad de trabajo, talento y gran generosidad. Y, por supuesto, en la asistencia integral, mi compañero del alma Javier Alemanno.


¿Cuáles son los criterios para elegir el repertorio?

El repertorio lo organicé yo según una dramaturgia particular en cuanto a una encubierta línea narrativa, más la decisión de alternar algunos "grandes éxitos" con tangos poco (y nada, a veces) conocidos. Musicalmente intentamos abordar las partituras originales con un criterio casi antropológico; si bien los arreglos son complejos y muy trabajados, conservamos las líneas melódicas y de estilo originales. Imprescindible que las letras referencien problemáticas contemporáneas, aunque en la forma resulten quizá anacrónicas. Además, hay un hilo conductor -y a veces no tanto- de textos propios y ajenos. La improvisación y la participación activa, pero no violentada, del público, aportan lo suyo.


¿Cuáles son los planes para el 2010?

Terminaremos el primer disco, que contiene la totalidad del espectáculo doble que estamos presentando: "Tango, poesía y buen humor!", al tiempo que continuaremos con las presentaciones itinerantes en vivo, iniciaremos una gira por las provincias, y prepararemos "Sol de mi vida" espectáculo dedicado íntegramente a Discépolo, que incluye repertorio muy poco transitado, donde encontramos zambas, fox-trots y hasta boleros, con el aporte de uno de sus biógrafos más importantes: Sergio Pujol, quien publicó hace algunos años en Planeta "Discépolo, una biografía argentina", ahora lamentablemente agotado.



¿Por qué un mono?


Un chimento familiar (mi ascendencia es casi totalmente calabresa, con una sola infiltración correntina) dice que en uno de los 2500 dialectos italianos "bertuccio" quiere decir "mono". A su vez, la necesidad de cantar surgió como la primera necesidad expresiva que recuerdo, pero algo pasó -algo que ni las sucesivas terapias pudieron reponer- y cantar se convirtió en un complejo grave, serio, infranqueable. Si bien estudié canto muchas veces, participé de algunas comedias musicales en mi juventud, y hasta canté tangos en Madrid durante una breve temporada, la materia seguía pendiente. Hace un tiempo dirigí a una pareja de actores medio famosos en un espectáculo de tango del que hice la dramaturgia ("Parece mentira") que pre-estrenamos en ciudades patagónicas. Esta situación, más la de un infarto que sufrí hace algunos años, me impulsó a decidirme de una vez y armar mi propio espectáculo de tangos (lo que más me gusta cantar), pero... ¡qué miedo! ¿De qué me disfrazo?, me pregunté a la porteña... ¡De mono!, me respondí a lo pragmático. Y así fue.




martes 1 de diciembre de 2009

Barton Fink


Por José Binetti







“El artista no es un privilegiado de la vida, no tiene derecho a vivir sin deberes, está obligado a un trabajo pesado que a veces se convierte en su cruz. Ha de saber que cualquiera de sus actos, sentimientos, pensamientos, constituyen el frágil, intocable, pero fuerte material de sus obras, y que, por lo tanto, no es libre en la vida, sino sólo en el arte”
Kandinsky

“La vida de la mente... no hay mapas para ese territorio. Y explorarlo puede ser doloroso. Un dolor del que la mayoría no conoce”
Barton Fink

“Barton Fink”
EE UU - 1991 - Hnos. Cohen.

Barton Fink (Turturro), un escritor de teatro muy exitoso en New York es convencido por su agente para que escriba películas en Hollywood.
En la primera escena oímos el final de la última obra de Barton. Veremos luego, que esa escena de ficción, dentro de la ficción, se funde con la “realidad” dentro del film. Preguntándonos a nosotros, espectadores, donde termina una y comienza la otra, ¿qué imita a que? ¿Es para el autor, acaso, posible escribir de algo que no sea permanentemente autorreferencial?
Barton viaja a Hollywood y entra a su nuevo hogar. Un gigantesco hotel que parece abandonado, aunque todas las habitaciones están ocupadas.
Nunca veremos a otro inquilino que no sea su vecino, Charly Meadows (John Goodman) un hombre regordete y muy amistoso, estereotipo de “hombre común”, y único amigo de Barton en este nuevo mundo.
En el universo Cohen, el entorno se opone al protagonista y es el caso de Barton Fink. La fotografía esta relacionado, desde un punto de vista histórico, con una decoración art decó propia de la década del ’40 en Los Ángeles. Acercándose al imaginario de Edward Hopper, los colores (pasteles, ocres, rojos, verdes, amarillos, etc.) responden a la intención de crearnos incomodidad, llevándonos por distintos momentos anímicos del protagonista, logrando por momentos paisajes surrealistas, internos a los personajes.
Este hotel, esta muy claro, no es parecido a ningún otro hotel. Podemos reconocer en la habitación de Barton su mente, que se descascara, que lentamente va cayendo a pedazos. El mosquito que no lo deja dormir, Meadows o la pareja que tiene sexo, lo afectan profundamente. La habitación de Meadows no la conocemos nunca, como no conocemos hasta el final de la película su interior, cuando en una magnifica escena grita:
“¡Les voy a mostrar la vida de la mente!”
Por otra parte, los espacios del poder son grandes. Donde Barton, fuera de su ambiente pequeño, aparece aplastado justamente por la amplitud. Podemos aquí pensar en directores como Polanski y su película “el inquilino”
Con diálogos muy bien logrados, prestar atención a los “monólogos” que tienen los personajes frente a sus interlocutores, el protagonista se mueve completamente ajeno a los acontecimientos de la realidad, en una constante auto referencialidad. Encerrado en su habitación, en silencio, él espera encontrar al hombre común, cuando al único que va a encontrar es a sí mismo.
En 2001 Joel Cohen respondió a una pregunta sobre los críticos que proveen un exhaustivo análisis: "Esa es la forma en que ellos han sido entrenados para ver películas. La película es intencionalmente ambigua de manera en que ellos podrían no estar acostumbrados a ver"
Por lo cual, haciendo caso a Joel Cohen, les pregunto a ustedes, ¿qué significa la escena final de la película? Por mi parte y por lo bajo pienso en “Carretera perdida” de David Lynch.








viernes 27 de noviembre de 2009

Toda autobiografía es una ficción.


Por Soledad Manes


Y toda ficción es autobiográfica. Dicho así parece un versito sin sentido. Toda construcción de una ficción lleva a su escritor en la composición, por su modo, por sus contenidos. Somos lo que escribimos. El autor es puesto en cuestión en cada uno de sus textos, por más alejados de si mismos que se encuentren (quizá cuanto más alejados dan la vuelta en u y se ponen pegaditos al autor). Mariano Dorr escribe Musulmanes con su vida privada como materia prima; y lo vemos casi al mismo tiempo que escribe mientras nosotros leemos, porque pone su ser en primer plano, está escribiendo mientras nosotros leemos, somos vouyers en una lectura que casi se genera en ese instante. Él mismo es nuestro protagonista y seguimos sus hazañas del pasado turbulento y presente promisorio en la espera de su hija. El tema es simple un hombre decide dejar las drogas ante el inminente nacimiento de su hija. No importa, puede que ya hayamos oído esta anécdota. Lo importante es cómo se cuenta. En primera y primerísima persona, digo primerísima porque nos hace conocer por completo el mundo de la primera persona. Tanto que inventa su propio lenguaje, el lenguaje de su universo poético personal, pero que por inventado no se nos hace encriptado ni mucho menos, es lenguaje que se abre, que nos hace comprender rápidamente que eso se nombra así, no hay otra forma. Ejemplo: “hacer el loco” simplemente es hacer el loco no puede ser enunciado de otra manera; porque es estado, es emoción en palabras. Asimismo nos hace conocer sus pensamientos, sus amigos, sus amores, sus dealers, sus lecturas.
Toda buena biografía (por lo menos las que a mi me gustan) nos hace una pregunta gigante acerca del par ficción/realidad. Y esta lo hace. No conozco a Mariano Dorr pero a través de Musulmanes desearía preguntarle qué es cierto y qué no lo es. De todas formas la ilusión literaria que genera leerlo me hace no querer conocerlo. Saber de él en su próximo libro, y volver a preguntarme si es realidad o ficción.
Musulmanes por Mariano Dorr
Casa Nova Editores
Año 2009

Patafìsica. Epítomes recetas instrumentos & Lecciones de aparato.




Sobre Patos y Físicos




Por Jimena Repetto



En toda biblioteca hay un libro curioso. Sin ostentar, ni mucho menos, es el clásico ejemplar que deleita a los ojos intrépidos que se acercan a los estantes. Es el que queremos todos y nadie tiene, imposible es su excepción.

Editorial Caja Negra editó este año Patafìsica. Epítomes recetas instrumentos & Lecciones de aparato. La traducción estuvo a cargo de Margarita Martínez y el libro se abre con una introducción de Rafael Cippolini. La edición, impecable desde la tipografía hasta la diagramación, lo convierten en uno de esos objetos que cualquier lector ávido desea que le regalen y cualquier amigo intrépido robaría gustoso de una biblioteca. Es un libro patafísico en su génesis.

Para quien la Patafísica es una ciencia aún no colonizada, vale esta introducción. El papá oficial de la Patafísica es Alfred Jarry. Poeta, narrador y dramaturgo, nació en Laval, y ya en 1891 se instaló en París. Antecesora del teatro del absurdo, Ubú rey es su obra de teatro más famosa y más famosa aún por haber sido escrita cuando Alfred tenía sólo 15 años. Entre los fanáticos de este artista, con toda su excentricidad y genio, se enlistaban Apollinaire, Picasso y Max Jacob, entre otros.

La Patafísica es una ciencia por demás paródica y lúdica, dedicada “al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones”. La regla y deleite de todo patafísico que se precie es lo extraordinario. Patafísicos famosos los hay y hubo, entre ellos Joan Miró, Boris Vian, Umberto Eco y entre los admiradores locales se enlistaba Julio Cortázar.

El libro que presenta Caja Negra recorre textos inéditos de Alfred e intenta ordenar algo de toda esta diversidad siempre incompleta y deslumbrante que encierran los haceres patafísicos: textos inéditos que refieren a la patafísica en tanto disciplina, un conjunto de ensayos de artistas y escritores -entre ellos Paul Valéry y Raymond Roussel-, un registro de las actividades del Colegio de Patafísica, hasta incluso de su versión local, el Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires. El libro se cierra con un catálogo patafísico que reúne nombres diversos dentro del mundo de esta ciencia para la que todo hecho que destella, como la edición de este libro incluso, es una ruptura a la regla, un desafío a la norma(lización).


Traducción: Margarita Martínez.
Introducción, logística, digreciones y notas: Rafael Cippolini.
ISBN 978-987-1622-00-9
364 páginas

jueves 26 de noviembre de 2009

Calambuco... salsa brava

Por Jimena Repetto





Porque los jueves anticipan el fin de semana, esta noche se presenta por primera vez en Argentina en el teatro Metropólitan II la reconocida banda de Salsa colombiana, Calambuco. Con once músicos en escena la banda ya realizó diversas giras por Latinoamérica y Europa. Después de su primer disco, "Como en el barrio", en septiembre de este año la banda presentó su segundo disco, "Rompiendo el cuero". Esta noche para el deleite de oídos y pies de la audiencia, y en una única presentación, Calambuco trae la salsa que sonaba en los setentas con el glam que en estos días hace bailar a todos.


CALAMBUCO son:

Andrés Succar - Piano

Juan José Flórez – Baby Bass

Julián Esteban Chaves – Bongo Campana y clarinete

Álvaro Herrera – Congas

Cristian Rojas - Timbal

Carlos Tabares - Trompeta

Carlos Parra – Trompeta

Edison Ibarra – Trompeta

Eignar Renteria – Voz Líder

Francisco “Pachito” Echavarria – Voz Líder

Santiago Jiménez – Tres



Una producción de Mauro Simone

Con el auspicio de la Embajada de Colombia



Conocé más de Calambuco en www.calambuco.net/

www.myspace.com/calambucosalsabrava



Función: Jueves 26 de noviembre a las 21 hs.

Localidades: $ 80.- En venta en el teatro y por PlateaNET

Teatro Metropolitan II

Av. Corrientes 1343 – 5277-0500